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ETCÉTERA – 7miradas

En el Uruguay, cualquier forma de corrupción tiene una fuerte condena social. Esto resguarda la honestidad y previene a los políticos.

Apremiado por varios y graves cuestionamientos señalados por corrupción durante su gestión, renunció a su cargo el vicepresidente uruguayo Raúl Sendic. La dimisión fue un escándalo sin precedentes en la historia del país. Hasta entonces, Sendic era la renovación de la centroizquierda uruguaya. El dictamen del Tribunal de Conducta del Frente Amplio (FA) lo considera responsable de “conductas indebidas”. Ante esa condena, Sendic, hijo del guerrillero fundador de los Tupamaros, presento su dimisión indeclinable.

El presidente Tabaré Vázquez aceptó la renuncia. Su lugar lo ocupará Lucía Topolansky, la esposa del expresidente José Mujica, el mentor de la carrera de Sendic. Topolansky llegaría a ese cargo por ser la senadora de la lista más votada del lema más votado, el Movimiento de Participación Popular (MPP), agrupación creada por ex militantes tupamaros que entre otros orienta el ex mandatario. Mujica rezongó por este grave escándalo, comparando con la corrupción que vivió Argentina o la actual en Brasil y reduciendo el caso uruguayo “a una pelea por calzoncillos”.

Aquel día de junio de 2014 el Plenario nacional del FA elegía a Sendic como compañero de fórmula de Vázquez, y de esa forma le daba luz verde para transformarse en la figura para aspirar a la presidencia y a un cuarto mandato consecutivo del Frente.

Con rostro serio, el hijo del legendario Raúl Bebe Sendic, llegó cerca de las 10a la sede del FA, en la que ya estaban apostados unos treinta militantes (principalmente de su sector, Compromiso Frenteamplista. La escasez de apoyo se hizo evidente.

Hace ya un tiempo se sentía “acorralado en un rincón, contra las cuerdas con cada vez “menos ganas de luchar y escaso margen de maniobra”.

Lo cierto es que Sendic carga una gestión muy cuestionada al frente de la petrolera estatal ANCAP, y el uso de tarjetas de crédito corporativas para gastos personales, entre otros desvíos.

El traspié de mayor repercusión antes del escándalo de las tarjetas, lo vivió Sendic en febrero de 2016, cuando se supo que se arrogaba un título universitario del que carecía. Dijo ser licenciado en genética humana, diploma que habría obtenido en Cuba durante su exilio. Luego de negar con insistencia, Sendic debió admitir que mintió en su curriculum y que no había tal título. La carga siguiente fue el desastre en ANCAP que incluyó en 2013 un gasto desmedido, de alrededor de 350 mil dólares en una fiesta de inauguración de una planta desulfurizadora, en la que fuera invitada a participar la ex presidente argentina Cristina Fernández, su ministro de Economía, Axel Kicíloff y varios jerarcas de su gobierno.

La oposición calificó la caída de Sendic como “una crisis política ‘marcada por la falta de ética y el engaño”, dijo el senador Luis Lacalle Pou del Partido Nacional. Su correligionario y también senador, Jorge Larrañaga, dijo que la dimisión “coloca al país en una situación inusitada”.

Quien fuera el estratega más radical de Donald Trump, Steve Bannon, acusó al establishment republicano de “intentar anular” la victoria electoral

Steve Bannon, reincorporado a su publicación derechista, Breitbart News, cargó con sus enemigos.

“Es un secreto a voces”, dijo que los líderes conservadores del Senado y el Congreso, ‘Mitch McConnell  y Paul Ryan, “no quieren que se Implemente la agenda de Trump”

Bannon se le consideraba Impulsor los discursos más duros de Trump en materia de inmigración o nacionalismo económico y encarnaba su conexión  con el ala más dura de la derecha estadounidense. Las distancias del ahora presidente con su partido fueron obvias durante toda la campaña electoral promovida por el factor Bannon. Este acusa al partido, como ha hecho Trump, de bloquear promesas estrella como la derogación de la reforma sanitaria de Obama, al no lograr el apoyo republicano suficiente al modelo que la sustituya.

Bannon sostiene que, lo que, va a causar un cisma en el partido, el debate migratorio. No se pronuncia directamente sobre la última decisión de Donald Trump, la de cancelar el programa que protegía de la deportación a los dreamers (inmigrantes que llegaron de forma irregular siendo niños y han crecido en Estados Unidos), pero advierte de sus consecuencias. “Si esto sigue adelante hasta su conclusión lógica, en febrero y marzo habrá una guerra civil dentro del Partido Republicano”, señala lo que, a unos meses de las elecciones, en, las Cámaras “es imprudente”.

Los legisladores republicanos muy divididos sobre el destino de este colectivo de uno 800.000 jóvenes tienen un plazo de seis meses para decidir si buscan una forma de regularizar la situación de los dreamers o si les dejan en el limbo legal y, por lo tanto, susceptibles de deportación.

“Despedir a Comey fue “el peor error de la historia” Steve Bannon considera el despido de James Comey, jefe del FBI hasta el pasado mayo, no solo el mayor error de Trump, sino la peor equivocación política de la historia moderna.

El presidente cesó al director del FBI tras mostrar su desacuerdo par el rumbo de las investigaciones sobre la trama rusa. Ese despido abonó las sospechas de que la Casa Blanca quisiera torpedear el proceso y, acto seguido, el departamento de Justicia nombró un fiscal especial independiente con amplios poderes, Robert Mueller. “No hay duda de que [sin esa destitución] no tendríamos la investigación de Muéller ni esa amplitud [de la investigación]”, apunta Bannon.

Bannon dejó la Casa Blanca tras ocho meses en el cargo marcados por las discrepancias con otros miembros del Gabinete, como el yerno y consejero de Donald Trump, Jared Kushner, o el director del Consejo Económico, Gary Cohn.

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