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Caída: de rey de la comida rápida vegetariana en la India a prisión por asesinato

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P. Rajagopal es el fundador de la cadena Saravana Bhavan Fuente: AFP



CHENNAI, India.- La vida de P. Rajagopal es digna de película. Este pionero de la comida rápida vegetariana del sur de la

India

, que se hizo rico partiendo de la nada, terminará sus días en prisión por el asesinato del marido de una mujer con la que quería casarse.

































El “rey de la dosa” (una crepe típica del sur del país) tiene 71 años. Siempre va vestido de blanco y luce una señal hindú en la frente. Hace 40 años fundó en Tamil Nadu la cadena Saravana Bhavan, que actualmente tiene más de 80 establecimientos a nivel internacional.

Una carrera brillante, pero Rajagopal probablemente morirá en la cárcel. En marzo pasado, el Tribunal Supremo indio confirmó su condena a cadena perpetua por haber ordenado matar al marido de una mujer a la que quería tomar como tercera esposa.

























Tras perder los recursos judiciales, Rajagopal tiene de plazo hasta el domingo próximo para presentarse ante las autoridades penitenciarias.



















“Rajagopal es un ejemplo de cómo se pueden subir escalones en la sociedad trabajando duro”, explica G. C. Shekhar, periodista de la revista Outlook en Chennai, la capital de Tamil Nadu. “Lo que lo llevó a la caída fue su debilidad por las mujeres y su convicción de que era tan poderoso que podía hacer asesinar a alguien y seguir como si nada”.


















Democratización

Este vendedor de la casta baja abrió en 1981 su primer Saravana Bhavan, en una época en la que los indios no solían comer en restaurantes. Su secreto: una higiene y una calidad irreprochables.









En su cadena se servían platos vegetarianos muy sabrosos. “La gente decía: ‘si voy a comer a Saravana Bhavan, no me dolerá la panza'”, cuenta D. Suresh Kumar, periodista del diario The Hindu.




La imagen de Rajagopal, en un menú de su cadena de comida vegetariana, en Chennai Fuente: AFP






La marca tuvo éxito y muchos acudían a sus establecimientos atraídos sobre todo por el sambar (sopa típica) y su café, a pesar de los precios más elevados que los de otros restaurantes tradicionales.

“Si una familia de clase media baja quería salir, darse un gusto o celebrar algo, Saravana Bhavan era el lugar al que había que ir. Antes solo las clases medias altas y las más altas podían pagarse un buen restaurante. De alguna manera este hombre los democratizó”, afirma G. C. Shekhar.









A cambio de buenos salarios y ventajas sociales, Saravana Bhavan pedía a sus empleados un servicio y aspecto impecables, aunque para ello les tuviera que pagar un turno en el dentista.

Los mozos sentían tal devoción por él, que lo llamaban “Annachi” (“Gran Hermano”). Sus restaurantes suelen estar adornados con representaciones de dioses hindúes y con dos fotos de Rajagopal: una con sus hijos, que han tomado la posta, y otra con su gurú.



Dosas y pizzas

En los albores de los 2000, en la edad de oro de su imperio, el empresario se empecinó, posiblemente por consejo de un astrólogo, con casarse con la hija de uno de sus empleados. “Estaba obsesionado con ella”, afirma D. Suresh Kumar.

Pero la joven ya estaba casada y lo rechazó. Durante meses él acosó al marido, a la mujer y a su familia con amenazas, palizas, secuestros y ritos de exorcismo.

Una primera vez ordenó a uno de sus hombres matar al marido, pero él en vez de hacerlo le avisó y le aconsejó que huyera. A su jefe le dijo que lo había matado atándolo a vías por donde pasaba un tren.

El marido y la esposa fueron a verlo para implorarle piedad. Días más tarde el esposo fue hallado estrangulado en una montaña.

En el extranjero la cadena atrae a una diáspora que añora al país, pero en su región natal ha perdido afluencia porque con la apertura de la India al mundo el nivel de vida subió y las costumbres culinarias evolucionaron.

Cuando Rajagopal empezó, “no se encontraban pizzas, hamburguesas o sándwiches”, explica D. Suresh Kumar, de The Hindu. “Hoy, en Chennai, hay acceso a la cocina africana o europea. La gente quiere probar otras cosas”.


Agencia AFP










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