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CAMBIAR ES GOBERNAR. | 7miradas

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Por: Luis Tonelli. “Gobernar es poblar”, decía Alberdi. “Gobernar es educar” podría haber dicho Sarmiento. ”Gobernar es administrar” puede ponerse en boca de Roca. “Gobernar es que todo voten”, diría un Yrigoyen. “Gobernar es alcanzar la justicia social”, sería la frase de Perón. “Gobernar es democratizar” hubiese dicho quizás Alfonsín.

¿Y para el Presidente Mauricio Macri?. Asumió confiando en el lema “Gobernar es Cambiar”. Y lo creyó. Sinceramente. Tan sinceramente que dio por hecho el cambio si CAMBIEMOS llegaba al poder. Abrazó entusiastamente así el cambio. Y así descuidó el gobierno.

Porque para cambiar hay que gobernar. Más. Mucho más. Porque gobernar para el cambio es muchísimo más difícil que gobernar con y para el status quo. El Presidente no solo carece de esas capacidades políticas, sino que las aborrece. Toda acción de gobierno se apoya en un trípode: la gestión administrativa (para proveer eficiente y eficazmente las políticas públicas necesarias); la acción política -tanto frente a los políticos como al “círculo rojo social”- (para hacer posible la gestión administrativa); la comunicación (para informar y mantener el apoyo de la opinión pública).

El Presidente Macri creyó en que la gestión de la comunicación iba a ordenar tanto la prioridad de las políticas públicas como disciplinar y hasta obviar a la política. Las cosas no funcionaron (y el manual decía que no podía funcionar -y los que vivimos del “manualcito” así lo advertíamos-. Por cierto, algunas veces en la historia, dejar de lado el manual, funcionó. Pero esta vez, no.).

De “gobernar es cambiar” (sin gobernar), se pasó raudamente a “gobernar es sobrevivir”, o en realidad, como decía Giuseppe Di Palma para la convulsionada democracia italiana de los 70´ “sopravvivire senza governare”. La pelea por la supervivencia ahora es de minuto a minuto. Porque la evaluación no la hace la opinión pública -cuya expresión se materializará en las elecciones venideras-. No la hace la política, cuyos ritmos institucionales siguen impertérritos. Ni siquiera la “calle” -con la dirigencia social atomizada, y dependiente de la mano de Caro Stanley. Tampoco el empresariado, o los sindicatos.

No, la evaluación y la gobernabilidad -o ingobernabilidad- resultante hoy la hacen los mercados financieros. O sea, decisiones atomizadas, que en la Argentina no son tantas ni tan poderosas, pero que dado el famélico volumen de nuestras transacciones, están sujetas a una volatilidad exasperante. Una llamita hace un incendio, y el matafuego monetario cuando se usó, parece no haber sido manejado con eficiencia para aplacar el dólar.

Finalmente, ese deus ex machina, ajeno a la política -la comunicación- dejó su lugar a otro deus ex machina: el Fondo Monetario Internacional. Ahora volvimos a la normalidad anormal argentina: al gobierno de la crisis, por la crisis y para la crisis. Que era justamente lo que CAMBIEMOS venía a evitar.

Con el problema inicial del FMI prohibiendo utilizar reservas para aplacar el dólar, para que los “privados” no se fugaran el dinero que el organismo nos prestaba. Argumento atendible, pero la cuestión es qué sin estabilizar la moneda, no hay economía ni gobierno posible.

Eso lo entendió el tándem Dujovne-Sandleris, que ha unificado finalmente la dirección económica, (como tantos se lo pidieron a Macri desde el inicio mismo de su presidencia) y diseñaron un durísimo corset monetario para domar el dólar, bajar la inflación y recuperar la confianza. También, pragmáticamente usaron discrecionalmente fondos del tesoro del Ministerio de Economía y otros instrumentos para estabilizar el peso -y así cumplir el compromiso de que el Banco Central no intervendría.

La foto de hoy nos preanuncia una recesión de padre y señor nuestro. Pero si se recupera la confianza, la película puede ser otra. Paradójicamente, parecería conveniente una tensión permanente sobre Macri, ya que el Gobierno ha dado sobradas muestras que su principal problema ha sido el “creérsela”, y subestimar la situación y sobrestimar sus capacidades.

En vez de “Gobernar es Cambiar”, quizás CAMBIEMOS deberá entender que en la Argentina de la ingobernabilidad, para un gobierno no peronista, “CAMBIAR ES GOBERNAR”.

 


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