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El 17 de octubre y el mito fundacional del Movimiento Obrero

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Nosotros estamos solicitando la libertad del Coronel Perón, que es un hombre que se ha jugado todo: su carrera y su vida, por los trabajadores. No defendemos a un político demagogo sino a quien nos ha dado todas las conquistas que tenemos. Al pedir su libertad, no estamos defendiendo otra cosa que las mejoras obtenidas gracias a este hombre.

Antonio Andreotti. Obrero metalúrgico

Una Argentina envuelta en discusiones ajenas

Todo fenómeno histórico que implique el comienzo de nueva era presupone periodización, éstas no suelen ser mecánicas o súbitas: la caída del imperio romano no se dio inmediatamente en 1453 o la Revolución Francesa no se explica solo por 1799, sino por un proceso que periodizar un hecho fundante un determinado día.

El peronismo ampliamente excede al 17 de octubre y se puede rastrear en la Revolución de junio de 1943, en la gesta patriota ante el invasor inglés en 1806-1807, en la entereza del gobierno de Rosas frente a las agresiones imperialistas franco-británicas, en las experiencias de lucha federal durante la hegemonía mitrista, o también en el carácter plebeyo del yrigoyenismo como construcción política. Pero ninguno de estos acontecimientos tiene una fecha como parteaguas de forma tan marcada como los fue el 17 de octubre.

El presente artículo busca describir y analizar el 17 de octubre y los días previos, en lo que respecta al conflicto social desatado en el plano político y la reacción del Movimiento Obrero durante las jornadas de octubre ante el encarcelamiento de su conductor.

El mundo atravesaba días agitados, finalizaba la guerra, aun flotaban las decisiones de la Conferencia de Yalta, que repartió el mundo entre dos bloques y las discusiones internacionales afectaban a la dinámica de la política local. El triunfo de los Aliados envalentonaba a parte del arco político nacional, radicales, conservadores, socialistas y comunistas, los partidos de la Argentina pastoril y las fuerzas vivas semicoloniales veían en este escenario una oportunidad para retomar la iniciativa política. El gobierno de la Revolución de 1943, señalado como filo-fascista por las fuerzas vivas semicoloniales, pendulaba en un escenario hostil, así fue que cerca de finalizar el conflicto se declaraba la guerra al Eje. Esto implicaba una señal de acercamiento a algunos sectores medios y a parte de la opinión pública, que se sentía atraída por la sensibilidad de los Aliados.

Es el momento en que esas clases medias profesionales formadas en modas escolásticas de importación de ideas pasan a la acción, consideran que es la coyuntura propicia para derribar a los hombres de la Revolución de 1943. Esto implica necesariamente poner fin al ascenso de un singular Coronel obrerista, Juan Domingo Perón. Ante el desconcierto, el resto de los militares ceden a las presiones de los sectores semicoloniales. Perón deberá refugiarse en los sindicatos y la clase trabajadora. Asimismo las discusiones internacionales atravesaban al mundo del trabajo, y los hombres del comunismo y el socialismo hacían su tarea al interior del movimiento obrero para esmerilar la figura de Perón.

Las Fuerzas Vivas antinacionales

Para este momento, más precisamente en junio de 1945, surge lo que se conoce como el Manifiesto de las Fuerzas Vivas, mediante el cual entidades patronales exigen al gobierno revolucionario poner coto a las reformas impulsadas desde la Secretaría de Trabajo y Previsión. Para este momento, se identifica a Perón como un problema para el amplio arco de las fuerzas de la reacción. El objeto de este manifiesto es correr al pueblo de la neutralidad, pero también debilitar el vínculo entre el Ejército y las masas. La respuesta a Perón a esta avanzada será la frase “cuento con un Ejército de cuatro millones de obreros”.

El Frente de las Fuerzas Vivas tiene dos grandes actores: la Corte Suprema de Justicia, a través de la figura del Doctor Juan Álvarez, y el embajador norteamericano Spruille Braden, quienes son los encargados de organizar al resto de las fuerzas políticas y organizaciones civiles antinacionales.

Existe un dato omitido durante estos días que fue la sanción de la primera Ley de Asociaciones Profesionales de Trabajadores de la República (Decreto Ley 23.852), mediante la cual los sindicatos adquirían estatus de legalidad a través de su personería jurídica y gremial; este antecedente puede explicar también el apuro de la reacción por ir tras la cabeza de Perón. En ese marco, se explica también la antipatía que generaba Perón al interior de las patronales, acostumbradas a moverse en un esquema de trabajo explotador.

El 9 de octubre, Perón es removido de todos sus cargos (Secretario de Trabajo y Previsión, Ministro de Guerra y Vicepresidente de la Nación). El interlocutor militar es el General Ávalos, quien traza buenas migas con la reacción con la expectativa de un crecimiento personal. Sin embargo, las Fuerzas Vivas van por más, y envalentonadas juntan una multitud el 12 de octubre frente al Círculo Militar para reclamar la entrega del gobierno a la Corte Suprema. Detrás de esta expresión civilista se respiraba un profundo clima antimilitarista motorizado por clases altas y parte de los sectores medios. Ese mismo 12 de octubre, las patronales deniegan al aumento de salarios dispuesto por el Coronel Perón el 9 de octubre.

Alberto Belloni sobre la reacción del movimiento obrero durante los días que van del 9 al 12 de octubre dirá: “su silencio es preanuncio de tormenta y el 17 de octubre todo el cordón proletario que rodea el corazón fenicio de la ciudad estalla al unísono (1)”.

Spruille Braden surge como un actor clave para comprender el proceso, quien será uno de los verdaderos derrotados el 17 de octubre. De acuerdo con el trabajo de Miguel Ángel Scenna, Braden ingenuamente pensó que alcanzaba con correr a Perón del elenco gobernante y que su poder se basaba en los vínculos con la policía y algún que otro gremialista “vendido”. El Perón de Braden previo al 17 de octubre era un militar demagogo y aventurero. Para el embajador imperialista, los obreros, por cuestión de tradición, seguirían a sus referentes socialistas y comunistas. En paralelo, Braden recibía felicitaciones por parte de personajes relevantes de la cultura y las ciencias como Bernardo Houssay y Victoria Ocampo. Braden consideraba que Perón despojado de sus cargos sería un cadáver político pero la historia y el movimiento obrero le darán un rotundo cachetazo al embajador norteamericano.

El movimiento obrero construye su historia

El mundo obrero veía en esta avanzada contra Perón un intento por frenar la ampliación de derechos sociales y conquistas sectoriales. Es que los obreros, cansados de promesas, priorizaban las realidades materiales sobre el entramado ideológico importado en el cual se apoyaban los supuestos representantes obreros del comunismo o el socialismo.

El día 15 de octubre, más de 20 sindicatos, entre ellos la FOTIA, se lanzan a una huelga general. La situación no era de total normalidad, el sindicalismo debía tomar partida por un militar, cuestión que para algunos aun generaba dudas. Así, por ejemplo, algunos dirigentes vacilantes en un primer momento deciden apoyar al General Ávalos a condición de negociar determinados beneficios sectoriales.

En relación a estos hechos y a las convocatorias impulsadas desde la CGT, existen controversias en las investigaciones sobre el carácter espontáneo del 17 de octubre o de su organización Lo cierto es que el 16 octubre se reúne el Comité Central Confederal y decide por votación declarar la huelga revolucionaria. Entre los puntos que figuraban en el documento se destacan, la condena de la entrega del gobierno a la Corte Suprema y a la oligarquía, exige la formación de un gobierno democrático y, para tal fin, exhorta elecciones libres. Además, solicita el levantamiento del estado de sitio, y reclama el mantenimiento de las conquistas sociales y la aplicación de la Ley de Asociaciones Profesionales.

Así fue que el movimiento obrero ingresa a la historia el 17 de octubre, su emergencia vino a poner en discusión y revertir conceptos y prioridades. Mientras que los obreros se movilizan por objetivos y demandas concretas, aquellos que se arrogaban su representatividad (comunistas y socialistas) consideran a las manifestaciones del 17 octubre como traición o insultos a la conciencia de clase. Es que el propio Rodolfo Ghioldi, representante del Partido Comunista, dijo unos días antes “saludamos la reorganización del Partido Conservador operada en oposición a la dictadura (2)”.

Uno de los conceptos que viene a revertir es de libertad. La avanzada de las Fuerzas Vivas se realizaba en nombre de la libertad, pero para el movimiento obrero esta palabra tenía un significado diferente: la libertad se estaba construyendo desde 1943 a fuerza de recuperar los derechos cercenados por la dirigencia venal de la vieja Argentina. La libertad para las Fuerzas Vivas sería el regreso al antiguo régimen de explotación previo a la llegada de Perón al Departamento de Trabajo.

El 17 de octubre, por primera vez el movimiento obrero será el protagonista de una gesta cuyo resultado fue positivo, como dice Belloni, nacerá confuso y potente como todo lo que nace. Scalabrini Ortiz sostiene que esos hombres y mujeres llegaban cantando y vociferando unidos en una sola fe, eran los descendientes de meridionales europeos, rubios nórdicos y trigueños peloduro, era el triunfo del mestizaje. Dirá Scalabrini: “El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo. (3)”

Además de la reivindicación y la profundización de la cuestión social, existe en esta manifestación un alto componente nacional, la clase obrera es consciente de la debilidad de la conciencia nacional por parte de la oligarquía y algunos sectores medios cuyo jefe era Spruile Braden. El triunfo obrero del 17 de octubre es de características nacionales ya que implicó una derrota directa al embajador norteamericano.

Nuevamente, entre la sangre y el tiempo, elegimos al tiempo, sabiendo que con su paso y cuando se acaben los falsos antagonismos inducidos por el imperialismo y la oligarquía, el 17 de octubre deberá ser fecha patria, porque la Patria la edificaron los trabajadores. Pero para esto, habrá que completar nuestra independencia que aun parece incompleta.

(1) Belloni, Alberto. Del anarquismo al peronismo. Editorial Punto de Encuentro. Buenos Aires, 2011.
(2) Belloni, Alberto. Del anarquismo al peronismo. Editorial Punto de Encuentro. Buenos Aires 2011.
(3) Scalabrini Ortiz, Raúl. Tierra sin nada, tierra de profetas. Plus Ultra. Buenos Aires. 1973.




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