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Berlinale: la hora de las plataformas digitales

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Hoy no se necesita ir al cine o tener un aparato de televisión para ver las últimas películas y series. Las computadoras, tabletas y smartphones traen nuevos canales de distribución. Ahora se habla de plataformas, un menú expandidos de opciones para ver films y shows de televisión. Existen, sin embargo, barreras ideológicas, dependiendo del modelo de internet, que también está en flujo: en un extremo el norteamericano, de acceso libre, financiado con publicidad especializada según el usuario; en el otro el chino, controlado por el estado, y en la franja intermedia, el europeo, interesado en proteger la privacidad del consumidor.

En el EFM se ha visto en los últimos años el poder económico de las llamadas OTT – “Over the top content providers”. Son las nuevas empresas digitales que ofrecen un servicio de “streaming” de programas producidos por otros, o que ellas generan, utilizando internet como vehículo y bocas de expendio como computadoras, tabletas y teléfonos inteligentes. Lo radical del nuevo modelo es que estas compañías -Netflix, Amazon, Hulu, Sky, YouTube- y otras menores, prescinden de las empresas de telecomunicaciones, los cines y la televisión de aire y cable, para hacer su negocio. Funcionan sobre la base de servicios de suscripción -VOD, “video on demand” – y venta de publicidad especializada.

Estas OTT saltan por encima -“over the top”- de las plataformas tradicionales, que hasta ahora controlaban contenido, distribución y precio de películas y programas. Hay que tener en cuenta, para entender la evolución del modelo, que estas OTT, inicialmente vehículos para entregar contenido al usuario, han devenido en los últimos años proveedores de programas, y que empresas de cine y televisión, integrantes de conglomerados de entretenimientos, como Warner Bros, Universal, Disney, HBO, buscan integrarse a empresas de telecomunicación, para adquirir vehículos propios (Warner Bros. y ATT están en ese proceso). Este proceso de integración vertical no es nuevo; así se formaron los estudios norteamericanos clásicos, y décadas antes las grandes compañías de petróleo, acero, electricidad. Lo novedoso aquí es la magnitud global del fenómeno.

En este paisaje mediático en flujo constante se inserta el EFM, barajando nuevas variables de un año a otro. Llegan al mercado productores de cine y televisión, sobretodo de Europa, que buscan financiación para producir o terminar películas y series, con el mecanismo de las “pre-sales”, o ventas previas para armarse de capital. Las pre-ventas siempre han existido, pero en la era digital presentan características propias. Cómo se determina el precio de una “pre-sale” a Netflix o Amazon? Quién fija el precio? Cómo se calculan los espectadores? Cómo se hace una propuesta de miniseries de la que sólo hay un concepto, o un guión, o actores que pueden atraer a inversores internacionales? De qué otros factores depende el monto de una “pre-sale”? Del territorio? Del tipo de programa? Qué shows funcionan internacionalmente? Cómo se evalúan los gustos del público en una país, o en una región?

A través de una iniciativa reciente del EFM y del festival, volcada en dos programas complementarios, el “Drama Series Days” y la sección “Drama Series”, abiertos también al público y la prensa, se puede examinar de manera concreta el estado del negocio. En los paneles, presentaciones y proyecciones de siete series seleccionadas se buscan respuestas y proponen cursos de acción. Vale la pena explorar la página web del evento: www.dramaseriesdays.com. Es una buena estrategia –una suerte de curso online gratuito- para entender no sólo cómo funciona ahora el mercado global del entretenimiento sino también para anticipar direcciones. Será interesante seguirle la pista a dos de las miniseries promovidas estos días y ver en qué plataformas terminan: la austríaca “M – A City Hunts a Murderer”, basada en el clásico de Fritz Lang, “M”, y “Hanna”, expansión de un policial de 2011. Si los casos recientes de “Roma”, el film autobiográfico de Alfonso Cuarón, y la miniserie “Babylon Berlin2, dos proyectos financiados por Netflix, sirven de referencia, el gran gigante mediático las llevará a su redil.

Un rudo golpe a tanta esperanza de mundo intercomunicado sobre la que está predicado el EFM, fue el retiro abrupto de la Competencia de la última película de Zhang Yimou, “One Second”. Lo hicieron las autoridades de la República Popular de China, hace unos días, “por razones técnicas”, según el escueto comunicado del festival. Los comisarios culturales habrán pensado que por desarrollarse durante la Revolución Cultural, el largometraje les daba mala prensa. Las expectativas en la Berlinale eran grandes, especialmente porque Zhang Yimou empezó aquí su carrera internacional en 1988, representando con “Sorgo rojo” a una generación brillante de nuevos realizadores. Lo que vio esta Berlinale fue cómo funciona la Gran Muralla de Fuego.


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