Inicio Opinión Cambiar de opinión es higiene mental

Cambiar de opinión es higiene mental

12 minuto leer
Comentarios desactivados en Cambiar de opinión es higiene mental
0


“¡Hay que ser muy, pero muy imbécil para creerse una cosa así!”. “¿No te da vergüenza decir semejante barbaridad?” “Mantener una opinión como la tuya solo es posible si sos un perfecto ignorante.” Así, en beldades como estas, transcurre muchas veces lo que llamamos una “discusión”, fenómeno social que existe, según acabo de leer en un libro, desde que nuestros antepasados vivían en los árboles, época en la que se gestó el instinto tribal. La vehemencia con la que discutimos se ha acelerado en la era de las redes sociales, dando lugar a la invención de palabras o frases como “posverdad” y “fake news” y a los nuevos peligros de la vieja polarización.

El libro que acabo de leer es de un periodista científico estadounidense llamado David McRaney y se titula ‘How Minds Change’, ‘Cómo cambiar de opinión’. Es urgente el objetivo, diría. Sea el tema Trump, o Putin, o el kirchnerismo, o el chavismo, o el aborto, los bandos rivales cavan trincheras cada día más profundas. No hay dialogo; hay sordera. “Fake news” es lo que creen los otros.

Como yo no me considero inocente de estos defectos (las tres frases con las que arranco esta columna salen de mi boca con alarmante regularidad) leí el libro de McRaney en un afán no solo de buscar recetas para mejorar el mundo sino de civilizarme a mí mismo.

Primero, un diagnóstico del problema. McRaney señala que proviene más de la emoción que de la lógica. Por eso si a lo que aspiras es persuadir, un buen consejo sería que el enemigo a vencer no es el intelecto sino los sentimientos.

La persuasión jamás va a funcionar si consiste, como dice McRaney, en un intento de derrotar a tu rival con hechos o de aplastarle con tu superioridad moral. “Si el otro cree que tú lo ves como un tonto crédulo o como una mala persona entonces por supuesto que resistirá y los argumentos que presentas serán inútiles.” O sea, llamarle “un imbécil” quizá te haga bien a ti pero se indignará y se aferrará a su idea con redoblada convicción.

Entonces, ¿cuáles son los pasos a seguir? Primero, dice McRaney, establece una relación de respeto con el que piensa diferente. Asegúrale que tu propósito no es vencerle o avergonzarle. Segundo, pídele que te cuente su versión de la verdad. Tercero, repite su explicación en tus propias palabras, para mostrarle que le has entendido bien. Cuarto, una vez establecido este consenso inicial, pregúntale cómo llegó a su opinión y hasta qué punto está convencido de su veracidad. ¿100 por ciento? ¿80 por ciento?

Si dice que 100, preguntale por qué para que siga viendo que lo tomas en serio. Si dice que menos de 100 intenta explorar, pero con cautela, ese punto de duda. En cualquier caso, acaba la conversación con amabilidad y, como mínimo, habrás reducido la posibilidad de que en este particular caso de polarización el desacuerdo pase al odio. En el mejor de los casos habrás sembrado la posibilidad de que con el tiempo la otra persona modere o cambie su punto de vista.

Como ejemplo, McRaney cuenta cómo transcurrió un acto público en el que conversó con Mark Sargent, un terraplanista que se ha hecho famoso en YouTube. McRaney no le planteó ninguna de las abundantes pruebas de que el mundo es esférico. No le gritó, “¡Habla con un astronauta, boludo!”. Más bien cedió el protagonismo a Sargent, le permitió que se extendiera en sus razones para creer que la tierra es más disco de vinilo que pelota de fútbol. No fue tanto una debate como un intercambio de ideas.

Finalmente McRaney le preguntó si cambiaría de opinión en el caso de que recibiera pruebas de que se había equivocado y Sargent respondió que sí, “en un segundo”. Con lo cual McRaney dio la conversación por concluida, los dos se retiraron del escenario y Sargent le comentó que nunca había tenido una conversación tan grata sobre su gran obsesión. La sutil victoria de McRaney fue que Sargent demostró su disponibilidad, en principio, a corregirse.

Comparo esto con cómo exploté en una cena esta semana cuando alguien propuso que Putin quizá tenía excusas razonables por haber invado Ucrania. Palabras como “imbécil” o “ignorante” se quedan muy cortas. Me ruborizo al recordar el episodio porque siempre he sabido en teoría que uno tiene que hacer el esfuerzo de escuchar el punto de vista del otro con la mente abierta, pero en la práctica me cuesta.

Sin embargo, lo quiero intentar. Y este libro me está ayudando. Leí un artículo en the Financial Times esta semana que me hizo cuestionar una opinión que había tenido muy clara. Tal es el rechazo que me genera Putin, tan visceralmente detesto la tiranía, la crueldad y la mentira que representa, que la necesidad de aumentar el gasto militar de la OTAN tras la invasión de Ucrania se convirtió rápidamente para mí en un artículo de fe. Me convencí de que aquellos en la izquierda europea que se oponían a gastar en armas lo que se podría gastar en, por ejemplo, educación eran como “los tontos útiles” que apoyaron en su día a Stalin. La democracia está en juego, ¿no lo ven?

Pero el artículo del Financial Times me hizo reflexionar. Explicó, entre otras cosas, que ya hoy el gasto militar de los europeos de la OTAN es cinco veces mayor que el de Rusia; que si se suma el gasto de Estados Unidos, es casi dieciocho veces mayor. El artículo agregó que cuántas más armas y más soldados haya, más posibilidad habrá de más guerras estúpidas. No voy a decir que he cambiado totalmente de opinión. Aún necesito escuchar más argumentos. Pero me abro a la posibilidad de que quizá me haya equivocado.

Ahora, tras este pequeño avance en higiene mental, espero poder aplicar un similar rigor a otras de las grandes certezas que laten en mis entrañas. Pruébenlo ustedes, queridos lectores y queridas lectoras. Lo recomiendo. La autocrítica es saludable. La ausencia de la duda conduce a demasiados de los males del mundo.


Link de la Fuente

Cargue Artículos Más Relacionados
Cargue Más Por Mundo Político
Cargue Más En Opinión
Comentarios cerrados

Mira además

La CGT Lomas selló la unidad y consagró al nuevo triunvirato de conducción

Con la participación de 93 organizaciones sindicales, la CGT Regional Lomas de Zamora sell…