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Definiciones de Marcos Peña sobre la gestión macrista ante intelectuales

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, habló ante el Club Político Argentino Crédito: Adrián Escandar

Llegó puntual a las 19 de este martes, la hora en que semanalmente el Club Político Argentino realiza sus reuniones en el sótano del Centro Cultural San Martín. Y se fue a las 21.30, después de contestar infinitas preguntas en un ámbito abarrotado, donde no quedó una silla vacía y varios tuvieron que quedarse parados.

Entre quienes escucharon con atención al jefe de Gabinete de Ministros, Marcos Peña, estuvieron el economista Guillermo Rozenwurcel, el politólogo Guillermo Yanco, el embajador César Mayoral, el historiador Jorge Ossona y la periodista María Zaldívar. La presentación del invitado estuvo a cargo del presidente del CPA, Vicente “Tito” Palermo, sociólogo y fundador de la organización que nació en el 2008, en pleno conflicto del kirchnerismo contra el campo, antes de que lo hiciera Carta Abierta.

Peña agradeció la gestión que lo llevó hasta ahí, realizada por Graciela Fernández Meijide, y arrancó con su presentación, donde anunció que en pocos días más se oficializará la Comisión 20/30 que dirigirá Eduardo Levy Yeyati, quien tendrá a su cargo la definición de un plan estratégico de largo plazo, contó que Tecnópolis llegará el viernes a Salta y se regocijó porque en el nuevo noticiero de la Televisión Pública todos los días salen al aire periodistas del interior.

En materia de agenda mediática dijo que “la mitad de las obras públicas tenían retrasos de hasta dos años en el pago, salvo las obras de las empresas de Lázaro Báez, que tenían los pagos al día“. Y se ocupó de valorar específicamente la figura del presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, porque “en un ámbito con resistencia al cambio, claramente tiene vocación para encarar reformas” en el sistema judicial.

También reiteró que no habrá un gran acuerdo nacional. “Nuestra metodología es la del diálogo permanente y la realización de microacuerdos, porque no somos dueños del Estado y lo que buscamos es una agenda colaborativa”.

Desde que arrancó aceptó las dos grandes dudas que circulan en los ambientes político-intelectuales en torno a la gestión de Cambiemos: “¿Para quién gobernamos? y ¿vamos a poder gobernar?”. Y resumió la respuesta en reconocer que “no hay manual para copiar una experiencia como la que estamos viviendo, es inédito salir de un populismo que no estalló y que dejó semejante nivel de dificultades“. Sin embargo, “tenemos un alto nivel de adhesión a las políticas que estamos desarrollando”.

Aseguró que “el 50 por ciento está cerca del Gobierno y hay otro 20 por ciento que va fluctuando su movimiento de adhesión o no, pero casi el 65 por ciento, siento que lo que estamos haciendo lo va a beneficiar“.

Dijo que la demanda excluyente es por la inflación, y cómo lesiona la capacidad de consumo, y que el gran desafío del Gobierno, en ese sentido, es que “las medidas para los sectores más pobres lleguen a la gente lo más rápido posible”.

“En una sociedad acostumbrada a liderazgos fuertes que pasan mensajes fuertes, hasta nos encontramos con demandas de que designemos operadores que manejen a los jueces”, explicó. “Animarnos a cambiar la lógica de la gobernabilidad en la Argentina, que supone que hay que apretar jueces, medios y sindicatos, no es tan fácil“.

Sobre las internas en el Gobierno, un tema que se repite en los medios y que evidentemente le molesta, dijo que el sistema de gestión está basado en que “todo se tiene que discutir y obviamente no todos piensan lo mismo, luego se toma una decisión y después se avanza. En nuestro Gobierno, les aseguro, hay excelentes relaciones personales y todos pueden hablar con todos, no hay prohibición de hablar con nadie, algo que sabemos no era posible en el gobierno anterior”.

Autocrítica a la comunicación

A las críticas sobre la comunicación consideró que uno de los mitos es creer que solo comunican a través de las redes sociales. Dijo que “no hay hoja de ruta en términos globales, ni pretendemos tener todas las respuestas, pero entendimos que se necesitaba más presencia de Mauricio Macri, más conferencias de prensa, más presencia de los ministros, y trabajamos todos los días en mejorar el contenido de la agenda mediática“. O sea, reconoció que cambiaron varias cosas.

También aseguró que “no le damos bola a Twitter, el centro de nuestro esfuerzo en las redes está en Facebook, donde tenemos 15 millones de seguidores con quienes entablamos conversaciones segmentadas”. Y exhibió su conocimiento detallado en la materia al especificar que el promedio que invierte una persona en un video colgado en Facebook es de 4 segundos.

Consideró el más grande éxito en materia de comunicación del último mes fue la visita que el Presidente realizó al “vendedor de tortas asadas, porque nos dijo que no son fritas y que en comunicación lo que hacemos es experimentar, lo que nos permite tener el líder político con más alto engagement (sic) en América Latina”, es decir, muy conectado o implicado con la sociedad que gobierna. Incluso contó: “Nosotros estudiamos la estrategia de comunicación que desplegó Barack Obama y ahora vienen de Estados Unidos a ver qué es lo que nosotros hacemos“.

Criticó a quienes creen que hacer encuestas supone algún tipo de sometimiento intelectual: “Sería como encarar un tratamiento médico sin análisis clínicos que indiquen el estado de cosas”. También definió su propio estado de ánimo al decir que “cada hora uno tiene razones para creer que este país no tiene arreglo y razones para creer que nuestro país inició una gran evolución histórica“.

Durante las más de dos horas, el jefe de Gabinete tiró frases como “nosotros no vamos a cambiar la Argentina, sino que vamos a fortalecer el contrato republicano”, o “vamos a ayudar a curar la lógica del poder”, o “tratamos de sacar lo mejor del otro y bajar un cambio en el diálogo social”, o “no vamos a tomar ningún beneficio de corto plazo que perjudique el largo”.

Con sus definiciones, Peña dejó pensando a los intelectuales que lo escucharon con enorme atención. La enorme mayoría no había tenido ninguna posibilidad de hacerlo. El Club Político Argentino, que integran también varios funcionarios como Jorge Sigal, Iván Petrella, Pablo Avelluto y Emilio Apud, se pronunció “de modo constructivo pero no obsecuente respecto de las primeras acciones del Gobierno”, ejerciendo a pleno lo que definieron como “autonomía crítica”.

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