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ETCÉTERA – 7miradas

Hace poco se mudó a la Casa Blanca desde Nueva York.  Melania Trump, la mujer del Presidente de Estados Unidos, ha acompañado a su marido en varios viajes al exterior. En cada uno de ellos se paró delante de un podio y habló públicamente, algo que rara vez hace en Estados Unidos.

También ha realizado varias visitas bien publicitadas a hospitales extranjeros, en contraposición al puñado de recorridas de bajo perfil que ha efectuado a pabellones pediátricos de Nueva York y de Washington, D.C.

Es en estos viajes donde la primera dama se ha hecho más visible, mereciendo una extensa cobertura de prensa en los Estados Unidos y en el plano internacional. Ofrece material tanto para los observadores de la moda que evalúan sus elecciones de vestuario como para los analistas políticos que miden su influencia tranquilizadora sobre su marido.

Durante la reciente reunión del G-20 en Polonia, se hizo ingresar a la primera dama a una reunión entre el presidente Trump y su colega de Rusia, Vladimir Putin, para a dar cierre a una sesión demasiado larga. (Su intervención no funcionó. Los hombres siguieron hablando.)

Desde que Ida McKinley visitó la ciudad de Juárez, en México, los viajes al exterior son un aspecto importante del papel de una “first lady”.

En la década de 1940, Eleanor Roosevelt realizó viajes a Irlanda, Inglaterra e instalaciones militares de todo el mundo. La visita de Melania Trump tuvo reminiscencias de la reunión de Jacqueline Kennedy con el presidente francés Charles De Gaulle en París. .

“Jackie Kennedy, a cuya imagen, creo, [Melania] trata de parecerse, fue a Francia poco después de que su marido fuera elegido y [los franceses] la amaron… Fue [como si] la realeza estadounidense hubiese ido a Francia’, dijo Andersen Brower.

“Estos viajes al exterior ayudan mucho a Melania. Cuando sale del país; puede hacer cosas que, por alguna razón, no puede hacer aquí en Estados Unidos… Creo que es muy inteligente que la hagan hablar el idioma” del lugar que visita, agregó.

Melania Trump, que nació en Eslovenia, habla fluidamente seis idiomas. Además de conversar en francés en París, habló en italiano con el Papa cuando ella y su esposo fueron a Roma. “Vimos su interacción con el Santo Padre, que fue muy especial. [El papa Francisco] hacía chistes. Los italianos estaban muy conmovidos con eso”, dijo Paolo Zampolli, hombre de negocios italo-estadounidense por quien se conocieron los Trump y sigue en contanto con Melania. El hecho de que la señora Trump centre su atención en la esfera internacional la ayuda a diferenciarse de su popular antecesora. Michelle Obama hizo de los temas nacionales su principal motivo de interés y realizó aproximadamente la mitad de viajes al exterior que las primeras damas Laura Bush y Hillary Clinton, según un análisis de la Unión Nacional de Contribuyentes.

Pero los viajes de Clinton y Bush al extranjero tuvieron lugar cuando estaban más avanzados los gobiernos de sus respectivos maridos y después de que esas primeras damas se habían afianzado en la Casa Blanca. Melania Trump, que demoró su mudanza a la Casa Blanca, está modelando su imagen pública fuera del país.

Esto no parece ser perjudicial: un 51% de los votantes tuvieron una opinión favorable de Melania en una encuesta realizada por Fox News, en la que las opciones desfavorables fueron del 28%. En abril, su popularidad llagaba al 34% en un sondeo de Quinnipiac, con un 24% desfavorable.

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