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DOS CISNES NEGROS. | 7miradas

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Por: Luis Tonelli. Hace meses que se viene apostando por la aparición de un cisne negro, qué sorprendiéndonos a todos, alterara el tablero político nacional. Pues, no solo ha aparecido un cisne negro en la política argentina, sino dos. Sus nombres, Alberto Fernández y Miguel Ángel Pichetto.

Hasta la aparición de esos cisnes negros, la dinámica de la política argentina seguía la inercia de la radicalización nociva. Por un lado, aparecía el kirchnerismo con su “radicalización del populismo”, en frase precisa de Roberto Felletti (y el Libro Azul de CFK parecía rendirle culto). Por el otro, crecía la “radicalización del gorilismo”, donde cada vez más CAMBIEMOS caía en el espejo inverso del kirchnerismo, al remar con su antiperonismo contra todos los logros del consenso de 1983.

Primero movieron las negras, mientras el Gobierno dormía en su sueño dogmático duranbarbista (negras porque se supone que el oficialismo juega con blancas). Cristina Fernández lo sacudió todo nombrando como candidato a presidente Alberto Fernández, quien, desde la radicalización del populismo en el 2009, se había convertido en su enemigo íntimo. Para ella reservaba la vicepresidencia, aportando votos, pero haciendo un gesto enorme asi a la “gobernabilidad” (y a su supervivencia).

Su intención -explicita cual escena pornográfica- era “Todos Unidos Triunfaremos”, y ante un gobierno rezagado en las encuestas invitaba a los compañeros a confirmar esa máxima de la política argentina que dice que “los peronistas se unen no para ganar, sino cuando saben que van a ganar”.

Por días, la agenda giró alrededor de la efigie de la ex presidenta silenciosa, pero letal. Como señal mayor de ese plano inclinado, Sergio Massa, il uomo mobile qual piuma al vento, emprendió “camino a DamasKo” creyéndose primero candidato a presidente -porque CFK iba a renunciar a ser candidata, luego candidato a gobernador, y luego diputadito raso (sino participa de unas PASO K simbólicas).

El peronismo republicano entró en crisis. Roberto Lavagna persistía en su negativa a no ser otra cosa que el candidato del Consenso 19 (menos 18, quedando solo él). El Gringo Schiaretti ganó en la República Autónoma de Córdoba, e hizo mutis por el foro, cuando el círculo rojo lo esperaba como macho alfa que pusiera en jaula a todas las fieras y anunciara él, cual Cesar, la fórmula del centro.

En el oficialismo se murmuraban sordos Planes V, Y, Z, W y Omega, y el Ingeniero Macri pasaba gran parte de su tiempo, desmintiéndolos. Mientras tanto, el radicalismo en su Convención le pedía al Presidente “¡Hacé algo!!!!”, tal como ese trabajador disfrazado de trabajado se lo había pedido al pero con respecto a la economía.

Presidente y jefe de gabinete parecían apostar a la cronoterapia: hacer jueguito haciendo tiempo, entreteniendo a las fieras con la idea de un vicepresidente radical, con tantos candidatos potenciales que era obvio que no se pensaba en ninguno. Y así esperar que, con el dólar planchado, Macri mejorara en las encuestas.

Pero seguramente, los análisis Focus Groups, Big Data, encuesteriles y la percepción íntima de la oportunidad, que Mauricio Macri vaya que la tiene, llevaron al Presidente a dejar de lado el canon de la Nueva Política, y romper el vidrio de emergencia para hacer una florentina movida en línea con la mejor roska de la vieux politique.

Si con Alberto Fernández, CFK pretende unificar al peronismo, castrándose en su populismo imperial, con la designación de Miguel Angel Pichetto, Macri pretende utilizar la herida existencial entre peronismo movimientista y peronismo partidista y mantener así dividido a los hijos y nietos del General.

De este modo, se pasaba de una dinámica radicalizadora hacia los extremos, a una polarización electoral que busca fagocitarse el centro. Con esto, el gobierno pretende de mínima, evitar que CFK ganará en primera vuelta, por aglomeración del voto K, y la disgregación del voto no K. Pero de máxima, los estrategas del macrismo, (con peso mucho mayor de los radicales que antes) buscan que la primera vuelta sea el ballotage, e imponerse allí al kirchnerismo.

La UCR prefiere indudablemente una buena primera vuelta a un vicepresidente. La idea, es que entren la mayor cantidad de diputados radicales, en vistas de un Congreso que puede tener mucho más protagonismo en caso de darse un mandato más coalicional de Mauricio Macri. Y en el peor de los casos, conformar un bloque legislativo para bancar el triunfo K (y quien dice, hasta podría apoyar a Alberto Fernández en un potencial conflicto con CFK, si la radicalización del populismo pretende hacer de las suyas).

Mientras tanto, las dos versiones atemperadas de populismo y gorilismo, convergiendo hacia el centro, representan opciones democráticas más confortables que las que presentaba la grieta original, y una formidable adaptación de la política tradicional argentina que se recicla sin Trumps ni Bolsonaros.

La opción tardía de la fórmula centrista de Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey parecería llegar tarde porque ya se constituyó una intención centrista de ambos polos. Ya no entusiasma ni a lo más rancio del círculo rojo.

Pero dejemos ya la ciencia política ficción. Ahora es tiempo de ver nadar a nuestros nuevos cisnes negros.

 

 

 

 

 


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