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Con Greta cambiaremos el mundo?

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Por Carlos Fara: La revista Time la eligió la persona del año. Los editores dijeron que “ha logrado convertir una vaga preocupación sobre el planeta en un movimiento mundial que exige un cambio global”. Además, en la tapa dice “The power of youth” (el poder de la juventud). Supongo que es casi indiscutible la evaluación que hace el prestigioso medio (aunque durante su trayectoria también haya elegido a Hitler).

En su intervención en la Cumbre del Clima, la COP25, en Madrid, la joven señaló que “Hay esperanza. Lo he visto. Pero no viene de los Gobiernos y las corporaciones sino de la gente”. Alude a una cuestión central de la política contemporánea: ¿dónde está el poder? ¿Quién tiene el poder para cambiar las cosas?

Ya sabemos que uno de los rasgos centrales de las profundas transformaciones que estamos visualizando globalmente consiste en que toda fuente de autoridad se cuestiona y fragmenta, horizontalizado la capacidad de influir. Es esto positivo? Al menos nos acerca un poco más al ideal democrático. Pero como todo en la vida tiene aspectos complejos: la excesiva horizontalidad está volviendo caótica la gobernabilidad en muchas partes, y sin alguna suerte de orden político no se pueden generar condiciones de bienestar masivo. Un dilema que veremos cada vez con más frecuencia.

Sin embargo, cuando el poder establecido –sea cual sea, y en cualquier ámbito- se burocratiza y deja de tener feedback con el entorno, algo empieza a bullir. Ahí aparecen “las Gretas” señalando con el dedo para despertar a los elefantes dormidos y obligándolos a bailar. De ahí su valor. La historia está llena de Gretas desafiantes.

Pero claro, el proceso histórico es más complejo que la sumatoria de Gretas. Si tuviésemos que plantearlo en término de una ecuación, diríamos que las Gretas son un componente necesario aunque no suficiente para que los grandes cambios de produzcan. En este caso el debate sobre el cambio climático ya lleva al menos una década y media, y los estudios de opinión pública vienen registrando una toma de conciencia progresiva en las sociedades (es incorrecto cuando Time habla de una “vaga preocupación” que habría despertado Greta).

Nadie en su sano juicio debería pedirle a alguien de 16 años que asuma responsabilidades políticas. Sin embargo, aquí viene la faceta compleja de este asunto (y de otros asuntos que tarde o temprano alarmarán a la gran mayoría, como los alcances de la inteligencia artificial). Alabar la iniciativa de Greta es muy loable, pero… los otros también juegan. Traducido: el mundo contemporáneo es una sumatoria de múltiples fragmentos, intereses y poderes, no solo de algunos Trumps y empresarios codiciosos.

Las películas catástrofe de Hollywood y los ultra alarmistas ¿ayudan o no la toma de conciencia? Aunque Trump no esté de acuerdo, el problema es más serio de lo que parece. Pero para no arruinar el carnaval conviene señalar dos puntos:

1)      Los cambios nunca son radicales, y dependen de una ingeniería política sustentable. Mover una ficha en el tablero implica visualizar una cantidad de cuestiones para que el remedio no sea peor que la enfermedad.

2)      La tercera guerra mundial, que sería nuclear y destruiría el planeta, hasta ahora no existió. Ya pasaron 75 años y la probabilidad es baja (no nula). Esto significa que la historia está llena de ultim

vida tiene aspectos complejos: la excesiva horizontalidad está volviendo caótica la gobernabilidad en muchas partes, y sin alguna suerte de orden político no se pueden generar condiciones de bienestar masivo. Un dilema que veremos cada vez con más frecuencia.

Sin embargo, cuando el poder establecido –sea cual sea, y en cualquier ámbito- se burocratiza y deja de tener feedback con el entorno, algo empieza a bullir. Ahí aparecen “las Gretas” señalando con el dedo para despertar a los elefantes dormidos y obligándolos a bailar. De ahí su valor. La historia está llena de Gretas desafiantes.

Pero claro, el proceso histórico es más complejo que la sumatoria de Gretas. Si tuviésemos que plantearlo en término de una ecuación, diríamos que las Gretas son un componente necesario aunque no suficiente para que los grandes cambios de produzcan. En este caso el debate sobre el cambio climático ya lleva al menos una década y media, y los estudios de opinión pública vienen registrando una toma de conciencia progresiva en las sociedades (es incorrecto cuando Time habla de una “vaga preocupación” que habría despertado Greta).

Nadie en su sano juicio debería pedirle a alguien de 16 años que asuma responsabilidades políticas. Sin embargo, aquí viene la faceta compleja de este asunto (y de otros asuntos que tarde o temprano alarmarán a la gran mayoría, como los alcances de la inteligencia artificial). Alabar la iniciativa de Greta es muy loable, pero… los otros también juegan. Traducido: el mundo contemporáneo es una sumatoria de múltiples fragmentos, intereses y poderes, no solo de algunos Trumps y empresarios codiciosos.

Las películas catástrofe de Hollywood y los ultra alarmistas ¿ayudan o no la toma de conciencia? Aunque Trump no esté de acuerdo, el problema es más serio de lo que parece. Pero para no arruinar el carnaval conviene señalar dos puntos:

1)      Los cambios nunca son radicales, y dependen de una ingeniería política sustentable. Mover una ficha en el tablero implica visualizar una cantidad de cuestiones para que el remedio no sea peor que la enfermedad.

2)      La tercera guerra mundial, que sería nuclear y destruiría el planeta, hasta ahora no existió. Ya pasaron 75 años y la probabilidad es baja (no nula). Esto significa que la historia está llena de ultimátum que despertaron las conciencias a tiempo y evitaron el final de la humanidad. “Pero esto es inédito!”. Sí, todo fue inédito en cada momento histórico.

Para volver al trabajo sin carnaval de Venecia por culpa del coronavirus, podríamos decir que la historia no es “Todo el año es Carnaval”, ni “Tristeza nao tem fin”. átums que despertaron las conciencias a tiempo y evitaron el final de la humanidad. “Pero esto es inédito!”. Sí, todo fue inédito en cada momento histórico.

Para volver al trabajo sin carnaval de Venecia por culpa del coronavirus, podríamos decir que la historia no es “Todo el año es Carnaval”, ni “Tristeza nao tem fin”.

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