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El bombardeo a la Patria|Por Luis Gotte – NCN

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Los historiadores dirán que aquél 16 de junio de 1955 fue un hecho de nuestra historia, donde la Plaza de Mayo es bombardeada por una escuadra de Aviones de la Armada Argentina. Bautismo de fuego, dirán algunos. La historiografía oficial siempre ha sido tibia, no han comprendido, distinguido y apreciado cuál es su deber para con el pueblo argentino. La historia se escribe desde las entrañas, no desde el relato colonialista.

Ni fue bombardeo ni fueron argentinos. Fueron dos argentinas que se enfrentaron una vez más, la hispana y la anglófila.

Dirá un joven Rodolfo Walsh, cuyo hermano aviador participará en la sublevación contra el Gobierno Justicialista del Gral. Juan D. Perón, “la revolución está en marcha…” y un año después rendirá homenaje a tres aviadores sublevados, derribados y muertos en combate por pilotos de la democracia. Sobre aquel cruel 16 de junio, nos dirá Leonardo Favio que “eran las 12:30. El cielo encapotado cubría Buenos Aires, de improviso, como un vómito, el rugido de 30 pájaros de acero hirió las entrañas de las nubes: Hay que matar a Perón, esa era la consigna. Y comenzó el infierno. La mirada perpleja, las corridas y las bombas quebrando la inocencia: Hay que matar a Perón”. Músculos, tientos y tendones que chocaran con fuerza en la década del ‘70. Nace irreconciliablemente dos nuevas argentinas.

En el Siglo XIX, los enfrentamientos entre Federales y unitarios eran en el campo de batalla. Entre soldados, milicianos, paisanos. Salvo algunos hechos cometidos por los unitarios, como Lavalle o Mitre, que matan cobardemente a civiles, gente del pueblo común, no se registran antecedentes como lo acontecido en Plaza de Mayo. En Hispanoamérica, el último fue el bombardeo a la capital de Guatemala para derrocar a Jacobo Árbenz (1954), acción planificado por la CIA de los Estados Unidos británicos.

Con el surgimiento de la UCR, sus líderes se levantarán varias veces en armas contra la política ilegítima de la oligarquía, pero el gobierno nunca responderá con represalias hacia el pueblo civil. Ni la caída de Yrigoyen como la de Castillo, se persigue a gente inocente, como sí sucedía en otras patrias de nuestro continente.

En 1920 el Gral. Mosconi solicita a un subordinado la compra de combustible para los aviones de combate, que saldrían al campo para hacer maniobras de vuelos rasantes, por si había que bombardear la Capital Federal. Palabras que duelen, pero era un escenario de convulsiones políticas. El enemigo estaba conspirando en todas partes. El 17 de octubre de 1945 el Ministro de Marina, Vernengo Lima, le pedía al Ministro del Interior, Eduardo Ávalos, bombardear Plaza de Mayo. No sucedió. Sí se convertirá en una cruel realidad 10 años después.

Los historiadores dicen que el Ejército del Estado Argentino fue evolucionando desde una ideología francesa, a una alemana o prusiana. Pero la Armada siempre será el reaseguro de los intereses británicos en Argentina. Los hechos y la historia así los condena.

Los acontecimientos que se suceden y culminan con el Golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955, no fue contra un gobierno democrático. No fueron por causas económicas, por falta de libertad o por la existencia de una tiranía. Fue contra una Argentina que se había insubordinado contra los intereses británicos. Había dejado de ser la chacra, para iniciar su revolución industrial como lo hicieron los países europeos en el siglo pasado.

El mes de julio de 1953 será un día clave. El encuentro y abrazo del Gral. Juan D. Perón con el hermano del presidente de los Estados Unidos, Dwight Eisenhower. Situación que alertó a Londres. No iban a aceptar que Argentina quebrase “el estatuto legal del coloniaje”, condición acordada con la firma del Tratado Roca (h)-Runciman (1932). El destino de nuestra patria ya estaba escrito hace mucho tiempo, cuando un empresario textil inglés expresó, en 1804, que “Inglaterra será el taller y América española la granja…”. La Corona no perderá su piedra más preciada. Comenzará a activar a los “topos”. A sus infiltrados.

El Capitán de Navío Arturo Rial comienza a reclutar a los conspiradores; el último fue el almirante Isaac Rojas quien, en altamar entrará en contacto con una fragata británica del que recibe armamentos e instrucciones. Se bombardea Mar del Plata, luego querrá hacer lo mismo con las refinerías de Dock Sud. A Londres no les importará los costos de vida civiles; lo ha demostrado con la represión en la India y durante la Segunda Guerra mundial. Ellos quieren resultados.

El 17 de junio Argentina despertará distinta. Dividida, fracturada, quebrada. Las heridas no sanarán, seguirán profundizándose. No hay quien cure, quien sane. Tampoco queremos comprender, olvidar o perdonar. Seguimos divididos y enfrentados, sin entender que el único camino para la reconstrucción de nuestra gloriosa Nación es el de la unidad. Nuestros historiadores tienen un papel de fundamental importancia que cumplir.


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