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Brexit: Johnson se plantea mantener a Irlanda del Norte dentro de las reglas de la UE durante cuatro años tras el Brexit | Internacional

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Johnson ultima su discurso para el congreso de este miércoles. En vídeo, retransmisión en directo del discurso.

Ha llegado la hora definitiva. Las próximas 48 horas demostrarán si Boris Johnson desea realmente, como no ha dejado de repetir, alcanzar un acuerdo sobre el Brexit con la UE que evite una salida desordenada del Reino Unido el próximo 31 de octubre. El primer ministro va a utilizar su discurso final en el congreso de los conservadores en Manchester, que será clausurado este miércoles, para exponer los detalles de su propuesta para Irlanda del Norte. El llamado backstop (la salvaguarda irlandesa) ha sido durante tres años el principal escollo de las negociaciones. 

Johnson ha comenzado ya a transmitir su propuesta a los diferentes líderes comunitarios. “Dos fronteras para cuatro años”, ha sido bautizada. Sus principales detalles han sido ya adelantados por el periódico más alineado con las tesis euroescépticas, The Daily Telegraph. Supone un giro de 180º respecto a la solución que propuso en su día la ex primera ministra Theresa May. En su momento, el Gobierno británico acordó mantener a todo el Reino Unido dentro del espacio aduanero de la UE hasta acordar un nuevo y definitivo acuerdo comercial con los 27. Era el modo de contentar a los unionistas norirlandeses del DUP, cuyos 10 diputados sostenían la mayoría parlamentaria de May. Se evitaban disposiciones diferentes para un territorio como Irlanda del Norte.

Bajo el nuevo esquema, esa provincia del Reino Unido será sometida a un doble esquema. Saldrá, junto con el resto del país, del espacio aduanero de la UE, y por tanto deberán establecerse controles a ambos lados de la isla. Pero a la vez, se mantendrá alineada por un periodo de cuatro años, finalizado el periodo de transición, con las reglas del Mercado Interior. Es decir, al menos hasta 2025. A partir de entonces, será la propia Asamblea de Irlanda del Norte la que decida si se mantiene en esa situación o pasa a funcionar con el mismo esquema que el resto del Reino Unido. La doble idea de que la solución esté limitada temporalmente y se conceda la última palabra a los políticos del Úlster podría servir finalmente para que el DUP dé su brazo a torcer y apoye a Johnson.

“Me temo que después de tres años y medio, la ciudadanía comienza a creer que les están tomando por tontos. Comienzan a sospechar que hay fuerzas en este país que simplemente no quieren que haya Brexit. Y si sus sospechas se confirmaran, creo que habría graves consecuencias en el grado de confianza hacia nuestras instituciones democráticas”, dirá Johnson a los delegados, según la transcripción adelantada ya a los medios británicos.

El Gobierno irlandés ha reaccionado de inmediato, para calificar de “inaceptable” un plan a medida de las exigencias de los euroescépticos que trocea a su gusto las reglas del Mercado Interior. “Propone escoger ciertas reglas del Mercado Interior para que las cumpla Irlanda del Norte, pero no todas. Y plantea un límite temporal a la solución, algo que de nuevo es inaceptable”, ha dicho Helen McEntee, la minisra irlandesa para Asuntos Europeos.

La propuesta para Irlanda del Norte de Johnson contiene aún muchos condicionantes, y es un punto de partida que, en los últimos tres años, nunca ha convencido al equipo negociador de Bruselas. En primer lugar, rompe con la idea defendida hasta ahora de que la frontera entre las dos Irlandas debe permanecer completamente invisible, para preservar la paz alcanzada en el Acuerdo de Viernes Santo de 1998. La necesidad de establecer nuevos controles aduaneros, aunque Downing Street sugiera que su localización se aleje en varios kilómetros de la frontera física, supondrá un nuevo foco de tensión. La violencia en el Úlster sigue latente, y cualquier instalación que recuerde vagamente que la isla sigue partida en dos sería un reclamo para las fuerzas violentas.

Además, Londres reclama para su plan una serie de excepciones aduaneras entre Irlanda del Norte y la UE que Bruselas no ha estado hasta el momento dispuesta a contemplar.

Estos son, según The Daily Telegraph, los principales puntos de la propuesta:

Aduanas

Desde el primer momento, Irlanda del Norte abandonará el territorio aduanero de la UE junto con el resto del Reino Unido. No habrá una salvaguarda. Una vez concluido el periodo de transición, en 2021, el país tendrá plena libertad para negociar sus propios acuerdos comerciales con otras naciones. Esto requerirá puestos de control aduaneros entre los dos territorios irlandeses. La propuesta contempla alejarlos todo lo posible de la frontera física, para evitar perturbaciones. Si la UE no garantiza excepciones en blanco, basadas en la buena fe de las partes, las empresas se verán obligadas a sellar y dotar de códigos de barras a sus contenedores. Todos deberán ser presentados en los puestos de control, a no ser que las compañías echen mano de un servicio del llamado comercio de confianza (trusted traders) que agilice los trámites y evite retrasos.

IVA

El Gobierno británico exige que Irlanda del Norte quede exenta del IVA europeo, y desaparezcan por tanto sus controles. Será un escollo muy importante en las negociaciones de las próximas horas.

Mercado Interior

Downing Street propone que Irlanda del Norte permanezca completamente alineada con el Mercado Interior europeo en cuanto a sus productos agroalimentarios y manufacturados. Obedecerá las reglas actuales y las futuras, y se someterá a la jurisdicción del Tribunal Europeo de Justicia. El nuevo esquema durará cuatro años, desde el fin del periodo de transición (2021) hasta el 2025. Supondrá un nuevo sistema de control aduanero y fronterizo en el mar de Irlanda, entre las dos islas. Necesitarán desarrollarse nuevos sistemas que faciliten las declaraciones de bienes antes del transporte. Después de cuatro años, la Asamblea de Irlanda del Norte podrá decidir si mantiene ese estatus o se sale de él completamente.

Reglas laborales, de consumo y medioambientales

El Reino Unido se ha comprometido a alinear sus leyes a las de la UE en materia de derechos laborales, de protección al consumidor y de defensa del medioambiente. Sin embargo, bajo la nueva propuesta, no estaría vinculado legalmente a respetarlas. Lo mismo sucedería con Irlanda del Norte. Los negociadores británicos confían en que un territorio tan pequeño como el Úlster no cause mucho quebranto a Bruselas en su celo por preservar la homogeneidad del Mercado Interior.

Boris Johnson se la juega en su último envite, pero con red de seguridad. En primer lugar, siempre podrá echar la culpa a la UE si su intento de alcanzar un acuerdo fracasa. En segundo lugar, la cercanía del 31 de octubre ha comenzado a crear tal vértigo a ambos lados del Atlántico que quizá logre de Bruselas la flexibilidad que hasta ahora le negaba. Y en tercero, si todo falla, tendrá la excusa perfecta para seguir adelante con la salida de la UE que prometió a sus seguidores.

Sigue habiendo muchos peros, sin embargo. Cualquier acuerdo con los 27 deberá ser sometido de nuevo a la Cámara de los Comunes. Johnson calcula que puede contar con el apoyo de la mayoría de los conservadores, de los diputados unionistas norirlandeses y de un puñado de laboristas que quieren dejar atrás como sea la pesadilla del Brexit.


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