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Alemania… ¿Cuántas hay?

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Por Katrin Benhold. Los alemanes vienen de conmemorar el 30° cumpleaños  de la caída del Muro de Berlín (el 9 de noviembre). La reunificación fue fundamental para su lugar dominante en Europa.

Eso sí: pero la unificación hizo poco para conciliar el problema doloroso de la identidad. Después de 30 años, se ha exacerbado. La violencia y el odio étnicos están en alza. Un partido de extrema derecha prospera en la ex Alemania Oriental.

El esfuerzo de Alemania por integrar a más de un millón de exiliados recibidos por la canciller Ángela Merkel en 2015 es muy difícil. En las décadas transcurridas desde la caída del Muro, la población inmigrante de Alemania se ha convertido en la segunda más grande del mundo, detrás de la de Estados Unidos. Una de cada cuatro personas en Alemania tiene un antecedente inmigrante.

Dos décadas después de que el país dejó de definir la ciudadanía exclusivamente por la línea de sangre ancestral, la extrema derecha y otros han empezado a distinguir entre “alemanes de pasaporte” y “bio-alemanes”. Los descendientes de trabajadores invitados turcos que llegaron después de la Segunda Guerra Mundial aún luchan por ser aceptados. Los judíos, la mayoría de los cuales llegó procedente de la ex Unión Soviética, recelan por un ataque a una sinagoga en la ciudad oriental de Halle el mes pasado conmocionara al país que había hecho del “Nunca Más” un pilar de su identidad de posguerra.

Muchos alemanes orientales se sienten como ciudadanos de segunda clase. Una nueva identidad socava la narrativa alegre que predominó en la historia de la reunificación en aniversarios pasados.

Superar el pasado, en especial la ideología nazi que dio lugar al Holocausto, ha sido un precepto rector de la identidad alemana desde la Segunda Guerra Mundial. En la Alemania Occidental y Oriental por igual, la ambición era crear una Alemania diferente y mejor. La Occidental decidió convertirse en una democracia liberal modelo, expiando los crímenes nazis y subyugando los intereses nacionales a aquellos de una Europa postnacionalista. La Oriental se definió en la tradición comunista de resistencia al fascismo, que generó la doctrina que la exculpaba de las atrocidades de tiempos de guerra. Ésa es una razón por la que el populismo nacionalista prospera más abiertamente en la ex Alemania Oriental. Los alemanes orientales se rebelan contra una narrativa occidental que les quita poder y prestigio.

Occidente pasó por alto el papel que la identidad nacional jugó en la revolución pacífica de la Alemania Oriental contra el dominio soviético. “Manifestamos y derrotamos al comunismo, pero todo se convirtió en una victoria de Occidente. Nunca nos dieron el poder para contar nuestra versión de la historia.” Dijeron que los orientales fueron cómplices de su subyugación, especialmente contra los migrantes. Más de 9 de cada 10 migrantes viven en la ex Alemania Occidental. Sucede en la ex Alemania Oriental el sentimiento antiinmigrante es más fuerte.

La comunidad judía en Alemania, que cuenta con alrededor de 200 mil miembros, está inquieta: el resurgimiento de la ideología prefascista preocupa. Y también agresiones clandestinas como la matanza de  una docena de turcos.

Merkel cuando las oleadas de migrantes llegaron a Alemania, dijo, “Ich schaffe das” (“puedo hacerlo”). Y no pudo.

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