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Del suicidio al periodismo | Opinión de Khadija Amin

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Era de noche y yo estaba muy triste. De repente, me empecé a preguntar: ¿cuál es el sentido de esta vida?, ¿por qué estoy viva?, ¿cuánto tiempo debo soportar este dolor?, ¿debería hacer algo para alejarme de esta vida para siempre?. Ya había intentado suicidarme una vez con anterioridad, pero pensé que si tenía un niño, tal vez aumentase la atención de mi esposo. Tras el nacimiento de mi hijo, mis problemas no terminaron y la tortura mental continuó. «No quiero que estés a mi lado», me decía siempre.

Era invierno, hacía mucho frío, y yo estaba durmiendo al lado del calentador. En Afganistán, por lo general, se usan estufas de leña para caldear los hogares. Nosotros también teníamos un calentador, porque la casa tenía que estar caliente para Omar, para que no pasara frío. Omar es mi hijo mayor, actualmente tiene ocho años, entonces apenas tenía ocho meses y dormía muy bonito. Acaricié sus hermosos ojos, sus manos tiernas, le besé la cara y le dije, «perdóname hijo mío». No puedo continuar. Era tanta la crueldad de su padre que ni siquiera pensé en quién cuidaría de Omar si yo no estaba viva.

Me levante y tomé el líquido incendiario de la estufa. Me temblaban las manos, así fue como se me pasó por la cabeza la idea de prenderme fuego. Me lo rocié por encima, bañé toda mi ropa y cogí el azufre con manos temblorosas. Prendí el fuego y mi ropa se incendió. 

No sé porqué despertó Omar. Tal vez su corazoncito inocente sabía que su madre se había prendido fuego. Despertó, se sentó y comenzó a llorar. En ese momento su padre también despertó y cuando me vio en el fuego, vino a mi lado y rápidamente lo apagó. El fuego no me destruyó y tengo muchos años por delante para ver muchas penas. 

Tras el fuego, la pelea:  «¿Por qué quieres quemarte? Si quieres matarte, ve a la casa de tu padre y quémate allí. Si mueres aquí, me llevarán a la cárcel. No quiero que me encarcelen por tu culpa.». 

Nunca quiso resolver nuestros problemas. Siempre me decía que me fuera a la casa de mi padre. Las mujeres no tenemos allí casa propia. Yo no quería discutir. Abracé a Omar; no puedo olvidar la mirada de sus ojos inocentes. Después de aquella noche, Omar siempre le tuvo miedo al fuego. Tal vez recuerda de alguna manera el incidente, aunque ahora no sabe que su madre se prendió fuego para acabar con su vida.  A veces el día a día se vuelve tan difícil que no encuentras otra solución que terminar con tu vida. Hoy estoy viva y sigo respirando, no sé si por suerte o por desgracia.

Después de algunos años más de convivencia, tuve que terminar mi vida juntos. En Afganistán, pedir el divorcio no es fácil. Las familias a menudo se oponen al divorcio de sus hijas. De ser así, las mujeres tienen que soportar la opresión. Aunque el divorcio no es un problema en el Islam, no está bien visto.

Luché contra todos. Me dijeron que si me divorciaba, me matarían, que una mujer debe soportar cualquier situación, pero no desistí en mi decisión.

Después del divorcio, me uní a la universidad. Estudiar era uno de mis sueños que no pude lograr tras el matrimonio. También hubo muchas objeciones cuando comencé mis estudios. Me dijeron que era una mujer divorciada, que no debía pensar en la universidad, que ya no tenía edad para ello aunque solo tenía veinticinco años, que debía buscar a alguien y casarme.

Pese a todas las presiones, continué mi camino. Al obtener altas calificaciones en la universidad en el primer semestre, mi decisión se fortaleció. Me prometí a mí misma que tenía que terminar. Durante mis clases comencé a trabajar. Mi primera experiencia laboral fue con televisión educativa. Empecé como voluntaria, trabajé gratis seis meses, luego encontré mi camino hacia otros medios.

Trabajar también supuso luchar, porque en Afganistán la mayoría de las familias están en contra de que las mujeres trabajen en los medios. Convencí a mi familia para que aceptara que las mujeres tienen derecho a elegir, derecho al estudio, derecho al trabajo, derecho a la participación política.

Las mujeres en mi país han luchado por sus derechos durante las últimas décadas. Todos estos logros que alcanzamos antes de la caída de Afganistán no fueron fáciles, las mujeres afganas hicieron muchos sacrificios.

Nuestra sociedad había cambiado mucho antes del regreso de los talibanes. Yo soy solo un pequeño ejemplo del destino de las mujeres en Afganistán. No fui la única que decidió quemarse y acabar con su vida. Como yo, miles de mujeres se prendieron fuego, la mayoría ya no viven y sus hijos quedaron sin esperanza. Respecto a las que sobrevivieron, su vida empeoró.

La sociedad afgana ha hecho que las mujeres prefieran la autoinmolación y el suicidio en lugar de acudir a las instituciones judiciales. Según un  reciente informe de la agencia de noticias alemana DPA, los feminicidios y suicidios de mujeres en Afganistán se han incrementado en los últimos días a pesar de las severas restricciones impuestas por los talibanes a los medios.

En el pasado, hubo muchos informes de violencia contra las mujeres en Afganistán, pero después de que las instituciones de derechos humanos fueran disueltas y prohibidas por los talibanes, no existe ninguna entidad que defienda los derechos de las mujeres y aborde sus problemas. Varias mujeres me dicen que la falta de organizaciones de apoyo ha provocado que aumente el número de casos de violencia, porque no hay nadie que escuche las voces de las mujeres.

Mientras tanto, los talibanes no solo han obstaculizado las actividades de las organizaciones de derechos humanos, sino que también han limitado los derechos de las mujeres en el campo de la educación, el empleo, e incluso la ropa que usan.


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