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así escapan (y luchan) los pueblos ucranianos tomados por Putin

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“Le contesto a todas sus preguntas si me promete una cosa. En el momento en que terminemos la entrevista usted coge el taxi y se va de aquí. Se hace tarde y no es la zona más segura para los periodistas. Aquí también hay partidarios del mundo ruso”, comenta un cirujano de 38 años que da asistencia médica primaria en el parking que se hizo conocido en todo el mundo por la llegada de los refugiados de Azovstal.

En la región de Zaporiyia, desde que empezó la guerra, han desaparecido centenas de personas, entre ellos políticos, activistas cívicos y periodistas. La nueva administración prorrusa de la ciudad está siendo acusada de torturas, humillaciones, amenazas y chantajes contra los que consideran una “amenaza”. La ciudad es ucraniana pero se notaba “una paranoia ligera” el pasado 9 de mayo durante la celebración del Día de la Victoria soviético. La tensión invisible se siente a nivel físico, en las conversaciones, en los testimonios de la gente que vive el horror de la guerra.

Hace un par de años Eugeniy era médico militar en el ejercito ucraniano pero después de una contusión tuvo una disección aórtica. Ahora, a pesar de todas sus peticiones, no le cogen en el ejercito. «Para alegría de mi esposa», dice. Eugeniy buscó otra manera de “echar una mano a la gente”. Cada día tiene decenas de pacientes y su trabajo consiste ahora principalmente “en cambiar vendas o limpiar heridas”. Muchos necesitan ir a urgencias pero se niegan porque quieren seguir huyendo lo más lejos posible.

Llegó un hombre con la piel azul por la cantidad de moratones… se notaba que le habían pegado muy fuerte y durante días

Es el caso de un hombre que llegó de Mariúpol con la piel azul por la cantidad de moratones que tenía. «Se notaba que le pegaron muy fuerte y durante días», comenta Eugeniy. «Le secuestraron los rusos. Es capellán del ejercito ucraniano y sabía que le matarían si se enteraban de que pertenecía al ejército. Como solo le delataban sus calcetines, con el escudo cosido del ejército, se dedicó toda la noche a deshilacharlo… y así logró sobrevivir».

Huir a toda la costa

Iryna, otra voluntaria del centro de acogida de refugiados, relata que la gente huye a toda la costa. Los checkpoints rusos confiscaron el coche a mucha gente y cuenta la historia de una mujer que «caminó 40 kilómetros hasta que las suelas se le borraron y terminó su camino descalza». La situación actual, dice, se parece mucho a la que le contaron sus abuelos sobre la Segunda Guerra Mundial. “Un grupo huyó desde Polohy en un coche pequeño con ocho personas dentro y a la abuela la llevaron en el maletero».

Cada vez más gente se marcha de pueblos como Gulyipole y Polohy. En la primera siguen las batallas callejeras y la ciudad está casi destruida. En la segunda, los rusos cuentan historias de terror muy parecidas a lo que sucedió en Bucha y Borodianka, hasta el punto de que muchos consideran ya a Polohy y sus pueblos cercanos como una “nueva Bucha”.

Coches con carteles que dicen «Los niños» huyen de Zaporiyia
Olha Kosova

“Un compañero salió a la calle a fumar y lo mataron. Nunca sabes, puedes ir a por el agua y no volver más. Tenían una lista de los que estuvieron en el ejército ucraniano, entraban en sus casas y lanzaban dentro granadas sin avisar”, comenta Grygoriy, de 53 años, un dentista que tenía una consulta privada antes de la guerra y ahora ha perdido todo. Cuando los rusos entraron a Polohy en la primera semana de marzo  tirotearon todo lo que vieron durante ocho horas, incluso la policlínica donde Grygoriy tenía su consulta. El jefe de la ofensiva decía que si no dejaban de defender la ciudad los iban a borrar de la “faz de la tierra”.

Un compañero salió a la calle a fumar y lo mataron. Nunca sabes, puedes ir a por agua y no volver más

Los rusos interrogaron a los médicos porque, antes de la guerra, el hospital albergaba una sede de la defensa territorial. A Grygoriy le amenazaron con meterle en una cámara de torturas como a otros activistas. Pudo escapar finalmente de Polohy en su coche con cuatro mujeres a bordo. No todos tuvieron esa suerte. Por la ventanilla vio a un hombre completamente desnudo en un coche con las ruedas pinchadas y una inscripción con pintura negra en el parabrisas: ‘Pidor’, la forma más despectiva de llamar a los homosexuales.

“A todos los que estaban en el ejercito ucraniano les llaman ‘gallos’, una forma muy vulgar que usan en prisión para llamar a los gays”, dice Iryna, de 56 años y vecina del del pueblo de Smyrnove. La mujer relata cómo apenas ocho horas después de escapar de su pueblo, entraron los rusos a su casa y la destruyeron porque buscaban a su hija y a su hijo como pertenecientes al ejército de Ucrania. Los vecinos les delataron. Ahora está a salvo esperando ayuda humanitaria en el centro de refugiados.

Iryna, con su hija soldado en el Ejército ucraniano
Iryna, con su hija soldado en el Ejército ucraniano
CEDIDA

Una mujer a su lado comenta que su marido no quiso dejar su pueblo, así que le dijo que iba a Zaporiyia a por medicinas para su corazón. No le confesó que no iba a volver. También cuenta su historia Larysa, profesora en la escuela local de Kopani, muy indignada porque los soldados rusos expropriaron el autobus escolar. “No tenía miedo porque al no tener Internet ignoraba lo que había pasado en Bucha. Me acerqué y les dije que, a mí, su actividad militar no me importaba mucho, que los niños ahora no tenían manera de ir a la escuela. Me prometieron devolverlo, pero no cumplieron su palabra. Llenaron el autobús con las cosas robadas del pueblo, pero no fueron muy lejos porque se se les estropeó en el camino. Lo que es el destino”.

Larysa, la profesora que se enfrentó a los soldados rusos
Larysa, la profesora que se enfrentó a los soldados rusos
Olha Kosova

Según Larysa no todos los soldados rusos son malos, en algunos de los checkpoint le decían que no les gustaba esta guerra, que querían volver a casa y que encantados le dejarían pasar pero que había órdenes. “Son niños tontos que no saben ni hacer la guerra, algunos de ellos ni sabían cómo usar la minas”, añade Laryssa. La mayor parte de la región ya está bajo control ruso. Pero al mismo tiempo crece la resistencia. En Melitopol murieron 60 soldados rusos de forma misteriosa. Detrás está la acción de los partisanos ucranianos. En Berdiansk hay grupos de gente infiltrada.

Crece la resistencia en las zonas ocupadas

Las batallas por la región de Zaporiyia siguen siendo duras. Olga, una mujer de 40 años, dice que no hay que olvidar la historia de esta región legendaria, cantada en las canciones, cuna de la libertad y la democracia ucraniana. Es la tierra de los famosos cosacos que lucharon aquí hace siglos. La isla de Khortytsia ha sido bastión de los cosacos y las corrientes del río Dnipro, una barrera natural contra los enemigos.

Junto a sus amigas, Olga ayuda al ejército ucraniano de manera espiritual: revisa las energías de los políticos locales que podrían colaborar con los rusos y ponen defensas a la región. Se comunican, sin embargo, de una forma más moderna, a través de un grupo privado en Telegram. 

«Los rusos no podrían instalarse en Zaporiya», continúa Olga. «¿Ha oído hablar de los caracternyky, verdad? Eran cosacos con tanto éxito militar que les atribuían una fuerza paranormal. Las balas les evitaban de forma mágica. En Khortytsia hay sitios que pueden dar una fuerza enorme, y hay sitios que te la quitan. Zaporiyia es mi lugar de fuerza. Con mi grupo de amigas hacemos cosas a estos soldados rusos. Nada malo… solo para que les entren las ganas de volver a su mamá y papá», sugiere con orgullo.


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