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La misteriosa Esfinge: Guardiana milenaria a las orillas del desierto

REALPOLITIK I 14 de agosto de 2016
Por SABINO MOSTACCIO

La antigua Esfinge lleva milenios como guardiana del enorme complejo funerario que representan las tres grandes pirámides que adornan la meseta de Gizah, lugar sagrado para los antiguos egipcios que fue por siglos el lugar de descanso final de muchos faraones.

Partiendo de la base que la Esfinge, ese ser mitológico mitad animal, mitad hombre (al igual que tantas otras criaturas similares) era un símbolo poderosos que se puede hallar en el imaginario de muchas cultural alrededor del mundo, y que por ejemplo los egipcios y los griegos veneraban y temían a esos seres que simbolizaban por lo general la astucia y el poder, no nos sorprende que se halle muy presente en el arte egipcio, amén de la gran escultura tallada en el desierto (por ejemplo, avenida flanqueadas de pequeñas esfinges adornaban la entrada a los templos egipcios). Y es más, tradicionalmente se cree que la Esfinge de Gizah simboliza a Keops, el gran faraón que edificó la más grande de las pirámides (que durante más de 2400 años sería la construcción más alta jamás hecha por el hombre), en cuanto a su rostro humano.

Se cree mayoritariamente que es contemporánea a la construcción de las pirámides, por más que ciertos estudiosos hoy día esgrimen teorías acerca de que sería mucho más antigua (y por ende preexistente hasta en varios milenios a las pirámides), pasando por aquellos que afirman que no fue construida por el hombre (para algunos fruto de la erosión del desierto, para los más alocados, construida por la intervención de seres de otro planeta). Pero al día de hoy, se desconoce el propósito por el cual yace allí, siendo que para algunos es una especie de guardián de los sepulcros reales, mientras que para otros es un homenaje a los faraones.

Conoció durante la historia del Reino Egipcio suerte variable la Esfinge, ya que en los periodos de caos y decadencia solía quedar bastante abandonada y enterrada en la arena, hasta que era restaurada su memoria por ciertos faraones que mostraban gran interés en ella, por ejemplo el caso de Tutmosis III, que hacia el siglo XV antes de Cristo se dice que le practicó una buena restauración, adornándola con bellos colores (hoy día la erosión ha despintado el monumento pero los pigmentos son visibles aun), y según la leyenda, escondiendo parte de su tesoro en la misma, lo cual nunca ha sido comprobado.

Tras el fin de la civilización egipcia, el complejo de Gizah siguió atrayendo por ejemplo el interés de grandes conquistadores como Alejandro Magno o Julio César, y emperadores romanos como Augusto, Claudio y Adriano quienes se ocuparon de mantenerlo en buen estado, tanto a la Esfinge como a las pirámides, pero a partir del siglo III de nuestra era, a medida que el Imperio Romano se hundía en el caos, quedó la zona de Gizah sumida en el abandono, siendo sus únicos visitantes ocasionales ladrones o saqueadores de tumbas en busca de fabulosos tesoros o algún que otro monje o asceta cristiano que se retiraba al desierto.

Cuando llegan los árabes musulmanes en el siglo VII, la zona estaba en ruinas y de la Esfinge solo quedaba su cabeza asomando tras la arena. Los nuevos amos del país no se molestaron en limpiarla y restaurarla, siendo un símbolo pagano como lo era, pero ciertos eruditos y sultanes iniciaron estudios de los monumentos de la zona y se interrogaron por sus propósitos. A partir del siglo XVI comenzaron a llegar a Egipto viajeros europeos cristianos que se sintieron más que maravillados por los monumentos antiguos, y muchos de ellos dejaron guías de viajes que aun hoy son útiles a los arqueólogos modernos. En 1798, Napoleón Bonaparte, que sintió un particular temor a la Esfinge, libró en los alrededores su Batalla de las Pirámides, contra los mamelucos egipcios.

Tras la caída de Egipto en la esfera del Imperio Británico y con la llegada de eruditos y arqueólogos occidentales, se iniciaron las primeras excavaciones oficiales y se extrajo la arena que cubría los monumentos de Gizah, que las autoridades abrieron al turismo desde entonces, a la vez que se fomentaban las misiones arqueológicas multinacionales. Con la independencia del país en 1952, la Esfinge quedó bajo el cuidado de las autoridades egipcias por primera vez en siglos, y desde entonces ha sido sometida a trabajos de restauración diversos y ha sido escena de numerosos eventos culturales y artísticos. Aunque hoy en día la inestabilidad política del país, el desmedido crecimiento de la urbanización de la ciudad de El Cairo (que casi ha rodeado al complejo monumental), junto a la erosión y polución representa un riesgo cierto para su mantenimiento, la Esfinge sigue ahí, yacente y vigilante con la mirada hacia las arenas del desierto, como aguardando la llegada de alguien desde los confines del desierto, que antaño fueran dominio de Amón-Ra, dios Sol y protector mítico de los linajes faraónicos. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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