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«Duele la pérdida de Soledar, pero aún controlamos las alturas»

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Bajmut es el punto más caliente del Donbas pero aquí hace mucho frío: la temperatura ha bajado a -18º grados. El cielo nublado y el viento penetrante te hacen sentir la tragedia del paisaje y, cuando corres, apenas puedes sujetar la cámara con las manos congeladas. Las calles están vacías y la destrucción es horrible, como una película de catástrofes: todo está cubierto de cristales rotos, metralla y restos de metal de los edificios. En todo momento se escuchan explosiones de todo tipo de armas: se oyen «salidas» y se oyen «llegadas”. Y con cada sonido atronador, el corazón se encoge y el cerebro recibe una señal de peligro.

En medio de todo este desastre camina un hombre con chaqueta de unos 60 años con una bicicleta y cargado con tres bolsas grandes. Va muy despacio y parece que no nota todo lo que pasa alrededor suyo. Lo interceptamos en medio de la calle. Comenta que se quedó en la ciudad porque esperaba que la situación se arreglase rápidamente y volviese la tranquilidad, pero en Bajmut ya no hay sitio para esperanzas ni los civiles tienen ya la tranquilidad de esconderse en un oscuro sótano. Por eso se dirige al punto de evacuación. «He tomado un pastilla porque me encuentro fatal, me duele el corazón”, dice entristecido.

Un hombre camina en las calles frías y desérticas de Bajmut
Olha Kosova

Mi acompañante le tranquiliza con un par de frases y le muestra la dirección de la evacuación más cercana. Le apodan Karyi, tiene 29 años, y pertenece al grupo de asalto del batallón de inteligencia Skala (acantilado en español). Trabajaba en la construcción, pero en septiembre decidió alistarse. Su primer destino fue Soledar y recuerda la dureza de los dos  primeros días bajo los bombardeos de mortero. Quiso unirse al ejército porque sus amigos de toda la vida decidieron proteger a la patria juntos. Algunos de ellos ya han muerto en combate.

Mientras caminamos, Karyi me enseña la importancia de mantener la calma y comenta que es lo que le ayuda a sobrevivir en batalla. Su unidad, que se encarga de la inteligencia aérea con drones y de los asaltos terrestres, combate en Soledar y Bajmut, las zonas que ahora están bajo el foco del asalto ruso. Nuestro encuentro empieza en Kostyantynivka donde Anton, el coordinador de pilotos de drones, enseña en los monitores cómo se organiza la inteligencia con estos artefactos aéreos.

Anton, con las cámaras que monitorean los soldados rusos a través de drones
Anton, con las cámaras que monitorean los soldados rusos a través de drones
Olha Kosova

Bajmut es el puesto más avanzado en la defensa de la región de Donetsk y aquí se han sacrificado muchos de los mejores hijos de Ucrania. Soledar es una ciudad pequeña, satélite de Bajmut, en la que antes de la guerra vivían diez mil habitantes. Ambas sobrevivieron una ocupación corta en 2014 y hasta el 24 de febrero llevaban una vida relativamente pacífica, pero desde que comenzó la invasión han estado bajo el fuego artillero ruso. El ataque a Soledar provocó una crisis de sal en mayo, cuando el producto desapareció en las tiendas en todo el país. 

El ejército ruso empezó a atacar Bajmut en agosto con la ayuda del grupo Wagner y la semana pasada se dirigieron a Soledar. «No se puede decir claramente qué pasó, pero a veces un pequeño error trae consecuencias serias», comenta uno de mis interlocutores, comandante de сompañía, después de que las tropas ucranianas se vieran forzadas a dejar las zonas residenciales de la ciudad. 

Gráfico: La batalla por Soledar
Gráfico: La batalla por Soledar
Henar de Pedro

La batalla en las afueras de Soledar continúa, pero por primera vez desde julio los rusos han tomado casi toda la ciudad. Soledar ha caído para los ucranianos. Pero su pérdida no es tan dura desde un punto de vista militar como la pinta Moscú. «Controlamos aún las alturas alrededor de Bajmut, así que esa derrota duele porque es nuestra tierra, pero no es como si Bajmut hubiera caído y la hubieran rodeado».

La vida consiste en moverse rápido entre los refugios y las posiciones. La adrenalina de la guerra hierve la sangre, la fraternidad y el respeto ayuda a superar el miedo

De camino al lugar donde se encuentran los compañeros de Karyi nos encontramos con soldados de otras unidades. Se les nota preocupados y concentrados, sin ganas de hablar. Tampoco parece que noten las temperaturas extremas. La vida aquí consiste en moverse rápido entre los refugios y las posiciones. La adrenalina de la guerra hierve la sangre, la fraternidad y el respeto ayuda a superar el miedo.

Los soldados que luchan en Bajmut en uno de los sótanos de refugio
Los soldados que luchan en Bajmut en uno de los sótanos de refugio
Olha Kosova

En uno de los sótanos nos encontramos con los chicos del grupo de asalto. Se sientan en bancos junto a la pared, fuman y cuentan chistes para poder tranquilizarse antes de ir al frente. Han visto al enemigo de cerca y han combatido cara a cara bajo los tiroteos y la artillería. Le pregunto por las pérdidas y bromean con una respuesta corta: «Muchos».

Hablan también de los Wagner que lideraron la toma de Soledar, un grupo que recluta a soldados de la cárcel para reponer efectivos y con fama de no darle valor a la vida. «Algunos salen sin cascos ni chalecos antibalas», dice Karyi. Les motiva que serán libres si tienen la suerte de pertenecer al 5% que sobreviven a las batallas, pero también «saben cómo hacer la guerra» y además tampoco podrían volver.  «Les fusilan si regresan», explica Skala, el comandante que da nombre al batallón. A los Wagner les ayudan soldados prorrusos de Donetsk y Lugansk que están tan motivados como el resto de ucranianos. «Han nacido en la guerra, llevan en ella desde 2014». 

La imagen de la destrucción y el vacío en las calles de la gélida Bajmut.
La imagen de la destrucción y el vacío en las calles de la gélida Bajmut.
Olha Kosova

Skala es optimista. Dice que los rusos avanzan pero no construyen las líneas de defensa. “A lo mejor podríamos romper esa primera línea de defensa ahora, ¿pero cual sería el precio? La guerra no acaba hoy”.

En otro cuarto del sótano hay un hospital improvisado en el que un joven piloto de inteligencia se cura la contusión que le causó la explosión de un misil de un tanque a solo cinco metros. No quiere ir al hospital militar porque allí hay sobrecarga de pacientes y espera regresar a casa al menos unos días para descansar y ver a su gato. «Si no me dejan voy a estar aquí llorando y llamando a mi madre”, sonríe. 

Un joven soldado se cura de una contusión por misil en un sótano del refugio
Un joven soldado se cura de una contusión por misil en un sótano del refugio
Olha Kosova

Al médico que le cuida le llaman «El cirujano» porque antes de la guerra ejercía de cirujano plástico. Su broma favorita es decir que le movilizaron al hacerle «solo una teta» a su paciente, despertarla y prometer terminar la segunda cuando regresara. El paciente reconoce que está en un estado moralmente difícil: «Nos bombardean cada día y la última vez qué pensé cuándo nos llegaría el último ataque… llegó el mío».


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