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60 mil millones de transistores, gases y metales

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El primer Microchip en 1971 contenía 2.300 transistores, mientras que el último lanzado en 2021 tiene 60.000 millones; 7 veces la población de la tierra. La “ley de Moore” establece que, aproximadamente cada 2 años, se duplica el número de transistores en un microprocesador, necesarios para gestionar el volumen global de datos que circulan en formato digital. Para 2025 se estima que la cantidad alcanzará los 175 Zettabytes; es decir 175 y veintiún ceros.

Las plataformas tecnológicas más poderosas y omnipresentes del planeta desplazan sus “Data Centers” a zonas cercanas al Polo Norte en busca de bajas temperaturas a cambio de eficiencia energética, ya que son determinantes para la cotidianidad de nuestras vidas. Pasaron más de dos años desde que el planeta decidiera encerrarse ante el avance del Covid-19, cuando confinamientos históricos impulsaron la demanda de tecno-electrónica hasta alcanzar cifras sorprendentes.

Durante 2021 la escasez de semiconductores golpeó a los fabricantes de autos y a los gigantes tecnológicos, lo que hizo sonar las alarmas en todo el mundo. Conseguir una Xbox o una PlayStation5 se convirtió en noticia, y la demora en la entrega de autos 0KM en algo cotidiano. El primer microprocesador de Intel se llamó 4004 y tenía un tamaño de 10 millonésimas de metro.

El liderazgo de Intel terminó entre 2015 y 2020 cuando sus rivales Taiwan Semiconductor Manufacturing y Samsung Electronics empezaron a construir chips con mejores transistores, de cinco nanómetros (cabe destacar que un cabello humano tiene 100.000 nanómetros de ancho).

La materia prima de los circuitos es el Silicio que necesita para su producción un ambiente extremadamente limpio, ya que muchos de estos transistores son más pequeños que un virus biológico; en este entorno una partícula de polvo puede costar millones. Cada procesador tiene hasta 100 capas de distintos materiales, que se aplican para fijar las conexiones entre los transistores.

Uno de los pasos más complejos es la litografía, que consiste en usar luz láser para estampar en las obleas los patrones que formarán los circuitos. Pero si la falta de microchips fue un problema en 2021, la situación puede empeorar…

Las sanciones impuestas por Estados Unidos a Rusia y el conflicto bélico con Ucrania podrían afectar el suministro de este elemento. Tanto Rusia como Ucrania son exportadores clave de Neón, Paladio y Platino, fundamentales para la producción de microchips.

El 90% del Neón que se utiliza para el proceso de litografía de los chips, procede de Rusia, y el 60% lo purifica la planta de Odessa en Ucrania. En marzo de este año las dos principales fábricas ucranianas de gas Neón, situadas en Odessa y Mariúpol, Ingas y Cryoin, detuvieron su producción y el mes pasado Rusia anunció la suspensión de sus exportaciones.

Desarrollar proveedores sustitutos demandará inversiones a largo plazo para poder surtir el mercado mundial. China es el otro gran productor de Neón, donde los precios treparon como nunca, al igual que en 2014 cuando Rusia anexó Crimea, y los valores se dispararon 600%.

Ucrania ha sido uno de los proveedores más importantes de gas Neón, además de otros gases raros como el argón, el criptón y el xenón, por lo que podría haber un déficit en la producción de semiconductores, que se suma a la crisis del año pasado. Rusia también produce y exporta Paladio -con una cuota de mercado mundial del 38 % -, y es el segundo proveedor más importante después de Sudáfrica.

Asimismo, a escala mundial, la Federación Rusa es el tercer productor de Níquel utilizado en la producción de baterías de litio, con un impacto mayúsculo para el cambio a la electromovilidad; por lo que la tendencia será una sola, aumento en la demanda de este metal.

La ya consabida crisis energética en la que nos encontramos ha provocado que los petroleros vuelvan a inflar el pecho. Los riesgos de la actual dependencia energética quedaron en evidencia y la transición energética parece más compleja que nunca, provocando un aumento de los precios de los hidrocarburos, y generando descontento en la sociedad.

La guerra ha incrementado la urgencia de sustituir las exportaciones rusas para dar respuesta a los países más expuestos a la importación de sus productos y a mitigar su efecto en todo el planeta.

Ha quedado en evidencia cómo la economía moderna hiperconectada está basada en complejos e interrelacionados sistemas productivos de todo el mundo, para lo cual, la contingencia de eventos imprevistos y la estimación de sus efectos colaterales desnuda la alta dependencia tecnológica y como esta nos ha cooptado.

Gabriel Zurdo es CEO de BTR Consulting, especialista en ciberseguridad, riesgo tecnológico y negocios.


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