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Alberto Fernández recibe el mismo mensaje de oficialistas y opositores: más temor por la “coronacrisis”

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Alberto Fernández arrancó la mañana de ayer conversando otra vez con Horacio Rodríguez Larreta. Y terminó el día en videoconferencia con los intendentes del Gran Buenos Aires, acompañado por Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner y Julio Vitobello. Hubo en el medio algún contacto directo o indirecto con gobernadores, estribación del largo intercambio del domingo con los jefes provinciales. En todos los casos, además de cuestiones prácticas sobre la extensión del aislamiento social por la pandemia, asoma un tema de manera creciente: el impacto económico, y social, de la “coronacrisis”.

Los enojos y las medidas que se terminaban de definir a toda marcha anoche destacan la preocupación por el golpe de la caída económica en el circuito formal de la economía y su consecuencia social más concreta y angustiante: los despidos. Ese panorama, sumado al cuadro alarmante en los sectores informales y más vulnerables de la sociedad. La embestida contra Techint pareció entonces, y así era reconocido en el circuito oficialista, una señal más amplia, de utilización ante la opinión pública Y con limitaciones legales que se buscan desarmar. Eso, por supuesto, con el límite que supone la realidad. La capacidad de asistencia, económica y social, está dañada por la muy larga decadencia previa.

Hay malestar que algunos en el oficialismo traducen con cabeza conspirativa. Ven en Techint y en algún gesto menor de diferenciación opositora cierta maniobra para limar la imagen presidencial, más afirmada. Y peor, colocan cualquier cuestionamiento a la estrategia sanitaria como obra de mentes que sólo privilegian negocios y ganancias. Los propios contactos del Presidente con todo el ámbito de la política exponen un cuadro más complejo. Una pintura que también desaconsejaría la tentación de generar confrontación en blanco y negro con algún “enemigo” fabricado.

Hay cierto registro del especialmente sensible clima social. Va más allá de la lectura lineal de encuestas que circulan con intensidad y a las cuales el propio Presidente prestaría medida atención, con sentido común y con el eco de los grandes errores en época electoral. La suspensión de la confrontación política, o de la “grieta” en sentido más reducido, parece una virtual imposición social o al menos un límite frente a los temores y el descalabro que genera el coronavirus. El fastidio ruidoso por cierta falta de solidaridad política –simbólicamente, sus ingresos- no escaparía a esa lógica. Después podrían discutirse cuentas políticas, como ya se hizo con los aplausos de los balcones.

No existe, como se pretende, una especie de contrapunto entre quienes privilegian la salud pública y los que anteponen la economía en los diálogos que mantiene el Presidente con jefes políticos –gobernadores, intendentes, legisladores- oficialistas y opositores. “Si este es el Titanic, estamos todos subidos”, ironiza una fuente opositora. Sí marcan, en esa vereda, algún fastidio por el tipo de comunicación presidencial y por lo que anotan como maniobras presidenciales para afirmarse en su propia pulseada interna con Cristina Fernández de Kirchner.

Hay también algunos planteos vinculados con las medidas sanitarias, por la subestimación inicial del problema y una demorada descentralización de las tareas de detección de casos a escala nacional, pero al mismo tiempo se nota cuidado en el modo de expresar las diferencias. El tema de la reducción de ingresos de políticos y de jueces resultó algo forzado internamente y puso al descubierto roces domésticos. De todos modos, la línea de dar alguna señal de austeridad había partido de gobernadores radicales (Mendoza, Jujuy, Corrientes) y también de algunos peronistas (San Juan y Salta, entre los primeros). Se discute ahora en el más alto nivel del Congreso. Todo a la carrera.

Las medidas que está puliendo ahora el Gobierno indican que su propia preocupación por el cuadro económico fue afianzada y ampliada en los últimos intercambios con los jefes territoriales, no sólo de la Ciudad y la provincia de Buenos Aires, inquietos además por el daño a la recaudación local. Influyen también los mensajes que le están haciendo llegar los jefes sindicales más cercanos. La cuestión del empleo creció casi a los mismos niveles – y en parte confluye- con la necesidad de contención en las zonas más castigadas de los grandes centros urbanos.

Pero el tema de las empresas no se agota en las pymes, tampoco en un rubro. Menos aún el caso Techint podría resumirlo, en ningún sentido, ni político ni empresarial. La situación de la construcción es especialmente complicada, según transmiten referentes de las cámaras y jefes sindicales. Están en las primeras líneas de los afectados, un conjunto que no sólo integran los rubros castigados de manera más directa y evidente, como la gastronomía, hotelería, el esparcimiento en general, la actividad inmobiliaria, el comercio no habilitado como esencial y diversas profesiones.

Ayer mismo, una actividad habilitada para trabajar y a la vez estratégica expuso que la crisis tiñe todo el panorama y que tampoco en su caso es menor. Los expendedores de combustibles reclamaron asistencia al Gobierno: afirman que sufren una caída de ventas mayor al 80 por ciento. Y plantean una urgencia que se suma a muchas otras. Nadie parece a salvo.

En velocidad, las medidas que toma el Gobierno por momentos se pisan y deben ajustar el foco. Está definido un plan de asistencia a empresas pequeñas y medianas que se comprometan a no achicar su planta de personal, a cambio de ayuda estatal para pagar parte de los salarios, más baja o suspensión de aportes patronales. Algo de estos es cubierto por los programas de Repro, del ministerio de Trabajo, que exprime y demanda recursos como Desarrollo Social y la Anses.

El tema económico sobrevoló o fue explícitamente planteado ayer mismo en las conversaciones del Presidente con Horacio Rodríguez Larreta y luego con intendentes del Gran Buenos Aires. La extensión de la teleconferencia del domingo con los gobernadores, que demoró el anuncio sobre la prolongación del aislamiento social, fue atribuida al mismo rubro. La pelea contra la pandemia exige respuestas múltiples: sanitarias, económicas y sociales. Todo, extendido en el tiempo.


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