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MAPA MUNDI: EL FUTURO DE JERUSALÉN

Por Shlomo Ben Ami*.   Todos los presidentes estadounidenses que intentaron resolver el conflicto se encontraron con obstáculos políticos internos inmensos, incluso insuperables. Con la reciente decisión de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, Donald Trump lleva esta tendencia al siguiente nivel, aunque puede ser que el resultado solo sea más estancamiento.

La declaración de Trump sobre Jerusalén es la última manifestación de la búsqueda de legitimidad interna de este presidente improbable, por la que prácticamente se ha obsesionado con cumplir sus promesas de campaña más extremas y contraproducentes… las acciones de Trump tienen implicaciones diplomáticas más amplias, que parece incapaz de calcular. Obviamente, la declaración de Trump fue recibida con furia por los palestinos, cuyo presidente, Mahmoud Abbas, aseguró que “a partir de ahora” no aceptará que Estados Unidos tenga “ningún papel” en el proceso de paz, e incluso pidió que el mundo reconsidere el reconocimiento de Israel.

En tanto, las fuerzas antiestadounidenses (Hezbollah, Irán, Rusia y Turquía) aprovecharon la polémica decisión de Trump como una oportunidad para mejorar su propia influencia regional, a costa de Estados Unidos y sus aliados.

Esta respuesta contra Estados Unidos no ayudará a los palestinos. La furia no es una estrategia (algo que los palestinos ya aprendieron del peor modo en el pasado).

El hecho es que, pese a estar desmoralizadas por años de vanos “procesos de paz”, las masas palestinas no están de humor para una tercera Intifada. Y culpan por sus padecimientos no solo al ocupante, sino también a su propia dirigencia, no elegida y totalmente impopular, que no les ofrece un sentido de dirección ni objetivos alcanzables.

En cuanto a Irán (el patrono de Hezbollah), el apoyo que prometió a las “fuerzas islámicas de resistencia” palestinas es solo una nueva muestra de la vieja política iraní de búsqueda de hegemonía regional, que viene de mucho antes de la declaración de Trump. Palestina tampoco debe esperar mucho de Rusia. El presidente Vladimir Putin es un realista; sabe que acudir al llamado de asumir un papel de liderazgo en el conflicto palestino‑israelí perjudicaría sus relaciones con ambas partes. Rusia no tiene (y jamás tuvo) vocación de pacificadora.

La declaración de Trump no cambia nada. Cuando el polvo se asiente, los palestinos y sus amigos internacionales podrán ver que la declaración no descarta la eventual división de la ciudad en dos capitales como parte de un acuerdo de paz, y mucho menos garantiza a Israel la soberanía sobre toda Jerusalén en cuanto “capital eterna”.

Es una fantasía suponer (como aparentemente supone el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu) que el apoyo de Trump es la clave para que palestinos y sus simpatizantes árabes y musulmanes acepten un dominio judío‑israelí sobre una ciudad que es tan importante para ambas partes. Hasta Trump admitió los límites de la soberanía israelí sobre Jerusalén, y afirmó su compromiso con el statu quo en relación con los sitios sagrados de Jerusalén oriental.

La mesurada respuesta de la dirigencia árabe no debe interpretarse como validación del supuesto de Netanyahu de que sus nuevos aliados en Arabia Saudita y Egipto obligarán a los palestinos a aceptar un acuerdo de paz sin los requisitos centrales del relato palestino.

El gobierno expansionista de Netanyahu tiene los días contados. La torpe declaración de Jerusalén no salvará al actual gobierno de coalición de los enormes escándalos de corrupción y los conflictos internos irreconciliables.

La coalición de derecha de Netanyahu no es socio para un acuerdo histórico, ni sobre Jerusalén ni sobre ningún elemento de la disputa. La única salida para Israel es una nueva coalición más centrista, acompañada de la adopción por los palestinos de una posición más mesurada y estratégica. Cuando hace casi dos decenios dirigí el equipo negociador israelí, ambas partes aceptaban la idea de un Jerusalén, con fronteras flexibles, con líneas étnicas.

Para mejorar las probabilidades de éxito hay que poner fin al monopolio estadounidense del proceso de paz entre Israel y Palestina y adoptar un modelo de negociación similar al del acuerdo de 2015 sobre el programa nuclear iraní, en el que un grupo de países (que en el caso referido fueron los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas –China, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y Rusia– más Alemania) colaboren.

*Shlomo Ben Ami es un político, diplomático e historiador israelí. Miembro del Partido Laborista Israelí, fue ministro de Asuntos Exteriores  y segundo embajador de Israel en España

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