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El Gobierno ganó una batalla, pero no la guerra

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Fuente: AP


Aparentemente, el Gobierno habría logrado frenar la turbulencia cambiaria que azotó a la economía desde fines de abril. El resultado fue una suba del tipo de cambio de más del 20%, un incremento de la tasa de interés de corto plazo de más de 12 puntos, una pérdida de reservas aproximada de US$7000 millones y un potencial acuerdo con el


FMI
. En este contexto, la tarea que queda por delante es normalizar algunas variables claves, como la tasa de interés, y retomar el programa de desinflación, que quedó muy golpeado por la suba del


dólar
. Pensando más en el largo plazo, se debería atacar con mayor fuerza la vulnerabilidad financiera que presenta el programa económico y que quedó al descubierto en estos días.





Uno de los saldos que dejó la corrida cambiaria es una elevada tasa de interés de corto plazo que atenta contra el ritmo de actividad económica y puede generar serios inconvenientes en la cadena de pagos. En efecto, cuando las tasas de interés de corto plazo suben, se vuelve muy costoso para las empresas financiar el capital de trabajo, que es el tiempo entre que se compra un insumo y se vende el producto final. Desde que se paga el insumo hasta que se cobra la venta, el productor tiene que pagar sueldos, impuestos, etcétera. Para solventar todo eso, se necesita crédito de corto plazo que luego se devolverá. Cuando la tasa de interés es muy elevada, el productor tiende a posponer los pagos a sus proveedores, los pagos de impuestos, malvender inventarios, etc. Adicionalmente, sus clientes tienden a hacer lo mismo con él. Todo ello puede llevar a despidos y a posponer contrataciones o inversiones, entre otras medidas.

En estas condiciones, es posible que la demanda se desacelere. En especial, cuando aumentan las expectativas de inflación y se percibe una potencial caída del salario real.



La devaluación del peso empujará al alza algunos precios de la economía. En primer lugar se verá una suba de los precios mayoristas, que son los más sensibles a los saltos del dólar, dado que en su mayoría se trata de bienes transables internacionalmente. Naturalmente, eso empujará los costos de las empresas y de todo el segmento minorista.







Sin embargo, dadas las limitaciones presupuestarias que enfrentarán los consumidores, el traslado no será total. Pero creemos que, naturalmente, esta corrección cambiaria acelerará la inflación entre 2 y 3 puntos porcentuales adicionales, lo cual dejaría retrasado el salario, hasta que se activen las cláusulas de renegociación/gatillo que están en casi todos los acuerdos de paritarias.



El ministro de Hacienda ya reconoció que la corrida cambiaria provocaría más inflación y menos crecimiento. Si bien el Gobierno no tiene muchas herramientas para evitarlo, sí puede tomar medidas para morigerar algunos efectos. Por ejemplo, flexibilizar el cumplimiento de los impuestos, para no recargar financieramente a las empresas. También debería activar la asistencia a comedores sociales y entidades por el estilo, para soslayar el impacto que la suba de alimentos podría tener sobre la indigencia.



Mirando al mediano plazo es necesario apuntalar el programa económico allí donde es más vulnerable: en el déficit fiscal y en su financiamiento. Desde el comienzo, el gradualismo del programa fiscal estaba en una carrera contra reloj frente a la suba de las tasas de interés internacionales. El déficit fiscal argentino heredado es muy elevado para ser financiado por el pequeño sistema financiero local. Por lo tanto, es necesario tomar deuda externa, y a medida que suben las tasas que pagan los países desarrollados, bajan los recursos para los emergentes.





Desde este punto de vista, el acuerdo con el FMI ayuda a garantizar cierto acceso al financiamiento. Pero también sería recomendable fortalecer el programa fiscal y acelerar la reducción del déficit conteniendo el gasto público, para reducir las necesidades financieras del Estado.

La corrida cambiaria y las medidas que se tomaron para hacerle frente dejaron una serie de dificultades con las que el Gobierno deberá trabajar en los próximos meses, pero también revelaron los puntos débiles del programa económico. Por ello, en el día después de la corrida cambiaria, tal vez lo más sensato sería sentarse a revisar el programa económico teniendo en cuenta estas y otras cuestiones que surgieron en los últimos días.


Director del Centro de Estudios Económicos de OJF














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