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ESTRÉS POLÍTICO | 7miradas

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Luis Tonelli. Si se plantea “la semanita en que vivimos en peligro” como un duelo entre “helicopteristas” (que quieren que el Ingeniero Mauricio Macri despegue desde el “heli-huerto” para nunca más volver) y “re-eleccionistas” (que pretenden un Macri Eterno), la pulseada la ganó el Plan Perdurar, claramente. De allí que se comprenda porque el “equipoooó” brindó eufórico al ver que el dólar después de su escalada brutal, descendía por debajo del nivel que el BCRA dijo que iba a pagar.

Presentado así, triunfó el “gradualismo” contra “el golpe”, donde extrañamente aparecían asociados los buitres capitalistas junto con el “kerchnerismo”, en una especia de trotzquismo mishtongo del “cuanto peor, mejor”. Verso que ya ni se come el canario más amarillo que vuele por este bendito país.

En realidad, lo que sucedió la semana fue un “flight to quality” mundial hacia el dólar, contestado por el BCRA con una sucesión de enredos que hubieran causado envidia en Darío Vittori (perdón los Milennials de 7 Miradas, googlen en todo caso). Para sintetizarlo todo en una frase: si el objetivo era poner el dólar a 25, y estamos en un sistema de libre flotación del tipo de cambio, ¿por qué no se lo dejó “flotar, al menos hasta ese valor, sin quemar antes divisas?.

El haber intentado inútilmente de mantener su valor frente a lo que era un verdadero seguro de cambio (la devaluación mundial), dio la impresión que estábamos ante una “invasión de los marcianos”, que venían a por el Gobierno, alimentando toda una serie de conjeturas, explicaciones, y operaciones cruzadas. Que el problema era la coalición; no señor, el problema era la oposición salvaje; no señor, EEUU nos bajó el pulgar; no señor, el problema es que Macri no es un líder político. Y mientras tanto, el dólar subiendo y corroborando cualquier idiotez de antología.

Y lo peor es que la Argentina necesitaba imperiosamente ajustar su tipo de cambio hipervalorizado. Mi indicador favorito de “tipo de cambio bajo” es Instagram: al haber una mayoría de alumnos colgando sefies desde Londrés, Kuala Lumpur, y Tasmania, comparado con los que mandan fotos amarillas desde Mar de Ajo y Las Toninas, todo indica que el dólar estaba muy bajo.

A ver si se me entiende, nos venía bien devaluar y teníamos la excusa perfecta, “no somos nosotros, es Trump prendiendo la aspiradora contra el Resto del Mundo”, y en cambio, generaron por mala praxis una sensación de descontrol, en un país que quemado como está con leche, soplamos hasta el yogurt.

Ojo, esto no es decir que como trasfondo de la situación no esté la penosa situación económica argentina, y que no haya conexión con mil cosas, como el fin del financiamiento externo (que significa lisa y llanamente el fin del “populismo de la deuda” -ese que reemplazo por dos años y alegremente al fatal “populismo de la soja” kirchnerista, con la excepción del tema tarifas -operación de cataratas que ha venido efectuando un carnicero con una motosierra-.

Lo que digo es que el stress político fue causado por una serie de errores no forzados increíble para un “equipooooo” cuya especialidad de la casa es lo financiero. La coalición apoyó, la oposición fue responsable, los gobernadores no se reunieron para conspirar, no hubo tachín tachín, ni movida de los minoristas -será porque ya están dolarizados-, ni piquetes, ni movilizaciones violentas ordenadas por los torvos intendentes conurbanos, ni Trump diciendo que “los carpinteros, los plomeros y las manicuras yanquis tenían que pagarles a estos gauchos holgazanes”.

Para peor de males, no se sabe si para blanquear lo inevitable, o porque Toto Caputo se asustó también él del vandalismo autoinfligido de la autoridad monetaria, fuimos al FMI -sin pasar a manguear antes al Treasury, que está dos cuadras antes y que quizás, no nos iba a pedir demasiado, dado el Big Push que ellos también están haciendo. Quizás se ilusionaron con una línea Flexible, pero resulta que el FMI (nuevo o viejo) no cree en chetos, y nos chantó un stand by, lo que implica que el Tano Cardarelli, nuestro designated proctólogo va a realizarnos un tacto doloroso cada tres meses, cuanto menos, y meternos a dieta de fideos con aceite.

De vuelta, la coyuntura se imponía a lo estratégico, la masoterapia y el peeling a la cirugía mayor. Como siempre, el Jefe de Gabinete Peña, preocupado por la opinión pública (que en todo caso se manifestará en las urnas el año que viene) cuando el mercado estaba votando con los pies, yéndose del peso, y nada indica que no lo haga de vuelta en breve. En vez de decir, “Argentinos, se acabó lo que se daba y hacemos un llamado a la solidaridad: se necesitan 40 millones de dadores de sangre”. No, resulta que pedimos un stand by para mantener el gradualismo, cosa similar a solicitar que te amputen las piernas para estar más liviano y correr la maratón mejor”.

Los resultados del enchastro inicial sumaron además del stress político, a las consecuencias inevitables de la Deva: inflación vía pass trough, que solo moderará la recesión que se viene. Un clásico argentino. Por supuesto, en el medio las llamadas a Trump, la Comunidad Europea y a la Confederación Galáctica que gentilmente le dijeron al Presidente Macri “Good Luck, ma guita non hay”.  Pero todo se paró cuando Toto tomó las riendas de lo que sabe, agarró el matafuego para apagar el incendio y no para machacarse un pie.

De todos modos, como no hay mejor cosa que un susto para despertar a un borracho, Macri mismo tomó nota del despelote autoinfligido, y anunció la incorporación de la Vieja Política (que horas antes había defenestrado) a la Mesa Consultiva, seguramente porque agotada la fiesta de la deuda, ahora hay que exprimir a las gallinas provinciales, y se necesitan manos duchas y respetadas en el gallinero. Para esas horas, la corrida era historia pero había dejado dos devaluaciones importantes: la del peso y la de Marcos Peña.

Pero, así como ya el dólar a 25 ha quedado atrasado por una nueva devaluación mundial, seguramente el “equipooo” de comunicación seguirá siendo el eje de toda la (no) política del Gobierno. No es de extrañar entonces que el CAMBIEMOS ya nos suene a lo mismo que cuando escucho a mi Tío Salustiano prometer a fin de año “debo dejar de tomar”.


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