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Córdoba-Llaryora, sin margen para fracasar

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Llaryora, sin margen para fracasar

Con condiciones políticas objetivamente favorables, el intendente de Córdoba está obligado a desarrollar una gestión exitosa. No sólo porque cuenta con el apuntalamiento político y financiero de la Provincia, sino porque es la apuesta del matrimonio Schiaretti-Vigo para sostener el proyecto político del ´23: Llaryora, gobernador; Schiaretti conductor.

Por Yanina Soria

 

Hace unos días, Martín Llaryora y Alejandra Vigo se encontraron en el Instituto para el Desarrollo de Políticas Estratégicas ubicado en barrio Cofico; un espacio creado por el PJ Capital antes de la campaña del ´19, para pensar y diseñar la ciudad.

El intendente en funciones y la conductora del peronismo capitalino limaron allí asperezas en torno a algunos nombramientos pendientes en la Municipalidad de Córdoba, y luego aceitaron el trabajo político para lo que viene. No sólo frente al proceso eleccionario partidario que se abre para la renovación de autoridades sino también acerca del proyecto político del PJ Córdoba pos gobierno de Juan Schiaretti. Hacia adentro, nadie duda que el sanfrancisqueño es el elegido por el matrimonio provincial para darle continuidad a Hacemos por Córdoba en el poder, de acá a cuatro años.

El ex vicegobernador administra la ciudad más importante de la provincia con una particularidad política: a la estructura dirigencial, en su mayoría, se la “presta” la diputada nacional.

Y aunque al menos hasta ahora, la regla que siempre rigió en la cúpula del PJ de que quien gobierna también conduce, con el sanfrancisqueño no se cumple, en el peronismo dicen que eso no será motivo de discordia.

En plena campaña municipal, Llaryora dijo lo que a la tropa capitalina le hacía falta escuchar para encolumnarse sin fisuras detrás de su figura y trabajar por el éxito de su gobierno: prometió que no disputaría poder territorial ni abriría ninguna interna.

Eso bastó para que quienes responden a Vigo y que hoy ocupa lugares en distintos sectores del municipio, los CPC, el Concejo Deliberante y la Legislatura, entre otros, se comprometiera a trabajar y a apuntalar la administración desde el lugar que tocara. Y en esa sintonía marchan las cosas por ahora.

Aprobar el examen

Y aunque desde hace años, el Palacio 6 de Julio funciona como una especie de enterrador serial de las aspiraciones políticas de quienes lo conducen, Llaryora tiene la esperanza de romper con el gualicho que ya cayó sobre Luis Juez, Daniel Giacomino y Ramón Mestre.

El intendente de la ciudad que en realidad siempre quiso ser gobernador de Córdoba, buscará entonces aprobar el examen municipal para pasar al nivel que sigue: Centro Cívico.

Y esa apuesta política cuenta con el exclusivo tutelaje del mandamás del peronismo cordobés. De hecho, fue el propio gobernador Schiaretti quien le pidió que se convirtiera en su candidato municipal el año pasado, pero con el horizonte puesto en el 2023.

Y ese apadrinamiento no es testimonial, claro está. En estos casi 90 días de gestión, Schiaretti dio sobradas muestras de cuán fuerte será su apoyo y no sólo en términos políticos sino, y sobre todo, también en lo económico. Entre el resto de los intendentes PJ ya se sabe que la prioridad será Capital y aunque eso ya haya provocado algunos pataleos, desde el Panal les retrucaron que así será de cualquier modo.

El interés del gobernador de que al jefe comunal le vaya bien no es otro que consolidar el plan ´23: Llaryora gobernador; Schiaretti conductor. Sobre todo, cuando tan prematuramente comenzaron a aparecer otros jugadores dispuestos a subir sus acciones internas pensando en las negociaciones que se vienen.

Lo cierto es que, con la billetera de la Provincia, con el respaldo político de Hacemos por Córdoba, con una oposición atomizada en la ciudad, con el control de la mayoría en el Concejo Deliberante y hasta con espadas legislativas que defenderán la Capital también desde la Unicameral, Martín Llaryora no tiene margen para errar.

El hombre que fue dos veces intendente de San Francisco, diputado nacional y vicegobernador de Córdoba y que antes de asumir tuvo siete meses para estudiar el comportamiento de uno de los municipios más complejos del país, está llamado a hacer una gestión, por lo menos, digna. La vara quedó baja y ese es otro punto a favor.

Ahora sólo resta esperar y ver cómo administrará Llaryora éstas condiciones políticas que hoy le son favorables.

Fuente:El Alfil
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