Inicio Opinión El Estado burocrático democrático

El Estado burocrático democrático

11 minuto leer
Comentarios desactivados en El Estado burocrático democrático
0

Por Luis Tonelli. A fines de la década del 60, un Guillermo O´Donnell muy joven publicó Modernización y Autoritarismo, su primer y esencial libro, en el que acuñó el concepto de Estado Burocrático y Autoritario para referirse a las dictaduras que asolaban por esa época a América Latina.

Precisamente, el componente “burocrático” era el que definía a esas dictaduras, representado según O´Donnell, por los “roles tecnocráticos” que monitoreaban el “ajuste económico” que llevaban a cabo esos regímenes.

Mucho se habló del carácter tecnocrático del gobierno de Mauricio Macri qué, aunque en realidad mutó desde el inició como un gobierno de CEOs, hasta terminar dominado por los economistas con doctorado o experiencia similar, fue siempre un “no gabinete”, segmentado y disperso, que contradice el carácter compacto de una tecnocracia. En última instancia, y a regañadientes de Mauricio Macri, esa tecnocracia pasó a ser como en todas las crisis económicas argentinas, el staff del  FMI (a quien sarcásticamente O´Donnell definía como los “intelectuales orgánicos gramscianos modernos”).

Sin embargo, la definición de Estado Burocrático y Democrático le cae mejor a la novel experiencia de Alberto Fernández como Presidente. Del componente democrático no hay duda de su gobierno, aún con la rareza de que, en realidad, fue casi una elección de “segundo grado”: así como los parlamentos eligen a su Primer Ministro, a Alberto lo eligió Cristina.  Pero fue una elección intachable, con un resultado demoledor a su favor desde las P.A.S.O.

Lo interesante es la aplicabilidad de la etiqueta de “burocrático”, en la línea “oddonelliana”, a su gobierno. Desde sus primeros pasos, el Presidente destacó con premeditación y alevosía (tanto que fue adelantado en un artículo por su House Organ, el diario Pagina12) la inclusión de “científicos” en su gabinete -aunque se trata de funcionarios nombrados por su militancia en el gobierno de Néstor Kirchner-.

Asimismo, no se puede decir que el gobierno de Alberto haya abrevado en el típico movilizacionismo del que hicieron gala, desde su irrupción en la política, las diferentes especies peronistas en el poder. La “calle”, es indudablemente, de su vicepresidenta ex presidenta Cristina Fernández y, por el otro lado, la gran epopeya inicial (¿se acuerdan?) fue la resolución de la deuda, en manos de un ignoto Martín Guzmán, economista de laboratorio, repatriado ad hoc, que tenía su solaz en la Big Apple neoyorquina.

Por último, Alberto Fernández  tampoco evidenciado una vocación por construir consensos partidarios (aunque, en realidad, el único que tuvo esa intención, de todos los Presidentes argentinos, fue el primero de la democracia recuperada, Raúl Alfonsín). Sin embargo, Alberto no ha apelado a su popularidad (ya que inicialmente no ha sido suya) para ponerse por arriba del consenso partidario, pero de alguna manera, lo ha puesto a su costado. El Presidenta ha trabajado desde que llegó a la Casa Rosada como ese Jefe de Gabinete que siempre fue, o bien, como il capo di governo italiano de un gabinete de técnicos (al estilo del de Carlo Azegio Ciampi, cuyo fin primordial era poner es orden presupuestario que no había podido instrumentar su jefe saliente, Romano Prodi).

Obviamente, este carácter “burocrático” del Gobierno de Alberto Fernández, presenta la paradoja de no estar acompañado de una “burocracia estatal” a su altura. Se trata así de un gobierno burocrático sin burocracia, dado el estado calamitoso del Estado argentino -una diferencia insoslayable y fundamental con las experiencias de los 60 y 70 -obviamente, también democráticas, qué si contaban con un aparato estatal profesional y consolidado, si se lo compara con la estaticidad que ha quedado constituida a pesar de gastos públicos incluso mayores-.

A esa fragua inicial burocrática del gobierno de Alberto Fernández le ha llegado una confirmación y reforzamiento extremo impensable incluso hace pocas semanas atrás. El Cisne Negro, y negrísimo por el luto que ha generado, del Coronavirus. La lucha contra una pandemia, se convierte en una guerra que encima es contra un enemigo invisible que, aunque portado por inocentes, hace a todo prójimo un sospechoso (los casos de negligentes que viniendo de lugares infectados tratan de esquivar la cuarentena, cae más en un acto de irresponsabilidad absoluta y falta de solidaridad social, que en el perfil criminal, aunque puedan generar muertes con su conducta).

Es la emergencia perfecta, la que activa el Estado de Excepción en el que estamos (parcial, ya que no ha sido dictado -todavía- el Estado de Sitio). Y si como decía Carl Schmitt, “Soberano es el que decide en el Estado de Excepción”, Alberto Fernández surge de él como su soberano, que hace olvidar por el momento internas, diferencias y oposiciones. Es el Comandante en Jefe de una burocracia que ahora tiene un solo objetivo, y no menor: lograr que los argentinos se queden en su casa: la única arma que se tiene para lograr frenar la dispersión del virus (a la espera de la vacuna o medicación)

Los problemas asociados a esta medida necesaria son inimaginables, y menos imaginables extendiéndose en el tiempo: el parate de la economía argentina desde el 2012 ha sumado problemas sociales importantes, el detenimiento casi total de la actividad económica, si pasa el de algunos meses, demandará la implementación de medidas innovadoras y creativas.

Y ahí si se echará en falta, la ausencia de burocracia estatal en un gobierno burocrático. Porque, aunque gracias a Bill Gates y a Steve Jobs que las popularizaron, tenemos a las computadoras que reemplazan a mucho del trabajo administrativo, la falta mayor es en la aplicabilidad territorial real y concreta de esas medidas que será imprescindible aplicar. No más, mirar la cola en los peajes de argentinos que “alegremente” vuelven de vacaciones en medio de la pandemia declarada…

Link de la Fuente

Cargue Artículos Más Relacionados
Cargue Más Por Mundo Político
  • Crisis: Los museos vaticanos

    El Vaticano no está aún en peligro de default. No quiere decir que no haya una gran crisis…
  • Los lideres naturales

    Thomas L. Friedman*. ¿Qué tiene que ver la Madre Naturaleza  con nuestras sociedades? La r…
  • SLAVOJ  ZIZEK:

      Slavoj Zizek considera que el coronavirus es un golpe al capitalismo a lo Kill Bill…
Cargue Más En Opinión
Comentarios cerrados

Mira además

El municipio regulará el ingreso de peatones a la zona comercial según el número de dni

  En el marco de las medidas dispuestas para evitar la aglomeración de personas y red…