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Con la vocación humillada y la salud pisoteada

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El doctor es segunda generación de médicos y tuvo que enfrentar un dilema ético. Y deja entrever la deshonra de las instituciones de salud.

La carta del médico Gonzalo Mesones es dura, causa indignación y bronca a la vez. Renuncia a la pediatría a los 41 años, por el escaso reconocimiento económico a sus añosos estudios, y por la poca empatía de algunos de sus pacientes. “Por la falta de respeto”, resalta.

Entre sus palabras, el malestar emocional y agotamiento mental acumulados, deja entrever la deshonra de las instituciones de salud, y ve ofendido el orgullo por la vocación.

El Covid-19 no sólo golpeó a los que se enfermaron, sino también a los médicos que se vieron sobrepasados ante las nuevas cepas del virus y, como a muchos, físicamente la energía les hizo tocar fondo.

Los galenos lo dieron todo, incluso muchos sin haber podido recuperarse de la tremenda sacudida por los efectos de la cuarentena y sin el instrumental adecuado. Ellos siguieron adelante.

El doctor Mesones, segunda generación de médicos, tuvo que enfrentar un dilema ético ante tanta presión: ponerle fin a su pasión por la pediatría.

El 27 de octubre Clarín publicaba la nota “Hospitales colapsados por el paro de residentes: “Esto es un desmadre”. Son médicos de planta que aseguran que no dan abasto con los pacientes y se genera un “efecto dominó”.

El reclamo de los jóvenes es por mejoras salariales. Agregaba el artículo que “la razón es que estos médicos en formación son el motor de los servicios hospitalarios y soportan buena parte de la atención y las consultas”.

Si bien la carrera de Medicina da excelentes profesionales en el país, lo hace dentro de un contexto de desfinanciación, porque en muchos centros de salud falta actualización tecnológica y mejor infraestructura.

Otro caso parecido al del lector es el del residente del Hospital Fernández. Julio Díaz tiene 30 años, trabaja 15 horas por día y gana $ 120.000: “Me replanteo seguir siendo médico”.

Atrás quedaron las épocas de los legendarios médicos de cabecera, aquellos que acompañaron al paciente y a la familia toda vida.

Quizás algunos tengan que hacer un mea culpa y aprender a revalorar esta profesión.

Otros, los que deben ese reconocimiento por salvar tantas vidas en pandemia y también adeudan la compensación económica, porque manipularon y pisotearon a la salud y a sus médicos, son los responsables de ese boicot que hace tronar el padecimiento del país, que ya respira con asistencia mecánica. (Ver historia del doctor Gonzalo Mesones)

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