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Dividida en seis grupos, la oposición al chavismo toca fondo

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Mientras el oficialismo se abroquela en torno a Maduro, la brecha se agiganta entre los bandos opositores, dos meses antes del inicio de un nuevo período constitucional Fuente: Archivo



CARACAS.- “Que un hombre como [el expresidente español y mediador]


José Luis Rodríguez Zapatero
nos divida es una vergüenza”. La sentencia de la diputada Delsa Solórzano, que lucha por los derechos humanos en


Venezuela
, reveló esta semana que la oposición al chavismo tocó un fondo tan profundo que a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) solo le falta firmar su propia acta de defunción.





























La estrategia de


Nicolás Maduro
de


persecución y hostigamiento
-tan parecida a la de Cuba y Nicaragua-, sumada a los errores opositores, las agendas presidenciales de sus dirigentes y el activismo cibernético depredador de los más radicales, fragmentó al antichavismo.

“Está virtualmente desintegrada del tal forma que ya se puede hablar de oposiciones balcanizadas”, resume el politólogo Luis Salamanca, exrector del Consejo Nacional Electoral. Hay por lo menos seis grupos: mayoritarios, moderados, radicales, chavistas críticos, pactistas y bolsonaristas.















El Parlamento venezolano censuró el martes al exmandatario español José Luis Rodríguez Zapatero en una votación que, por primera vez en tres años, aireó sus diferencias internas. Los reproches entre unos y otros volaron al instante y desde las redes sociales se atacó con extrema dureza a los 43 parlamentarios que no votaron contra el antiguo líder del PSOE.















“Es parte de la lucha entre radicales y moderados. Los primeros están plagados de personas que quieren crecer en apoyo, que no cuentan con estructuras a nivel nacional fuertes o consolidadas. La vía que han tomado es la de hacerse notar por contraste y ruido”, describe a
LA NACION Félix Seijas, analista político y director de la encuestadora Delphos.

“Se demostró dramáticamente lo mal que anda la oposición, cayendo una vez más en el señuelo que tiende el gobierno para crear división”, concluye Salamanca.








De derecha a izquierda, la actual oposición está conformada por los “bolsonaristas”, agrupados en torno a la antigua Resistencia y al Movimiento Rumbo Libertad, un grupo que se hizo fuerte a la vera del presidente electo de Brasil. Atacan por igual a chavistas y a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), a cuyos dirigentes consideran unos traidores.








La segunda fuerza desde la derecha son los radicales de la exdiputada María Corina Machado y del exalcade exiliado Antonio Ledezma, muy bien vistos en el exterior pero con escasos apoyos internos. Su última iniciativa, tocar las campanas a las seis de la tarde rumbo al quiebre de Maduro, fracasó entre la indiferencia y la perplejidad. “A su favor está la dedicación de Machado y sus grandes shows mediáticos, con la consiguiente subida en las encuestas y en el liderazgo opositor”, aporta Salamanca.

El bloque más fuerte, los mayoritarios, está conformado por dos partidos del antiguo G-4 de la MUD, Primero Justicia (PJ) y Voluntad Popular (VP), más La Causa R (LCR). Son los más perseguidos por el gobierno, con Leopoldo López (VP) todavía en arresto domiciliario y con Julio Borges, coordinador de (PJ), exiliado en Bogotá. El diputado Juan Requesens (PJ) permanece en prisión, acusado por el supuesto atentado contra Maduro y varios de sus compañeros huyeron al exterior. El Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) hostiga actualmente a los líderes de LCR, que denunciaron a la mafia de las minas de oro y sus redes y conexiones con el poder, incluido el hijo del presidente. Ninguno de ellos quiere oír la palabra “negociación”.








Los tres partidos endurecieron sus posturas desde la abstención de mayo y con sus líderes apresados, exiliados o perseguidos. De estar entre las filas moderadas a poner pie y medio en las radicales.

Los diálogos entre este bloque y los radicales de Machado y Ledezma están muy avanzados para alcanzar una convergencia, según pudo saber
LA NACION. “Cada uno tiene que resolver sus fuegos internos, pero está en vías de consolidación, como se vio esta semana en la votación contra Zapatero”, adelantó a este diario, bajo anonimato, uno de los políticos que participan en las conversaciones. Es una convergencia que sería acogida con entusiasmo por buena parte de la comunidad internacional.

El excandidato presidencial Henrique Capriles sigue formando parte de PJ, pero mantiene sus propias posiciones, más proclives a participar electoralmente, pero sin llegar al “colaboracionismo” que se critica en los grupos de centroizquierda.

El cuarto grupo está liderado por dos partidos clásicos, Acción Democrática (AD) y Un Nuevo Tiempo (UNT). Los socialdemócratas de AD, oficialmente separados de la MUD, y los socialcristianos de UNT mantienen una línea propia de acción contra el gobierno bolivariano, pero se los considera conciliadores y dispuestos a sentarse con el gobierno. A AD pertenecen los gobernadores que juraron sus cargos ante la ilegal Asamblea Nacional Constituyente, órgano revolucionario que tomó a la fuerza los poderes del Parlamento.

El quinto bloque es el que protagonizó la campaña presidencial al presentar a su propio candidato, el exgobernador Henri Falcón, con su partido, Avanzada Progresista (AP), a la cabeza. Son los pactistas, que sumaron independientes, como Timoteo Zambrano, el mejor “amigo” de Zapatero en Venezuela, y Luis Florido, peso pesado de VP hasta hace un par de meses. Van a presentar candidatos en las elecciones municipales de diciembre, pese al estrepitoso fracaso de las presidenciales.

Y el sexto grupo es el de los chavistas críticos, con varios excolaboradores de Chávez: el exvicepresidente económico Jorge Giordani; el exministro Héctor Navarro; la antigua defensora del pueblo Gabriela Ramírez, y el politólogo Nícmer Evans. “Suman más personalismos que organización”, destaca Salamanca.

La fragmentación opositora, que se viene labrando desde la victoria electoral de 2015, sucede cuando solo faltan dos meses para una fecha clave, el 10 de enero. Ese día comienza un nuevo período constitucional con un presidente que jurará el cargo sin ser reconocido por buena parte de sus ciudadanos y por países de la región.


La imparable fragmentación que se extiende


  • Zapatero, “inadmisible”: Voluntas Popular (VP), partido del preso político Leopoldo López, presentó en el Parlamento una propuesta para declarar a Zapatero “inadmisible” como mediador con el gobierno. Se quería evitar la calificación de “persona no grata” buscada por los radicales

  • Fractura: Diez votos separaron a los dos bandos: 53 diputados de PJ, VP, LCR a quienes se sumaron los radicales de la Fracción 16 de Junio, frente a los 43 de AD, UNT, AP, Zambrano y Florido

  • El final de la MUD: Mayoritarios y radicales frente a moderados y pactistas en un resultado histórico que confirmó el fin de la Unidad Democrática

  • Con la mirada en Madrid: En la decisión de los partidos pesaron la actual relación con el gobierno español, que intenta retomar las negociaciones de cara al 10 de enero. Ambos bloques votaron a favor de la prórroga de un año para las sanciones de la UE contra la elite chavista















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