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Austria vota con los conservadores como favoritos y la incógnita de si repetirán alianza con la ultraderecha | Internacional

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Austria celebra este domingo elecciones generales con un claro favorito a la victoria pero con la incógnita de qué coalición acabará formando gobierno. El excanciller Sebastian Kurz, de 33 años, encabeza las encuestas con una intención de voto de entre el 32 y 34%, por lo que necesitará socios. El líder democristiano ha afirmado durante la campaña que pretende hablar con todos los partidos y no ha descartado como posible aliado a la ultraderecha (FPÖ), con la que rompió el pasado mayo a raíz del escándalo de corrupción que afectó a esta formación y que desembocó en los comicios adelantados en los que están llamados a las urnas 6,4 millones de electores (de una población total de 8,8 millones de habitantes).

Kurz ha sobrevivido con la popularidad casi intacta a la mayor crisis política en la historia reciente de Austria y al fracaso estrepitoso de la alianza que forjó tras las elecciones de octubre de 2017 con el FPÖ, que de la mano del conservador entró por tercera vez en un Ejecutivo nacional.

La publicación por dos medios alemanes de un vídeo grabado con cámara oculta al ya exlíder ultra Heinz-Christian Strache en una casa en Ibiza acabó entre sospechas de corrupción con el primer Gobierno de Kurz. En la grabación, realizada en el verano de 2017, Strache proponía a una falsa oligarca rusa contratos públicos a cambio de ayuda de cara a las elecciones de aquel otoño, que le convertirían en vicecanciller de la mano del ÖVP. El dirigente ultra también apuntaba vías de financiación ilegal para su partido y sugirió a su interlocutora la compra del periódico popular más vendido de Austria y echar a los periodistas críticos.

El escándalo costó el cargo al vicecanciller ultra, que dimitió. Kurz decidió finalmente finiquitar la cooperación con el FPÖ tras solo 15 meses de gestión conjunta -uno de los Gobiernos más breves de la historia austriaca- marcada por comentarios racistas y antisemitas por parte de dirigentes de la extrema derecha y polémicas intervenciones del ministro ultra del Interior Herbert Kickl, protagonista de una redada en los servicios secretos interiores que ha costado al Gobierno la confianza de muchos aliados en el exterior, y de un llamamiento a “concentrar” a los refugiados en lugares concretos en un país con pasado nazi.

Días después de saltar el caso Ibiza, el Parlamento retiró la confianza a Kurz, que se convirtió así en el primer canciller destituido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Un Gobierno técnico ha asumido la gestión hasta las elecciones de este domingo, en las que se elige a 183 diputados.

Kurz, que se ha presentado como víctima de las maquinaciones ultras, no ha acusado el golpe del caso Ibiza. Los sondeos incluso le auguran un resultado por encima del 31,5% que logró en 2017 y que devolvió a los conservadores a la cancillería. “Yo espero que gane por todo lo alto y que no cambie, que no se mueva hacia la izquierda”, afirma S. G., de 70 años, tras votar en un colegio electoral del centro de Viena. Por la misma puerta sale Esra K., estudiante de Psicología de 23 años, que confía en todo lo contrario. “Hace falta un cambio, y espero del próximo Gobierno más transparencia y capacidad de acuerdo. Y que se mueva en la crisis climática”.

El resto de partidos ha instado al democristiano a no repetir la coalición con los ultras, con los que mantiene la mayor coincidencia programática, y se abre a conversaciones para intentar una alternativa, en la que podrían tener cabida Los Verdes, los liberales y los socialdemócratas (SPÖ).

“Los austriacos tienen en sus manos evitar la continuación del pacto”, ha clamado este domingo al depositar su voto la candidata socialdemócrata, Pamela Rendi-Wagner. El SPÖ mantendría la segunda plaza, según la mayoría de las encuestas, con entre el 20 y 23%, por debajo del 26,9% que consiguieron hace dos años y a gran distancia del probable vencedor de la jornada. Rendi-Wagner, de 48 años y la primera mujer en dirigir la formación (desde septiembre de 2018), ha traído nuevo brío a un partido que no ha superado la salida del poder en 2017 y pierde electores tanto hacia Los Verdes como hacia la ultraderecha, que se ha erigido en defensor de la clase trabajadora y araña desde hace tiempo la base de votantes socialdemócratas. Rendi-Wagner, que ha luchado también con el rechazo de parte de la vieja guardia del partido, podría toparse así este domingo con el peor resultado de la formación desde la fundación de la Segunda República de Austria en 1945.

La ultraderecha ha intentado disputarle hasta el último minuto el segundo puesto. A pesar del escándalo de Ibiza, el partido ultranacionalista ha contenido la caída y mantiene una sólida base electoral y ronda el 20% de los votos, frente al 26% de hace dos años. Con Norbert Hofer, de 48 años, como nuevo líder, el partido ha situado a la cabeza a la cara más ‘amable’ de la formación -aunque igualmente dura en la retórica contra la migración y el islam- para intentar convencer a Kurz de reeditar la coalición y “no escorarse hacia la izquierda”.

Sin embargo, en los últimos días, un nuevo escándalo en torno a Strache salpica al partido, que teme caer por debajo de las expectativas que le dan las encuestas. El exlíder, que se presentó durante años como el adalid del ciudadano de a pie al que había que defender frente a las élites, es investigado por la fiscalía por supuestamente endosar altas facturas de gastos personales al partido, que también habría pagado parte del alquiler de su vivienda, entre otros costes.

En una campaña en la que la preocupación por el cambio climático ha sustituido a la migración como tema principal de debate, Los Verdes enfilan hacia el Parlamento con una intención de voto de entre el 11 y 13% con Werner Kogler, de 57 años. El partido ecologista no logró entrar en el hemiciclo en 2017 tras una etapa de conflictos internos que llevaron a que uno de sus dirigentes históricos, Peter Pilz, de 65 años, se presentara con una lista propia y sí lograra escaños. Esta vez, aupados por el debate de la lucha contra el calentamiento global, Los Verdes confían en regresar al Parlamento. Con cerca del 8%, también estarán presentes los liberales de Neos, encabezados por Beate Meinl-Reisinger, de 41 años.

Con la victoria al alcance de la mano, Kurz puede renovar su alianza con la extrema derecha, o aliarse con Los Verdes y liberales, para lo que afrontaría una difícil negociación, dada la distancia con las posturas ecologistas tanto en la cuestión climática como la política migratoria. Abierta está también la opción de probar de nuevo con los socialdemócratas, ya que los dos partidos más importantes del país han gobernado juntos durante décadas. Sin embargo, Kurz desechó esa opción en 2017 por considerar que la gran coalición estaba agotada y era incapaz de llevar adelante reformas. La sintonía con los socialdemócratas no ha mejorado desde entonces.


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