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“Dicen que no existo, pero estoy aquí”

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Hace cinco años, Jeanne Pouchain fue declarada oficialmente muerta por un tribunal francés. Según recoge The Guardian, todo comenzó en el año 2016 con decenas de trabas en pequeños trámites administrativos. El ordenador de los centros de salud escupía su carte vitale, la tarjeta necesaria para acceder a la sanidad pública francesa, el director de su banco de toda la vida dijo que su nombre ya no estaba en el sistema y que no tenía acceso a su cuentas ni a su chequera, ni siquiera podía sacar el pasaporte. 

“No había explicación. Sabía que algo no estaba bien. Toda mi vida he sido precisa en todo: llevar registros, documentos, recibos de impuestos… Me gusta que todo esté correcto. Jean-Pierre, mi esposo, dijo que debía de haber una confusión con los papeles y que no me preocupara, que lo solucionaríamos “. Pero no lo hizo.

La carta de su propia muerte

En 2017 dos policías se presentaron en la casa de Pouchain con una carta para su marido. En ese momento, la mujer no sabía que estaba firmando el documento que anunciaba su propia muerte, pero sin un certificado oficial de fallecimiento: “¿Cómo iba a haberlo?”, se pregunta Pouchain.

Tras consultar con una abogada descubrieron lo que pasaba. Pouchain había dirigido una empresa de limpieza de casas y oficinas durante varios años que le llevó a tener una pugna legal con una trabajadora. Su abogado, Sylvain Cormier, le confirmó que la trabajadora había conseguido que un tribunal la declarara oficialmente muerta para ganar el caso y cobrar los 35.000 euros que le reclamaba. “Fue una trampa, una emboscada. Ella no pudo ganar el proceso mientras yo estaba viva, por lo que hizo que me declararan muerta ”, afirma Pouchain.

Tres años y medio sin derecho a nada

El hecho de estar “legalmente muerta” imposibilita a Pouchain para casi todo lo necesario para llevar una vida normal: ir a la sanidad pública, sacar un abono de transporte, tener una cuenta bancaria, un pasaporte o viajar. “Pensé que me iba a derrumbar. ¿Cómo podría estar muerta? ¿El juez simplemente les creyó, sin certificado de defunción? “Me sentí como si me hubieran dado un puñetazo en la cara. Pero pensamos que se resolvería rápidamente”.

Pero de nuevo, se equivocaba. Después de tres años y medio de ser declarada oficialmente muerta, Pouchain sigue luchando por demostrar que está viva y por poder llevar una vida normal: “La gente se queja de los cierres de Covid, pero esa ha sido mi vida durante los últimos tres años”. Pouchain apenas sale de casa, no puede realizar casi ninguna actividad. Antes “Solía tomar antidepresivos y ansiolíticos, pero ahora no puedo pagarlas. No puedo hacer nada. No tengo derecho a nada y no tengo nada a pesar de haber trabajado toda mi vida”. Estar muerta la quita todos los derechos.

¿Quién tiene las competencias para resucitarla?

Varios tribunales, incluida la Cour de Cassation, la más alta del sistema judicial francés, examinaron el caso y admitieron que parecía haber “irregularidades”, pero consideraron que estaba fuera de su competencia resucitar a Pouchain. Entonces, ¿quién puede?.

La diputada Valéria Faure-Muntian, le dijo a Pouchain que había hablado con el mismísimo ministro de justicia, Éric Dupond-Moretti, que es miembro del colegio de abogados francés y seguirá de cerca el caso. Pero por ahora, Pouchain debe esperar a ser resucitada oficialmente.


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