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El colapso de 2008: Populismo y desigualdad, el legado de la crisis que cambió el mundo

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La debacle financiera tras el estallido de la burbuja hipotecaria en EE.UU. generó un efecto en cadena de impacto global, con consecuencias económicas, políticas y sociales que perduran




WASHINGTON.- Diez años después, el mundo sufre aún las secuelas que dejó la debacle desatada por la quiebra de Lehman Brothers. La peor crisis económica en casi un siglo arraigó la desigualdad, puso de rodillas a la elite global y al liberalismo, y contribuyó a la propagación del populismo que fracturó a la


Unión Europea
(UE) y alentó la llegada de


Donald Trump
a la Casa Blanca.















La secuela principal de la debacle fue la “confusión” política posterior, señaló Mónica De Bolle, economista del Instituto Peterson de Economía Internacional. El nuevo escenario quedó signado por el nacionalismo y el tribalismo de la política, una mayor polarización y una ofensiva contra el andamiaje global diseñado tras la posguerra.

“El sistema político ya no tiene la credibilidad que tenía antes, y hay una voluntad de volver al pasado y retrotraer la globalización”, indicó De Bolle. “Todo es reflejo de una misma turbulencia política que demorará mucho tiempo en pasar. Es un tema de una generación, o más. Estamos cuestionando todo lo que pasó entre el final de los 80 y la crisis de 2008, que marcó el final de una era de liberalización y de apertura. Esa reacción, creo, es la principal secuela”, sintetizó.








La salida de la crisis fue más dura en Europa, donde los países más rezagados se sometieron a duros planes de austeridad. Grecia fue el símbolo de esa terapia. El centro político enflaqueció. Europa vio el declive de la socialdemocracia, la irrupción del populismo de ultraderecha y el nacimiento de nuevos partidos, como Podemos, en España. En


Estados Unidos
surgió Occupy Wall Street, Trump se apoderó del partido republicano, y Bernie Sanders corrió a los demócratas hacia la izquierda.















La economía se recuperó -siempre lo hace-, pero la crisis profundizó la desigualdad. En Estados Unidos, la


pobreza
bajó a niveles precrisis, y el ingreso medio de un hogar de clase media alcanzó un pico histórico este año de 61.372 dólares. Los salarios, estancados durante décadas, suben ahora por arriba de la inflación. Pero los ingresos del 1% más rico dieron un salto mayor, y la brecha creció.

“Jeff Bezos está ganando una locura de 230.000 dólares por minuto en este momento”, graficó, meses atrás, CNN Money. Bezos se convirtió en el hombre más rico del mundo y en uno de los mayores filántropos del país.








Una de las raíces de la mayor desigualdad fue el
rally de Wall Street, el más prolongado de la historia. El índice Dow Jones, el S&P 500 y el Nasdaq tocaron nuevos picos. Noruega, uno de los países más ricos del mundo, fue uno de los beneficiados: su fondo soberano, el más grande del mundo, superó el billón de dólares.








A mediados de la década de 2000, el sistema financiero aparecía en la cima del mundo. Ya no. Tras las crisis, y recostadas en la irrupción de la “nueva economía”, las empresas tecnológicas nacidas con el ADN de Sillicon Valley son las nuevas estrellas.

Como evidencia de esa mutación, Apple y Amazon superaron el billón de dólares, un valor de mercado superior a todas las principales automotrices del planeta juntas, o toda la industria editorial y de medios de Estados Unidos, y casi tanto como los cuatro grandes bancos del país combinados: Wells Fargo, JP Morgan, Citi y Bank of America, que casi dejan de existir tras la caída de Lehman.









Una nueva economía


  • Las acciones, grandes ganadoras: Si bien las acciones colapsaron en la crisis de 2008 (perdieron hasta el 60% de su valor), fueron las grandes ganadoras de la última década. Tras la debacle, mientras que las acciones globales escalaron a niveles récord, las norteamericanas se robustecieron y las europeas y las de los mercados emergentes se mantuvieron estables

  • La escalada de las compañías tecnológicas: A mediados de la década pasada, los bancos estaban en la cima del mundo por capitalización, pero después de la crisis su poder no volvió a ser el mismo. Ese hueco en el mercado lo llenaron un puñado de empresas tecnológicas: Apple, Amazon, Google, Microsoft y Facebook. Las dos primeras son las únicas que superaron el billón de dólares de valor en Wall Street

  • Regulaciones de la banca: Tras la caída de Lehman, hubo cambios en Estados Unidos y en Europa para intentar regular más la actividad financiera y evitar así otra burbuja. En la actualidad, las autoridades tienen poder para intervenir en todo tipo de bancos y se identificaron entidades globalmente sistémicas, a las que se exige tener mayor capital. En EE.UU., ahora los bancos están presionando al gobierno para suavizar el impacto de las regulaciones

  • Percepciones en baja: Diez años después de la crisis, las dificultades sociales y económicas aún se sienten en los países que fueron más castigados. Según el último sondeo de Eurobarómetro, en Grecia solo el 2% de los habitantes ve la economía de manera positiva; en España, 16%, y en Italia, 18%. En cambio, en países menos golpeados, como Alemania y Holanda, el 90% de la población cree que la situación económica es buena


El giro político


  • Ebullición en EE.UU.: En EE.UU., la crisis rompió un sentido de confianza, no solo en las instituciones financieras, sino también en el gobierno que las supervisó. Esto provocó el nacimiento de nuevos grupos políticos, como el Tea Party y Occupy Wall Street, y afectó a los partidos tradicionales. Tanto en el Partido Demócrata como en el Republicano surgieron tendencias populistas, con Bernie Sanders y Donald Trump como exponentes. Ese fue el caldo de cultivo que en 2016 llevaría al magnate a su triunfo electoral

  • En Europa, un auge del populismo: Los años que siguieron al crac estuvieron marcados por el alza del desempleo (sobre todo en los jóvenes) y la austeridad fiscal. Eso llevó a que creciera el respaldo a grupos populistas, un fenómeno que alarmó a las elites. Se fortalecieron dirigentes como Marine Le Pen (Francia), Alexis Tsipras (Grecia), Beppe Grillo (Italia) y Viktor Orban (Hungría), y en 2016 los británicos votaron abandonar la UE, una elección que sacudió los cimientos del bloque

  • El estallido árabe: El efecto de terremoto de Lehman llegó hasta el otro lado del mundo. La crisis de 2008 acentuó la pobreza en países como Túnez, Egipto, Libia y Siria. El malestar social, reflejado en la caída de los salarios y el aumento del desempleo, fue una de las mechas que encendió la revolución de la Primavera Árabe a principios de 2011. En la revuelta cayeron históricos líderes, como Zine El Abidine Ben Ali, Hosni Mubarak y Muammar Khadafy, y se disparó la guerra civil en Siria contra Bashar al-Assad


Reconfiguración social


  • Millonarios más ricos: Uno de los fenómenos que acentuó la crisis fue la concentración de la riqueza. En 2010, los 388 hombres más ricos del planeta tenían la misma cantidad de riqueza que la mitad más pobre. El año pasado, los principales ocho megamillonarios igualaron la riqueza de la mitad más pobre

  • Desempleo y desigualdad: Aunque la economía global experimentó una recuperación, la crisis de desempleo persiste en el mundo, advierte la OIT. Este año hay 25 millones más de desocupados que en 2007; tras el crac, las economías desarrolladas quedaron marcadas por una gran cicatriz de desigualdad social

  • Clase media, en riesgo: Aunque a nivel global la clase media (40% de la población con ingresos medios) varió levemente su participación en la riqueza, si continúan las tendencias actuales de concentración la participación del 0,1% más rico del mundo será equivalente a la de toda la clase media para 2050











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