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ETCÉTERA: LA MUJER NO ES SIEMPRE VÍCTIMA.

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Su manifiesto impacta  en Francia y fuera de ella. La escritora y crítica de arte Catherine Millet (Bois-Colombes, 1948), autora del best seller La vida sexual de Catherine M.

 Es una de las cinco impulsoras de la tribuna opuesta al movimiento #MeToo. La firmaron 100 mujeres de la cultura francesa, la actriz Catherine Deneuve, la cantante Ingrid Caven o la editora Joëlle Losfeld.

Millet denuncia que me too, al que tilda de “puritano”, favorece la vuelta  de la “moral victoriana”. Defiende “la libertad de importunar”, incluso en el sentido físico, como salvaguarda  de la revolución sexual.

Quisimos reaccionar ante la palabra de las feministas radicales, que era la única que leíamos en la prensa. Nos resultaba molesto, porque no lo compartimos. No te quedas traumatizada porque un hombre te haya tocado un muslo… Se trataba de contar que todas las mujeres no reaccionamos igual ante gestos groseros o fuera de lugar.

A un hombre no se le pide que comparta las opiniones del resto de los varones del planeta. Eso es imposible. No decimos que nos parece bien que violen a las mujeres; señalamos los derrapes de ese movimiento. Juzgan a ciertos hombres por hechos bastante mínimos. Se ha constituido un tribunal público que les deja defenderse. Tuvimos la sensación de que todos los hombres eran cerdos. Hay que meterse en la piel de quienes han padecido violencia sexual, pero pensar en los hombres que han sido víctimas de acusaciones muy rápidas y con consecuencias graves en sus vidas profesionales.

¿No dicen las feministas que se ha liberado la palabra? Si es así, nuestra palabra vale lo mismo que la suya. La censura que ha podido provocar este caso me parece ridícula. Me parece muy grave que se borre a un actor de una película [Kevin Spacey). “Todo el dinero del mundo.” Son métodos que me recuerdan a los del estalinismo.

Veo aparecer un clima de inquisición: cada uno vigila a su vecino, como sucedía en los regímenes soviéticos, y luego lo denuncia en las redes sociales. Todos los rincones de la sociedad están bajo vigilancia, incluida nuestra esfera íntima.

Si hablamos de ese feminismo en concreto, me posiciono en contra. Pero hoy existen varias corrientes feministas… Me siento más cercana a las feministas que integran el sexo en su discurso, más jóvenes que yo, que a quienes expresan, a través de #MeToo,  posiciones radicales que nunca he compartido, ni ahora ni durante los años 70. El feminismo sigue muy justificado en el entorno social. Por ejemplo, en cuanto a la igualdad salarial. Y también milito por esa igualdad en la libertad sexual.

Cuando era más joven, alguna vez vino algún hombre a frotarse contra mí en los transportes públicos. No me morí ni me hizo una impedida. Entre las firmantes del manifiesto hay una mezcla generacional y de orígenes. Las mujeres que atacan son intelectuales y universitarias, igual que nosotras. 

Catherine Deneuve  tiene un modo de vida  distinto, pero las demás somos bastante parecidas a quienes nos atacan…Es que son dos cosas que van juntas… Cuando un hombre te molesta, tienes la libertad de decirle que deje de hacerlo. Una tiene la capacidad de decir que no. Importunar es una palabra bastante leve. Importunar es sinónimo de molestar, fastidiar, incomodar, sacar de quicio.

Hay un margen en que el comportamiento de los demás se desata sin que sea un delito. Puede ser desagradable y te puedes quejar. No por eso es un delito. No quiero que esté regulado ni por una moral superior ni por la ley. Existen impertinentes en la vida. Esas mujeres parecen aspirar a una sociedad utópica y regulada hasta el más mínimo detalle, donde un hombre debe ser cauto antes de hablar a una mujer. La codificación de nuestras relaciones es imposible, a no ser que nos convirtamos en robots.

En una relación entre dos individuos, siempre hay un momento borroso y ambiguo…alguno de los dos no tiene claro lo que quiere. Cuando me ha intentado seducir un hombre, he sentido una atracción que no era suficientemente grande para ceder de inmediato. Un momento de duda. A veces terminas cediendo y otras, no. Esas mujeres dicen que un no siempre es definitivo, creo que hay matices. A veces, tienen una oportunidad si insisten una segunda vez.

Creo que, cuanta más libertad hay en el discurso y en circulación de las imágenes, más se crispan sectores que la consideran molesta, por lo que su reacción se vuelve cada vez más violenta. Esta voluntad de censura ya no proceda de círculos extremadamente conservadores, sino de mujeres que se consideran feministas. No sé si vio a las dos chicas que pidieron al Metropolitan de Nueva York que descolgara un cuadro de Balthus: eran dos jóvenes modernas y probablemente de izquierda…

En nuestra sociedad, hoy en día y en la clase media, las mujeres cuentan con un gran poder. En la esfera doméstica, a menudo son ellas quienes imponen su voluntad dentro de la pareja, a causa de la culpabilidad de los hombres jóvenes y al hecho de trabajar y ser económicamente libres.

Si comparo mis posibilidades con la vida que tuvo mi madre, en una sola generación hemos ganado mucho. Las feministas quieren que  nuestra sociedad sea únicamente patriarcal. Eso no es verdad. Yo creo que también existe un matriarcado.

 

 


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