Inicio Opinión El bien-estar de la cultura

El bien-estar de la cultura

6 minuto leer
Comentarios desactivados en El bien-estar de la cultura
0


La espontaneidad de los chicos es asombrosa. Papá, ¿qué estudian los presidentes?, preguntó mi hijo menor, de 10 años, durante la cena familiar mientras conversábamos sobre actualidad mundial.

En una era de cambios tectónicos y de transformaciones cuánticas en materia de vínculos sociales, valores, tecnología, geopolítica y liderazgo, ¿están capacitados los presidentes para conducir los destinos de una Nación?

¿Prevalecerá la cooperación entre Estados Unidos y la República Popular China tras la elección presidencial del 5 de noviembre? ¿Podrá la Unión Europea salir de su irrelevancia? ¿Habrá guerra directa con Rusia en el quinto mandato de Vladímir Putin? ¿Dónde se inserta América Latina?

Mientras tanto, vencen los “distintos” en la política occidental, los disruptivos, que ganan rápidamente el espacio vacío ante un establishment en parálisis. Las identificaciones tradicionales se diluyen, las lealtades a las marcas se evaporan, irrumpe “lo nuevo”.

¿Comprenden los líderes que se les exige resultados positivos para el bien común?

La cultura ha sido central en la obra de Sigmund Freud (1856-1939), el fundador del psicoanálisis. La civilización impone restricciones a los impulsos individuales en aras de la convivencia social. Paradójicamente, cuanto más se desarrolla la cultura, más crece el malestar. Sin embargo, Freud introduce también el concepto de sublimación, la posibilidad de canalizar las energías reprimidas hacia el arte, la ciencia o la religión (El malestar en la cultura, 1930).

Resulta inadmisible observar hoy la casi nula preparación de los líderes actuales, el escaso espacio que dedican a su autoconocimiento, a la reflexión, a diseñar y trazar mapas de ruta sobre sus estrategias y acciones de forma profesional.

Freud analiza también el Por qué la guerra (1932) en diálogo con Albert Einstein, quien hace esfuerzos por evitar una nueva conflagración tras la Primera Guerra Mundial. Pero Freud es más escéptico y reconoce la dificultad de erradicar las pulsiones de muerte. A pesar de ello, acepta que “todo lo que trabaja en favor del desarrollo de la cultura trabaja también contra la guerra”.

Es precisamente en el territorio del autoconocimiento, el arte, la ciencia, y una espiritualidad compartida donde reside la esperanza y la posibilidad de bien-estar. Nutrirse y “sublimar” en torno a la cultura resulta imprescindible para el progreso.

Pareciera que todo girara hoy en torno a la actuación, la imagen y al espectáculo. Resulta insuficiente. Lo que verdaderamente importa son los resultados y cómo los mismos son percibidos por una sociedad exigente y demandante.

Es por ello que resulta indispensable contar con espacios para la introspección, donde puedan trabajarse cuestiones vinculadas con el carácter y la personalidad.

“El contenido es el Rey”, sostuvo Bill Gates (1996) para señalar que lo más importante en la comunicación es el contenido, la historia que se cuenta, las palabras y las formas. Y es allí donde se libran y ganan las batallas.

Ante este panorama, el liderazgo cultural con foco en la efectividad es una vía poderosa para el progreso. También para evitar la prolongación de las guerras y contrarrestar los autoritarismos que acechan en el horizonte con la continuación de crisis, como señaló Freud en La psicología de las masas (1921), anticipando lo que vendría pocos años después. Los caminos por delante pueden ser muy disímiles. Una etapa con mayor cultura, prosperidad y bien-estar es posible. w


Link de la Fuente

Cargue Artículos Más Relacionados
Cargue Más Por Mundo Político
Cargue Más En Opinión
Comentarios cerrados

Mira además

Miguel Ángel Pichetto pidió «control migratorio» en los accesos de Buenos Aires – NCN

El presidente del bloque Hacemos Coalición Federal, Miguel Ángel Pichetto, aseguró que “ha…