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El desván del clío

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Luis Tonelli. Tiene razón el Presidente Alberto Fernández. No hay diferencias en la performance de la economía entre aquellos países en los que la pandemia no fue atacada tempranamente con la cuarentena, y han tenido miles de muertos -caso Brasil-, con los que la implementaron antes y no han sufrido afortunadamente un saldo tan luctuoso -caso la Argentina-Naturalmente, las muertes multiplicándose generan un terror que lo paraliza todo.

Pero valgan dos acotaciones. La primera es que, hay países que han implementado una cuarentena inteligente y han logrado conciliar salud y economía de modo óptimo. El Presidente dijo que descreía de la “cuarentena inteligente”, y me parece que en realidad lo que acontece (y que él conoce muy bien) es el Estado penoso en el que estamos. Una cuarentena inteligente demanda de un Estado Inteligente. No una entidad gaseosa que se fagocita todo, fragmentada en mil pedazos, sin la organización ni el expertise necesario.

También, y esto es muy relevante, tenemos una sociedad en donde para un sector muy importante de ella los valores de libertad, republica, propiedad privada, división de poderes, federalismo. Para este sector, y seguramente para muchos de los que apoyan a este gobierno, un avance del Estado sobre nuestros derechos y garantías al estilo Chino es sencillamente insoportable.

La segunda acotación al Cuarentena o Muerte en el que sigue insistiendo el gobierno (que es el discurso excluyente de la “infectadura”, o como decía Herminio Con migo, o Sin migo) es que hay países con cuarentenas totales exitosas en términos de la extinción de la infección y hay países que no. En la Argentina, la cuarentena ha tenido fallas de aplicación y de cumplimiento, especialmente en el AMBA (por su combinación de masividad, pobreza y deficiencias estatales),

Todo lo cual nos condena a la cuarentena eterna. Hemos moderado mucho el ritmo de ascenso pero nunca hemos logrado que descienda, pese a la cuarentena. No hemos tenido miles de muertes pero está la amenaza pendiente de tenerlas. Y para nuestro esquema, entonces, lo único que queda es esperar la vacuna. Cosa que hasta que se produzca masivamente, se distribuya, nos llegué y la apliquemos pueden pasar muchos meses.

La pregunta del millón es si este esquema puede sostenerse durante tanto tiempo. Para los ultra K, la respuesta es entusiastamente afirmativa. La misma cuarentena genera las condiciones de la posibilidad de su extensión en el tiempo. La subsistencia de los sectores de clase media pasa a depender  también del Estado. Pero es necesario que sufran primero las inclemencias económicas para que “valoren” luego la asistencia social.

Por otra parte, la cuarentena neutraliza el poder de la protesta. Muchos de los que saldrían a la calle tienen miedo a la posibilidad de contagiarse en caso de una manifestación masiva. Otros obedecen, en su civismo al Gobierno aunque no estén de acuerdo con lo que hace. Y otros están sencillamente esperando que alguien proteste para plegarse, pero al pensar todos así nadie finalmente protesta (la paradoja de la acción colectiva planteada por Mancur Olson).

Asimismo, es cierto que la Argentina no tiene financiamiento alguno y para sostener esta economía de campo de concentración solo tiene la maquinita que produce pesos para sustentar el consumo deprimidisimo. Pero, ellos confían que la cuarentena siga inhibiendo que esa emisión se convierta en alta inflación -sencillamente porque no se consume para que se de este aumento de precios-, y que él mismo coma inducido a la economía y los controles eliminen la presión sobre el dólar y la posibilidad de una hiperinflación por fuga de capitales masiva, como en 1989. Está la cuestión de la negociación de la deuda, pero el tema es patear para adelante no tener que recurrir a los dólares con los que se cuenta para pagarla.

Para sustentar este esquema los Ultra K cuentan con el aliado/enemigo de siempre: el C.A.M.P.O. La demanda mundial de los productos agrícolas argentinos cae, pero lo hace en menor medida que los productos industrializados. Por la sencilla razón que en crisis también hay que comer. De este modo, los dólares del comercio exterior alcanzan para satisfacer una demanda de ellos deprimida por la caída de las importaciones, de los viajes al exterior, y de la fuga de divisas. Tal como ha sucedido desde el inicio de nuestra historia, se trata de llegar a un “acuerdo” con el sector agrario. Con el palo dando y a Dios rogando -con más palos que rezos, como decían los franquistas-.

Lo más importante en la visión Ultra K, es que ellos creen firmemente en que la pandemia ha acelerado el debilitamiento definitivo a los poderes económicos y políticos que dominaban la Globalización capitalista (y a sus satélites vernáculos) y que esta es una situación muy favorable para la reorganización de la economía y de la sociedad sobre bases “nacionales y populares”.

Pero como decía TU SAM el truco Ultra K “puede fallar”.  La bronca contenida es un mar de combustible derramado (y que sigue derramándose en el AMBA) a la que le falta una chispa. Solo que ella se produzca ésta permanece siempre en el misterio de lo azaroso de los acontecimientos sociales. Solo que a medida que pasa el encierro él se vuelve más insoportable y son más las posibilidades que la protesta estalle. Ahora, pareciera que en todo caso, si se produce, será una protesta de clase media. Las clases más populares están contenidas en un gobierno peronista.

El verdadero punto débil del esquema pasa porque en la Argentina, a diferencia de Venezuela, Rusia y China, la máquina de producir dólares no la tiene el Estado. En esos países, o bien el petróleo, como principal producto de exportación es del Estado (o bien todo es del Estado). Aquí la soja es de los productores y ellos pueden venderla cuando quieran, gracias a la clave de su autonomía que es el mantenimiento de la cosecha en silos bolsas.

Si los productores no liquidan su cosecha y generan dólares, la economía no tendrá forma de pagar las importaciones que necesita, ni tampoco, y esto es fundamental, la demanda interna de dólares, lo que puede producir presiones hacia el alza incontenible de su precio. Y sabemos que este proceso si es auto reforzante y puede llevar en su extremo a la tan temida hiperinflación. De allí, avisos como la confiscación de Vicentín o los atentados contra los silo bolsa.

Hasta ahora en la Argentina, la crisis se inició siempre en la no sustentación definitiva de los modelos económicos y se convirtió luego en protesta social, que a la inversa.

Pero el Desván de Clio (como se titulaba una columna de León Benaros en Todo es Historia) siempre está abierto a nuevas experiencias que nos sorprendan. Y vaya si nos ha sorprendido esta Pandemia del COVID-19.

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