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El estrés como enfermedad: una mirada molecular

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Luego, si persiste el factor estresor, sobreviene la segunda etapa, de “resistencia”, que puede ser transitoria o permanente. En ella, el sistema nervioso central se ve comprometido y se desencadena una cascada hormonal, se liberan enzimas inflamatorias y se producen otros procesos para la “adaptarse” a una situación que nos supera física y psíquicamente.

La tercera etapa es la “sobreadaptación”: cuando las tensiones y la presión resultan demasiado altas y/o continuas, y la capacidad de resistencia es relativamente baja, se genera un desajuste denominado distrés. En ese caso, el organismo claudica en su capacidad de adaptación y genera así alteraciones y trastornos progresivos a nivel físico, psicológico y social. Si bien el elemento genético es importante, lo es más aún el epigenético: medio ambiente; factores sociales, familiares y laborales, y patologías asociadas complejas. Poder superar esta etapa dependerá de varios factores de asertividad y de resiliencia y de los recursos emocionales con los que se cuente.

Pero más allá de lo fisiológico, hay una realidad que puede ir condicionando la calidad de vida desde lo psicológico, a partir de la ansiedad, el miedo, la tristeza, la depresión, el pánico, la ira y la agresividad, todas emociones negativas. También desde lo físico: colesterol alto, infecciones, hipertensión, diabetes, en el marco de los cuales puede bajar la inmunidad y aumentar la resistencia de insulina. Pero lo más cotidiano puede ser cansancio al levantarse, pérdida de la memoria inmediata, fobias, dolores lumbares, aumento de peso o sequedad de la boca.

Tratamos este problema con una mirada molecular, pensando en los cambios celulares (el estrés oxidativo, la peroxidación lipídica, la aparición de radicales libres etc.) e indicando, luego de diferentes estudios (de sangre, de saliva, mineralograma y una amplia batería que podemos instrumentar para ayudarnos), un plan alimentario adecuado, actividad física, relajación, meditación y, según el diagnóstico, terapias de quelación, pools energéticos, minerales, aminoácidos, DHEA y melatonina. Porque el concepto más importante es que “no hay enfermedades sino enfermos”, y en el estrés esto se hace más evidente porque no existe una terapia estándar sino un diagnóstico para tratar a cada paciente y neutralizar los efectos adversos, de modo de evitar la última e infrecuente etapa, la del “agotamiento”, en la cual los mecanismos de defensa claudican.

La biología molecular es el mejor aliado en el momento de una terapia médica, porque tiene los instrumentos para evaluar al paciente y tratarlo. Todos los médicos deberíamos estudiar esta nueva especialidad, la psiconeuroinmunoendocrinología del estrés, que llegó con la fuerza de una realidad irrefutable para estas generaciones que sufren permanentes cambios.

(*) Médica cirujana, especialista en medicina del estrés.


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