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  EL ENCIERRO DE CATALUÑA – 7miradas

 

Luis Tonelli. Dado que se dice que CAMBIEMOS va a ganar las elecciones de octubre, y que la Argentina clasificó para ir a Rusia, me voy a permitir considerar un poco lo que sucede en el mundo exterior, del que también se dice que está bastante convulsionado.

En La Caza del Octubre Rojo, la película en la que Sean Connery interpreta a un capitán ruso que desierta con un sofisticado submarino nuclear, hay una escena en la que otro submarino ruso, sabiendo de su decisión le dispara un torpedo. Connery, impasible da orden de ir a toda velocidad contra el torpedo, en lo que parece un suicidio. Sin embargo, el torpedo impacta contra el submarino sin explotar.  El capitán explica suficiente que los torpedos se disparan desactivados por el peligro de que el torpedo que se guía automáticamente con el blanco, se equivoque y vuelva en contra de sí. Aprovechando ese tiempo desarmado, Connery había conjugado el peligro.

La estrategia del Presidente del Gobierno Español, Mariano Rajoy del Partido Popular, me hizo acordar la del Capitán del Octubre Rojo. La independencia es el misil que lanzó Cataluña en contra de España. Pero ni internamente ni externamente Cataluña estaba preparado para el Catal-exit: internamente, porque hay enormes dudas, especialmente, entre los empresarios de que este sea el momento para abandonar España (y perder así los cuantiosos subsidios y exenciones impositivas que les brinda Madrid). Y externamente, porque la Comunidad Europea no quiere avalando el caso Cataluña generar un dominó de separatismos.

Finalmente, las naciones europeas se constituyeron a partir de una multiplicidad de condados,  principados y reinos, que cimentaron particularismos que más que ser borrados por la globalización, está los ha exacerbados (por eso de que toda globalización se expresa localmente, y la localidad puede entrar con su particularidad en diálogo con lo global, fenómeno que se conoce como la Glocalización). No más ahí está el movimiento separatista del Norte de Italia, en el que reivindican que la rica Padania se independice del sur peninsular relativamente atrasado.  Y así, en cada país de la comunidad residen sentimientos subnacionalistas.

Es posible conjeturar que Rajoy sabía de esta situación y que, por lo tanto, entendía que la estrategia de los líderes catalanes era la de tensar con Madrid para después negociar en buenos términos, mirando más el mediano y largo plazo que el cortísimo en que se convirtió toda esta cuestión. Bajo ese presupuesto, la brutal represión de las fuerzas de seguridad nacionales en Cataluña toma otro carácter. La de una provocación del Gobierno de España para que Cataluña apurara la independencia, sin tener plafond para ella.

En la metáfora de la película de Connery (en realidad del libro de Tom Clancy que fue la base de su guion) lo que hizo Rajoy fue acelerar la situación, para que el Torpedo Cataluña se revelara “desactivado”. Y eso, quedó claro con la declaración de independencia ma non troppo de Carles Puidgemont: todo el mundo interpretó que los líderes catalanes habían estado jugando al póker y haciendo un bluff y que ellos no tenían en la mano, las cartas con las que habían amenazado a Madrid.

La pregunta que resta es que siendo evidente esta situación de debilidad de Cataluña antes de empezar la escalada, porque no intentó parar la espiral de radicalización del conflicto. Y aquí aparecen dos factores: el primero, la falta de autonomía relativa de los líderes catalanes de los elementos más exaltados de su comunidad. El segundo, la estrategia fría de Rajoy, al conocer también esta situación.

Siguiendo con las metáforas de guerra marineras, la situación me recuerda un caso muy triste para la Argentina y mío personal. El 2 de mayo de 1981 haciendo la conscripción en el Edificio Libertad, me tocó retirar la vajilla usada en la reunión del consejo de almirantes, y me encontré con un papelito en donde uno de los asistentes había anotado que el Belgrano había sido hundido y que podía haber 400 muertos (fueron en realidad 323 victimas). La cuestión me angustió mucho porque a bordo del Belgrano iban muchos de mis compañeros de instrucción de la cuarta tanda de ese año.

Pero el punto que me sirve para el análisis es la naturaleza de la orden de Maggie Thatcher de hundir un buque que se retiraba de la zona de guerra. Javier Pérez de Cuellar, desde la ONU venía avanzando en un pedido de cese del fuego y que implicaba que las partes en conflicto tenían que sentarse a negociar. Thatcher con esa decisión volvía a la Junta militar presa de su propia escalada nacionalista. Ahora, ella no podía avalar las negociaciones y tenía que proseguir con la guerra, aun sabiendo que tenía pocas posibilidades de vencer.

La represión brutal (pero no asesina) de Rajoy, fue -mutatis mutandis- como el hundimiento del Belgrano: los líderes de Cataluña, sin ninguna autonomía de los exaltados tuvieron que hacer una declaración trucha de independencia. Lo que ha motivado, al cierre de esta nota, un pedido de Rajoy para que Cataluña confirme o no su independencia.

Madrid, ha colocada en un encierro taurino a Cataluña. Solo resta ahora que construya un Puente de Plata para darle una salida al Gobierno catalán. Pero eso es justamente lo que más le cuesta construir al Gobierno de Rajoy.

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