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Bloomberg inunda de millones California para meter la cabeza en las primarias demócratas | Estados Unidos

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El candidato de las primarias del partido demócrata que más aparece en televisión en Estados Unidos no ha ganado nada hasta ahora. Ni siquiera se presentaba. El magnate y exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg ha apostado toda su campaña a una sola carta, este martes, el llamado supermartes, cuando 14 estados votan en las primarias. Bloomberg ha eludido por completo la campaña casa por casa de estados como Iowa. Su apuesta es a lo grande, en los estados grandes. Un solo golpe.

La fuerza de ese golpe es el dinero. Bloomberg tiene 78 años y una fortuna de 60.000 millones de dólares. Es la primera vez que Estados Unidos ve cómo se hace una campaña electoral con recursos ilimitados. Hasta el pasado 24 de febrero, había gastado más de 500 millones de dólares en anuncios de televisión en estados del supermartes. Es una media de 5,5 millones al día. Son 190 millones más que todos sus rivales juntos. La campaña acumula más de 2.000 personas en plantilla en todo el país que actúan como si el dinero no tuviera límite.

El calendario de primarias de Estados Unidos se divide entre cuatro estados que votan primero, los llamados estados tempranos, y todos los demás. El objetivo de votar primero en Iowa, New Hampshire, Nevada y Carolina del Sur es descartar candidatos inviables y que queden como mucho dos, evitando así además tener que hacer una costosísima campaña nacional. En 2020, eso no ha sucedido. El domingo quedaban dos candidatos, Bernie Sanders y Joe Biden, que pueden decir a los votantes demócratas que son capaces de ganar algo en estas primarias. Cualquier opción de discutir esa realidad pasa por este martes. Para Bloomberg, es la primera vez que se expone en las urnas, y puede ser la única.

El mayor premio del supermartes es California. El estado más poblado de Estados Unidos (39 millones de habitantes) decidió adelantar sus primarias para que sus votos tuvieran más peso en la nominación, quizá sin esperar que iba a ser tan importante. En los primeros cuatro estados se repartían 155 delegados para la convención de julio en la que se nomina al candidato. California sola reparte 415. No va a ser solo el desempate. Si alguien gana con autoridad en California, los demás tienen pocos argumentos políticos para seguir adelante, más que el de frenar a esa persona en concreto. Las encuestas dicen que Bernie Sanders tiene alrededor del 30% de intención de voto. Biden, Bloomberg y Elizabeth Warren se disputan la segunda posición a más de 15 puntos.

Linda Lopez, directora política de la campaña de Bloomberg en California, el pasado martes en la oficina de Los Ángeles.

La incontestable victoria (48%) de Joe Biden este sábado en Carolina del Sur ha devuelto a su campaña algo más importante que los delegados en este punto de la carrera: credibilidad. Se presenta en California con la sensación de que es viable, que no es un voto perdido y que él es la verdadera alternativa moderada a Bernie Sanders. Hace solo 48 horas eso no estaba tan claro.

En este contexto, Bloomberg aparece este martes por primera vez en la papeleta. Su mensaje es el mismo, pero sus recursos son ilimitados. Al contrario que Biden, lleva meses haciendo campaña en los grandes estados. Para ver el despliegue del magnate en California basta con pasar por delante de la oficina en el centro de Los Ángeles. Es un loft gigantesco recién reformado con una gran cristalera a la calle. La mercadotecnia de la campaña se apila en las mesas. Hay cuadros por las paredes, varias pantallas de televisión. El ambiente es de empresa hípster.

“Mike tiene un currículum que demuestra que hace las cosas”, decía en una entrevista con EL PAÍS el pasado martes la directora política de Bloomberg en California, Linda Lopez. “Las políticas que hemos diseñado para California crean expectativas realistas sobre las cosas que más preocupan aquí como el clima, la educación, la inmigración y la economía”. La campaña busca “estar en lugares donde la gente no se involucra en política y los candidatos no van a verlos”. Por ejemplo, Bloomberg visitó a Compton, en el sur empobrecido de Los Ángeles. La estrategia es que los votantes que nunca han saludado a un candidato le vean en persona, y todos los demás le vean en televisión.

Hasta el pasado 24 de febrero, Bloomberg había gastado 63,2 millones de dólares en anuncios de televisión en California y 5,8 millones en Facebook. Por comparación, Sanders, la campaña que ha recaudado más dinero, ha gastado 6,3 millones en televisión desde enero y 1,5 millones en Facebook. Biden, 420.000 dólares.

Desde noviembre, Bloomberg ha abierto 17 oficinas en California y tiene más de 300 personas en plantilla. No busca solo el voto de las élites de las costas. La primera oficina la abrió en Riverside, en el interior empobrecido. El magnate ha estado en California cuatro veces en los últimos dos meses, mientras los demás se despellejaban entre ellos por unas decenas de delegados en los estados tempranos. La propia organización considera que es la mayor campaña política, en términos de recursos, que se haya visto nunca en California. No es la última oportunidad de Bloomberg. Es la única. Es una ofensiva total con una sola fecha: martes, 3 de marzo.

Lopez se metió en la campaña de Bloomberg porque “viendo el panorama, no parecía que ninguno de los candidatos pudiera ganar a Trump”. Esa es la idea que subyace debajo del mensaje de Bloomberg. Se presentó en noviembre pasado, cuando ya había más de 20 candidatos y nadie pensaba que hubiera sitio para más. Bloomberg aspira a recoger el voto motivado por la inquietud, razonable, de que un buen político quizá no sea suficiente para ganar en tiempos de Trump.

Ese es el voto, por ejemplo, de Robert y Janne Stoller, una pareja de septuagenarios de la costa rica al sur de Los Ángeles que el pasado martes entraron en la oficina de Bloomberg en el centro de la ciudad a mirar. “Sabe hacer las cosas y está en el centro”, decía Janne. “Pone el dinero en las cosas que dice”. Les parece que “Sanders es muy extremista y este país no está preparado”. Respecto a Biden, creen que “en realidad no quería presentarse”. “Espero que no sea muy tarde (para Bloomberg) y que los demás candidatos entiendan que tienen que concentrar el voto en el centro”, dicen los Stoller. Aun así, confiesan que votarán por cualquiera. “Votaré a Sanders si es el nominado, pero no creo que pueda ganar a Trump”.


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