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CONFLICTO MODO ON

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Por Luis Tonelli. La pandemia todo lo esconde. Pero la pandemia todo lo acelera. En algún momento, la realidad nos desayuna de manera brutal. Al imponerse la cuarentena en todo el país, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Axel Kicillof hasta parecía disfrutar del momento. “Olvídense de la normalidad”, les respondió con ese estilo liviano tan característico de él, a los periodistas que interrogaban cuanto iba a durar el encierro. La humorada se convirtió finalmente en declaración sincera.

La provincia de Buenos Aires es desde hace décadas el gran problema político irresuelto de la Argentina. Se trata de la principal generadora de riqueza del país, a la par que es la mayor generadora de pobreza. Mediando esta contradicción, están los 20 puntos de coparticipación cedidos en 1987 al gobierno nacional y al resto de las provincias.

En su elefantíasis, toda cifra bonaerense es apabullante. La de la pobreza, obvio. La de los sueldos correspondientes al Estado, y muy especialmente la de los maestros, policías y médicos, astronómica. En su explosión demográfica el conurbano los demanda sin quedar por asomo satisfechos. Y menos lo están los trabajadores con sueldos que no se corresponde ni con su trabajo ni con lo que tienen que gastar para mantener a sus familias.

Los maestros han conseguido, de alguna manera, salvaguardar esos ingresos. El gremio ha logrado imponer la idea que no hacen huelga ellos, sino que las causa el gobierno provincial, aunque los que resulten perjudicados sean los niños. La educación, el Santo Grial del progreso argentino, ya no es prioridad para la opinión pública. Después de meses de cuarentena y de una precaria modalidad virtual se da un nivel de deserción atroz, que pareciera ser equiparado a cuando se abandona una serie de Netflix que no resulta interesante. Eso significa para la mayoría de los chicos de la provincia un futuro sin las capacidades mínimas para salir de la pobreza y arreglárselas decentemente en la vida.

Médicos y Policías la han tenido más difícil. En estas actividades, sí la huelga es directamente asociada con la muerte. Pero tampoco ya existe socialmente el viejo prestigio asociado a vestir uniforme o guardapolvo. Y. entonces, los gobiernos de la provincia se ven obligados a monitorear muy de cerca la situación y desarrollar una incansable actividad política de contención. Si no hay plata, que al menos haya mimos.

Cosa más fácil de hacer con los médicos que con la Maldita Bonaerense, donde la connivencia con el delito, en la existencia de un orden clandestino, como lo llama Matías Dewey es estructural. Pero la cuarentena ha cortado los ingresos habituales de la economía negra. La repartija ya no es la de antes. Y, por el lado de los policías buenos y honrados, el sueldo de hambre no alcanza para nada.

El combustible estaba derramado. Y un Gobernador con un approach teórico a los problemas, pero con cero gestión y menos de crisis, sumado a un secretario de seguridad, ofreciendo shows hollywoodenses de eficacia que contrasta, y muchísimo, con la realidad desangelada del conurbano.

Alguien desde la oposición deslizó la humorada “no sabemos que hubiera hecho Macri de ser él el presidente frente a la pandemia. Pero sabemos que hace Cristina. Basta solo mirar a lo que hace Axel instruido por ella”. Lo dijo en respuesta al “plan macabro” al que aludió Berni, urdido supuestamente por el ex presidente para que la provincia vuele por los aires. Nunca se le vio semejante capacidad estratégica al Ingeniero.

O lo que es peor, Kicil         lof actúa para aparecer como duro inflexible ante los ojos de su madrina, lo cual ha demostrado que es pasaporte seguro para el descalabro. Su gobierno pareciera especializarse solo en inculpar a los ajenos. Sube el nivel de contagio en el conurbano, es la culpa de Rodríguez Larreta que permite a runners y cerveceros estar al aire libre. No dan abasto los médicos después de casi seis meses de cuarentena, es culpa de Vidal que no amplió la capacidad hospitalaria. La provincia está estallada, la culpa la tiene el neo-liberalismo egoísta e imperialista.

Por otra parte, el gobierno nacional se desentiende de la huelga policial. Sin embargo, como lo ha sabido todo gobernador que se haya sentado en la silla de Dardo Rocha, la tabla de salvación de Kicillof es que cualquier problema bonaerense se convierte más rápido que tarde en un problema nacional. Empezando por un tema menos, si se quiere. Berni venía con el aval de CFK para preparar su candidatura a Gobernador y tapar así la fuga del típico votante de Massa, espantado por el kirchnerismo rampante de Kicillof.

Hoy esos juegos electoralistas quedan como ideas lunáticas frente a una huelga que al ser atípica puede ser el ejemplo para que los conflictos se multipliquen por las enormes dificultades económicas causadas por la cuarentena. Y que recién comienzan a arreciar.


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