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ARTE: “LA MENESUNDA” EN NUEVA YORK.

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Esta versión neoyorquina, llevó un año de trabajo y tres semanas intensas de montaje en el moderno museo entre el Soho y East Village. ”

No se permiten tacos, niños menores de 15, y en todo el ámbito no pueden entrar más de cinco personas por razones de seguridad.

La muestra, -parte de las exhibiciones veraniegas- fue resuelto por la destacada participación de Minujín en la última edición en Kassel, Alemania, donde recreó su monumental Partenón de libros prohibidos. Marta Minujín fue y vino a New York alrededor de 20 años. “En esa época todos me conocían acá, porque el mundo del arte era mucho más chico que ahora, y más genial”, comentó. “Con Andy Warhol íbamos a todas las fiestas, a la Gala del Met con los Velvet Underground”.

Una breve escalera, con paredes rosa esponjas multicolores, espejos y cajitas de cosméticos Mary Kay asumen la distribución de un santuario popular, mientras un par de performers invitan a maquillarse: con aromas, texturas y mecanismos para generar confusión.

Quienes atraviesan el laberinto le quedaron el efecto buscado de haberse perdido algo. ¿Una particularidad de los tiempos de exceso de información? Y otras sorpresas: la habitación blanca, iluminada de luz fría, tiene entrada y salida con puertas de heladera.

Una calesita cubierta de cintas coloridas abre compuertas: un laberinto sin salida de intestinos construidos con bolsas de plástico rosa, un sendero blando y sinuoso con gomaespuma en las paredes, o esa habitación oscura con una cantidad generosa de una suerte de juncos colgados como bolsas de boxeo, cada uno con textura diferente.

Cuando La Menesunda cumplió 50 años, se realizó la reconstrucción en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, a partir de imágenes del archivo de la propia Minujín. De  Buenos Aires llegó entre un 20 y un 30 por ciento (los neones, un disco telefónico enorme, entre otros elementos), pero la mayor parte se construyó en Estados Unidos, planteándole un desafío.

El montaje de la Gran Manzana parece detectar, además, no solo el carácter histórico de una obra que hizo ruido, sino el artístico, al marcar la influencia de Minujín en generaciones de artistas contemporáneos. Los curadores de esta Menesunda “recargada” destacan su temprana apuesta por el arte, que “anticipó la obsesión contemporánea por los espacios interactivos y la búsqueda de experiencias intensas que definen hoy a las redes sociales”.

Un breve programa de actividades marca este sendero. Por un lado, Minujín mantuvo diálogo público con Massimiliano Gioni -que es esposo de Cecilia Alemani, la curadora de Art Basel Cities Buenos Aires-; y además un panel de expertos debatirá sobre la obra de la artista más allá del pop: desde la historia del arte latinoamericano, el feminismo y el arte conceptual.

La expectativa es que la cola para ingresar a la Menesunda en Nueva York siga tan concurrida como el primer día, iluminados con los carteles de neón que no dicen nada literalmente pero que conectan a esta obra de manera intrínseca con las metrópolis: aunque fue concebida para exudar el espíritu de la calle Florida del Buenos Aires de la década del 60.

Marte Minujín es una artista única. Su obra es original y es un espectáculo. Aquí tal vez mereciera una mayor y mejor  atención. No es el único caso. La palabra cultural es un tic de los políticos. Sabrán que el destaque de un país tiene que ver con un prestigio cultural. Sabemos que está en la Argentina –incidentalmente- Marta Argerich la mejor y más conmovedora pianista del mundo?   ¿Habrá quien la escuche y rinda homenaje? ¿O será que no aportan votos? (Buen, Borges tampoco).


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