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CAMBIEMOS ¿inicia? | 7miradas

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Por: Luis Tonelli. Mientras duró fue hermoso. Por más de dos años, el PRO aparecía como lo impetuosamente nuevo, que iba a barrer con las “viejas y vetustas formas de hacer política”. Se imponía la comunicación a través de imágenes, despolitizada, simple, desideologizada. Había llegado el tiempo de rostros jóvenes, sonrientes, despreocupados, alegres. Se acaban los rictus dramáticos, los discursos tribuneros, las declaraciones destempladas. Era el momento de los curriculums y no de las historias. De los postgrados y no de los experimentados. De los exitosos en la actividad privada y no de los mediocres de la actividad pública.

La Argentina de los Golden Boys brillando sobre la chusma cósmica de la Argentina berreta. ¿Qué podía fallar? La propuesta parecía condenarnos al éxito (nuevamente): si no nos salvaban los Ph.D. de Harvard, Columbia y Chicago, quien nos iba a poder salvar? ¿Algún torvo intendente del conurbano?. ¿Algún gobernador de la Patagonia Saudita?. ¿Algún chanta casposo de comité?.

No estuvo mal el intento. Nice try. El Gobierno del PRO convenció a la coalición CAMBIEMOS de que para demostrar que eran diferentes tenían que dar de entrada la imagen de un Gobierno normal, contra la anormalidad surrealista de los últimos años de Cristina Fernández en el Poder. El “gradualismo” era esa “sensación de normalidad” que posibilitó ni más ni menos ganar las elecciones legislativas del siglo pasado, ah no, cierto, del año pasado.

Se basó en el financiamiento de la deuda externa, del mismo modo que la “épica” kirchnerista se basó en el financiamiento de la soja. El kirchnerismo se acabó cuando se acabó el boom de las commodities.

El financiamiento externo se ha terminado. Se fueron estos dos años sin sentar las bases del nuevo crecimiento. Y la Argentina está de nuevo en problemas.  Sin embargo, al Presidente Macri le queda una bala en la cartuchera. Terminar con el Gobierno de Mauricio, e inaugurar el Gobierno de CAMBIEMOS. La ilusión del Camelot de Palermo Chico terminó.

El Gobierno tiene que dejar de decir como un autómata que la crisis cambiaria fue un chaparrón de verano, que las cosas están bien, que el acuerdo con el FMI va a permitir manteniendo el gradualismo. Se viene un ajustazo, que cuanto mucho le proporcione los dólares para que el gobierno pueda reptar hasta las elecciones (lo cual no signifique que este condenado a perderlas).

Pero para esta etapa no alcanza ni mucho menos, con el Gobierno del Presidente y sus ojos y oídos, Peña-Lopetegui-Quintana ni tampoco con un gobierno del PRO. Es necesario el Gobierno de CAMBIEMOS. Se acabó el comprar voluntades dispersas en base a la billetera. Tiempo de hacer política entonces con un Gobierno Dividido, sin mayoría ni en Diputados y menos en Senadores. Se necesitarán acuerdos muy duros con el peronismo que quiera poner el hombro. Y, por simple lógica, no puede haber acuerdos de gobernabilidad con la oposición sin antes institucionalizar el acuerdo de gobierno con las fuerzas de la coalición.

Ha fracasado estrepitosamente el esquema de gobernabilidad que colocaba al Presidente Macri por encima de un enjambre de mini-ministros, operadores, influyentes, que no medían de estatura más que Eusebio de la Santa Federación, y que terminó pagando a los mismos varias veces para que levantarán la misma mano. Resultado: las provincias están la mayoría con superávit y el gobierno hundido. Difícil “apretar” a los gobernadores peronistas para que ellos disciplinen a sus representantes en el Congreso para votar ajustes.

El Gobierno de CAMBIEMOS no puede ser el que no se muestra unido ni siquiera en los debates que habilita. En política o se gana o se pierde. Y en la cuestión del aborto, no se puede estar de un lado y del otro, porque estando a favor o en contra se puede ganar o perder. No estar a favor de ninguna postura es perder siempre. Porque quien quede derrotado va a acusar al Gobierno por su pasividad.

Es hora de reinventar el gobierno de CAMBIEMOS, pero hay desandar esquemas estrambóticos para ir a lo clásico, que por algo es lo que siguen adoptando por los gobiernos de los países avanzados, cuyas instituciones resisten incluso las crisis. Necesitamos un abigarrado gobierno de coalición, que mantenga a todos los socios en el mismo barco y que no muestre ninguna herida al peronismo, que ha comenzado a oler sangre.

Claro que para el Presidente es resignar algo de poder personal. Claro que esto es otra cosa que la fiesta con globos pensada. La situación impone una ética de la responsabilidad por sobre el disfrute de una normalidad artificial que terminó. Y claro que se necesita audacia. Pero ha llegado el momento para el Presidente Macri en el que puede ser demasiado audaz no ser audaz.


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