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El equipo de Moroni: plantel de transición y vetos para todos

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Un íntimo amigo se llama Eduardo, es hincha de gimnasia. Con él tengo siempre la misma discusión: cómo tienen que pararse la Selección Argentina de Fútbol cuando juega contra equipos como Brasil y Alemania.

Él dice que siempre juguemos de contragolpe, 4-4-2 o 4-1-4-1, y yo siempre quiero salir a atacar y matarlos a pelotazos. La cosa viene siempre así, en el medio, lo único que importa es juntarse.

Pero la conclusión es: cómo parás el equipo, para saber lo que querés jugar.

Cuando ves el equipo que se está parando en el nuevo Ministerio de Trabajo de la era Fernández, empezás a imaginar el juego, o pretendés entender qué pueden llegar a hacer.

La primera observación es que no hay funcionarios del paladar negro cegetistas en las principales líneas. Tampoco nombres de peso en el mundo del trabajo.

A saber: el ministro es un hombre de extrema confianza y amigo del presidente entrante. El jefe de gabinete una persona que viene de la empresa Chevron (un CEO), el secretario de trabajo con un CV vinculado solo a la política partidaria.

El sistema de paritarias en el marco de Acuerdo Social va a ser duro para el trabajador y con costo político para la dirigencia política. Se habla de montos fijos no remunerativos para todos los trabajadores y después en cada paritaria se negociará la manera de incorporarlo al básico.

Un dato que pasó bajo radar esta semana es que desde el martes quedaron suspendidas las audiencias de reajuste de paritarias. Supuestamente esta semana se reorganizarían las fechas para las mismas.

También siguen pendientes algunos temas de reforma laboral y otros de la previsional. Seguramente el FMI los ponga en la mesa a la hora de renegociar los términos de la deuda, su reestructuración.

Cuando una analiza el perfil bajo del ministerio y la no pertenencia a los sectores aglutinantes del sindicalismo argentino, uno podría imaginar un equipo de transición, que viene a tomar medidas no gratas para los trabajadores y para la dirigencia. Esa parecería ser una posibilidad. La otra, es que el mismo Alberto es el verdadero articulador con el mundo del trabajo.

Sumado a esto, en los últimos meses aparecían nombres, se bajaban nombres, pero con todos se utilizó el veto cruzado, y el equilibrio nunca llegó.

Al cierre de esta nota, el único nombre del sindicalismo que se sostenía era el de Mónica Risotto, a la DNAS (Asociaciones Sindicales).

El veto fue lo que mejor funcionó en la supuesta unidad del movimiento obrero. La falta de unidad salió caro en la primera etapa de un nuevo gobierno.

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