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ARGENTINA. OTRA VEZ. | 7miradas

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Por: Luis Tonelli. Otra vez frente al abismo. Otra vez, el peronismo se prepara para tomar el poder. Como en 1989. Como en el 2001. Las fuerzas del no peronismo, son fuerzas otoñales. Son fuerzas paroxísticas, fuerzas que llegan antes del final y se hacen cargo de él (el paroxiton, como nos dice Jean Baudrillard, significa en griego “la acentuación en la penúltima sílaba”). Llegan al poder cuando la fiesta comienza a decaer, y los argentinos queremos que siga.

El no peronismo gana en la declinación del peronismo. No por nada, se presenta como una fuerza regenerativa. Pablo Gerchunoff, en su excelente El Eslabón Perdido nos enseña que el triunfo de Yrigoyen no se dio con el ascenso imparable de los sectores medios, sino por la crisis enorme generada por la caída de las exportaciones que causó la 1er Guerra Mundial.

El Alfonsinismo fue el bálsamo de la reparación moral luego de la matanza alucinada del Proceso. La ALIANZA llegó prometiendo un service de la convertibilidad gracias a terminar con la corrupción menemista. CAMBIEMOS triunfó gracias a la ilusión de salir del populismo sin costos, al acabar con el chorreo kirchnerista.

Los argentinos nos acordamos de ser republicanos en el declive. Pero los gobiernos éticos no aseguran evitar la crisis que está en ciernes. Quedan impotentes frente a las reformas que debieran hacer para recrear la ilusión de un crecimiento sostenible. Hasta tienen que dedicar más recursos a la gobernabilidad del peronismo (las fuerzas propias le cobran barato a los gobiernos compañeros, y les sobra plata al agarrar la manija en la fase ascendente de la economía).

Si el crecimiento no se da por trascender una situación de estancamiento gracias a la innovación y la inversión, entonces se da cuando después de un estallido, una hiperdevaluación lo borra todo, y hasta un gato muerto rebota cuando se cae desde el 6to piso.

Ese ha sido siempre el momento del peronismo. Cuando, luego del estallido, dejan de lado las internas. Cuando, de solidarios que son, acuden raudamente en ayuda del vencedor.

El peronismo otra vez huele sangre. Y no se le puede achacar, esta vez, ningún comportamiento desleal. No han bloqueado la acción de gobierno de CAMBIEMOS. Sus gobernadores han prestado apoyo y han sido grandes contertulios del ministro Rogelio Frigerio. Ni siquiera al kirchnerismo se le puede achacar un comportamiento destructivo, hundido en su melancolía mientras recorría los pasillos de Comodoro Py.

Por supuesto que, como siempre, embalaron al país más allá de lo que podía. Pero el peronismo puede encogerse de hombros y decir “yo le doy a la gente, lo que la gente me pide”. Consumo, consumo, y más consumo. Así nos deglutimos el crecimiento generado por un shock externo y no sentamos las bases para un crecimiento autónomo (y por ende, sustentable).

Y consumo es tan bien el uno a uno. Los Europeos exiliados volviendo al redil. Sintiendo Europa más barata que Aldo Bonzi.

Quizás el pecado mayor del Presidente Mauricio Macri ha sido su confianza suficiente en lo poderes de la Nueva Política. Confundieron (y siguen confundiendo) las novedades tecnológicas en la comunicación social -innegables y revolucionarias- con el cambio social. Nuestro Gino Germani ya en la década del 50 alertaba sobre el efecto fusión: lo nuevo se conjugaba con lo viejo para reforzarlo.

Todos los adelantos tecnológicos, todas las transformaciones comunicacionales, todo el cambio que ha presupuesto el ascenso de la horizontalidad que provoca que todos podemos ser emisores, no ha podido alterar esa verdad que acuño elegantemente el recordado (siempre) Manolo Mora y Araujo cuando en El Voto Peronista exhibió con datos la consistencia de la hipótesis que a menor nivel socioeconómico, mayor la propensión a votar por el peronismo.

La Argentina. Otra vez. La de siempre. La del Eterno Retorno. Confrontada con los mismos problemas. Y las mismas impotencias. Crisis, rebote, Uno a Uno, declinación, ajuste, crisis. La secuencia maldita. Gobernantes, dirigentes y gente. En el mismo lodo. Todos manoseados.

Esta vez, la ayuda externa y alguna excepcionalidades, quizás puedan permitir que el Stop de siempre, no se transforme en crash y lleguemos a las elecciones.

Esa continuidad institucional sería ya un cambio inédito.

Pero hoy, todo es incertidumbre. Y solo incertidumbre.


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