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AL FONDO A LA DERECHA

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Victor Mallet* y Leila Abboud.* La candidata de la extrema derecha se centra en problemas del costo de la vida. Pone a Emmanuel Macron a la defensiva.

Crecen las advertencias del establishment francés. Políticos y expertos, -desde el ex primer ministro Manuel Valls hasta el propio presidente Emmanuel Macron-, advierten que los votantes pueden  impulsar a la candidata de extrema derecha Marine Le Pen a la victoria en las elecciones de este mes.

«Falta un minuto para la medianoche», escribía Valls en una columna de apoyo a Macron en Le Journal du Dimanche una semana antes de la primera vuelta de las votaciones el próximo domingo. «Marine Le Pen podría ser elegida presidenta de la república».

Macron advirtió a sus partidarios en un mitin que no se quedasen en casa confiando en las encuestas que sugieren que vencerá a Le Pen, aunque por un margen mucho más estrecho que su victoria de 32 puntos porcentuales hace cinco años. «El peligro extremista hoy es aún mayor que hace unos meses, hace unos años». Entre tanto la quinta ola de coronavirus comenzó «como un rayo» en Francia, según  el Gobierno.

Esta última semana una campaña electoral ensombrecida por la invasión rusa de Ucrania, se energizó por las expectativas de la extrema derecha -y los temores del centro- que Francia pueda convertirse en la próxima democracia occidental bajo el dominio de un líder populista, escéptico sobre la OTAN y la Unión Europea, Proteccionista en materia económica y partidario de aplicar estrictos controles de inmigrantes no europeos.

La última encuesta de Harris Interactive sugiere que Macron vencerá por un 51,5% frente al 48,5% en la segunda vuelta. Pero tiene casi garantizado su puesto en la segunda vuelta contra el 24 de abril. Su ventaja se ha reducido drásticamente hasta situarse dentro del margen de error. Y aunque Le Pen pierda, es probable que obtenga el mejor resultado para su partido de extrema derecha desde que su padre Jean-Marie Le Pen fundó el Frente Nacional, ahora Agrupación Nacional, en 1972.

«El riesgo de una victoria de Le Pen es significativamente mayor que en 2017. No entiendo por qué la gente no tiene más miedo», señala Anne-Laure Delatte, profesora de economía del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia, que apoya al candidato de la extrema izquierda Jean-Luc Mélenchon, actualmente en tercer lugar en las encuestas. «Lo que me choca es que muchos en Francia parecen ignorar los riesgos».

Varias razones destacan el reciente ascenso de Le Pen. Los comentaristas políticos afirman que ha llevado a cabo una buena campaña, restando importancia en general a sus vínculos con Vladimir Putin, presidente de Rusia, y centrándose más en el costo de la vida que en cuestiones de inmigración o de guerra cultural, justo cuando los precios del combustible y otros productos han experimentado una fuerte subida como consecuencia de la guerra de Ucrania.

Éric Zemmour, el polemista televisivo que surgió como rival de la extrema derecha el año pasado, ha contribuido inadvertidamente a la misión de Le Pen de desintoxicar su movimiento, ya que su implacable foco en los supuestos horrores del islam y la inmigración «descontrolada» ha hecho que parezca relativamente moderada.

David Dubois, un profesor de marketing digital de Insead, explica que el análisis de las menciones en las redes sociales sugiere que la opinión de los franceses sobre Le Pen es más favorable que sobre Zemmour y similar a la que tienen de Macron: en marzo tenía un 38% de menciones negativas y un 31% positivas, mientras que Macron tenía un 37% negativas y un 32% positivas.

«Ha sido capaz de cambiar su imagen de marca», señala Dubois. «Ha hecho un esfuerzo por cambiar su discurso de la inmigración a la subida de precios y a cómo aumentar el poder adquisitivo de los franceses».

En el otro lado, Macron perdió la mayor parte del impulso en las encuestas que disfrutó después de que las fuerzas de Putin invadieran Ucrania el 24 de febrero. Ahora se le ve como un candidato del establishment después de cinco años en el cargo. En 2017 era un revolucionario que rehuía a los viejos partidos.

La combinación de la nueva aceptación de Le Pen y la aversión generalizada a Macron como líder actual retratado por los opositores como un «presidente de los ricos» aumenta las posibilidades de que el «frente republicano», tradicional baluarte contra la extrema derecha en la segunda vuelta, pueda fracasar en estas elecciones.

Ya ocurrió en 2002, cuando el centroderechista Jacques Chirac venció a Jean-Marie Le Pen, y en 2017, cuando Macron venció a Marine Le Pen. Los votantes rechazan al extremista eligiendo al candidato «republicano» convencional como el menor de los males.

Las empresas demoscópicas apuntan que es posible que el frente no salve a Macron esta vez. Algunos votantes de la derecha ya no ven a Le Pen como una extremista más allá de lo aceptable. Los os votantes de la izquierda pueden no estar dispuestos a votar a Macron dado que su programa para el segundo mandato prevé retrasar la edad de jubilación y limitar las ayudas a los más pobres.

Si Macron y Le Pen pasen a la segunda vuelta, casi la mitad de los partidarios de Mélenchon responden que se abstendrán, mientras que una parte de sus votantes y de los de la conservadora Valérie Pécresse indican que elegirían a Le Pen.

«El frente republicano ya mostraba grietas en 2017, y parece más débil esta vez», explica el encuestador Pierre-Hadrien Bartoli, de Harris Interactive. «Para que Le Pen gane, necesita que ocurran dos cosas: que la izquierda no vote a Macron y que una parte no despreciable de la derecha tradicional se acerque. Una victoria de Le Pen no es lo más probable, pero no imposible».

Si Le Pen gana, quiere hacer grandes cambios en la Constitución que permitan controles fronterizos mucho más estrictos y establecer la llamada «preferencia nacional», que permitiría a su gobierno favorecer a los franceses frente a los inmigrantes.

 

Victor Mallet * actualmente es jefe de la oficina de París del Financial Times.

Leila Abboud* es corresponsal en París del Financial Times, donde cubre tecnología de consumo y compañías farmacéuticas. Fue reportera Reuters y el Wall Street Journal.


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