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El fin de Glasgow

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Simon Lewis. Mark Maslin.  Las conversaciones sobre el clima de la COP26 de la ONU en Glasgow concluyeron. El Pacto Climático fue acordado por los 197 países. ¿Qué hemos aprendido de estas dos semanas de declaraciones de los líderes, protestas masivas y acuerdos paralelos sobre el carbón, la detención de la financiación de los combustibles fósiles y la deforestación, además del Pacto Climático de Glasgow? Esto es lo que hay que saber:

  1. Progreso insuficiente en la reducción de emisiones

El Pacto Climático supone un progreso gradual y no el avance decisivo necesario para frenar los peores impactos del cambio climático. El Gobierno del Reino Unido, como anfitrión quería “mantener vivos los 1,5 °C”, el objetivo más fuerte del Acuerdo de París.” El objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C sobrevive con respiración asistida: tiene pulso, está casi muerto.

El Acuerdo de París dice que las temperaturas deben limitarse a “muy por debajo” de 2 °C sobre los niveles preindustriales. Los países deben “seguir esforzándose” para limitar el calentamiento a 1,5 °C. El mundo estaba en camino de alcanzar los 2,7 °C de calentamiento, basándose en los compromisos de los países. Los nuevos compromisos de reducción de emisiones en esta década han reducido esta cifra a una estimación óptima de 2,4 °C.

Más países anunciaron objetivos netos a largo plazo. Uno de los más importantes fue el compromiso de India de alcanzar las emisiones netas cero en 2070. Este país aseguró que empezaría con una expansión masiva de la energía renovable en los próximos diez años – el 50% de su uso total- , reduciendo sus emisiones en 2030 en 1 000 millones de toneladas (total actual, 2 500 millones).

Nigeria, un país en rápido crecimiento, se comprometió a tener cero emisiones netas en 2060. Los países que representan el 90% del PIB mundial se han comprometido a alcanzar el objetivo de cero emisiones para mediados de este siglo.

Un calentamiento mundial de 2,4 °C sigue muy lejos de 1,5 °C. Lo que queda por resolver es la brecha en las emisiones a corto plazo. Las emisiones globales se estabilizarán esta década sin drásticas reducciones necesarias para estar en la trayectoria de 1,5 °C que pide el pacto. Hay un abismo entre los objetivos de cero emisiones a largo plazo y los planes de reducción de emisiones de esta década.

  1. La puerta queda entreabierta para nuevos recortes en un futuro próximo

El texto final del Pacto de Glasgow señala que los actuales planes climáticos nacionales, las contribuciones determinadas a nivel nacional están lejos de lo necesario para alcanzar 1,5 °C. Pide que los países vuelvan el año próximo con nuevos planes actualizados.

Según el Acuerdo de París, se necesitan nuevos planes climáticos cada cinco años. Por eso Glasgow, cinco años después de París (con retraso debido a la covid-19), era una reunión tan importante. Aplazar los nuevos planes climáticos al año que viene, en lugar de esperar otros cinco años, puede mantener los 1,5 °C con vida durante otros 12 meses, y da a los activistas otro año para cambiar la política climática de los Gobiernos. También abre la puerta a solicitar nuevas actualizaciones a partir de 2022 para ayudar a aumentar la ambición en esta década.

El Pacto por el Clima de Glasgow establece que el uso del carbón debe reducirse progresivamente, al igual que las subvenciones a los combustibles fósiles. La redacción es más débil que las propuestas iniciales. El texto final pide  “reducción progresiva” y no una “eliminación” del carbón, debido a una intervención de última hora de la India.

En el pasado, Arabia Saudí y otros países eliminaron este tema. Es un cambio importante, ya que se reconoce la necesidad de reducir rápidamente el uso del carbón y otros combustibles fósiles para hacer frente a la emergencia climática. Se ha roto el tabú de hablar del fin de los combustibles fósiles.

  1. Los países ricos siguen ignorando su responsabilidad histórica. Los países en vías de desarrollo piden financiación por “pérdidas y daños”, como los costes de los impactos de los ciclones y la subida del nivel del mar. Pequeños estados insulares y países vulnerables al clima afirman que las emisiones históricas de los principales contaminadores han provocado estos impactos.

Los países desarrollados, liderados por EE. UU. y la UE, se resisten  a asumir responsabilidad por estas pérdidas y daños, a pesar que la mayoría de los países lo reclaman.

Los 20 mayores contribuyentes a las emisiones acumuladas de 1850-2021, en miles de millones de toneladas, desglosados en subtotales de combustibles fósiles y cemento (gris), así como de uso del suelo y silvicultura (verde). CarbonBrief, CC BY-NC-SA

  1. Las lagunas del mercado del carbono podrían socavar el progreso

Los mercados de carbono podrían suponer un salvavidas para la industria de los combustibles fósiles, permitiéndoles reclamar “compensaciones de carbono” y continuar con su actividad.

Seis años después, tras una tortuosa serie de negociaciones, se ha llegado a un acuerdo sobre el artículo 6 del Acuerdo de París, relativo a los enfoques de mercado y no relacionados con el mercado para el comercio de carbono. Se han resuelto las peores y mayores lagunas, pero todavía hay margen para que los países y las empresas jueguen con el sistema.

Fuera del proceso de la COP, necesitaremos normas mucho más claras y estrictas para las compensaciones de carbono de las empresas. Es de esperar que organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación saquen a la luz casos de compensaciones de carbono en el marco de este nuevo régimen, cuando surjan nuevos intentos de cerrar estas lagunas.

  1. Agradezcamos a los activistas del clima los avances: sus próximos movimientos serán decisivos. Está claro que los países poderosos se mueven con demasiada lentitud y con la decisión política de no apoyar un cambio radical tanto en las emisiones de gases de efecto invernadero como en la financiación para ayudar a los países de bajos ingresos a adaptarse al cambio climático y dejar atrás la era de los combustibles fósiles.

Pero su población y, en particular, los defensores del clima, les presionan mucho. De hecho, en Glasgow hubo enormes protestas, tanto en la marcha de los jóvenes de Fridays for Future como en el Día de Acción Global del sábado, superiores a las cifras previstas.

Los próximos pasos de los activistas y del movimiento climático son importantes. En el Reino Unido tratarán de impedir que el Gobierno conceda una licencia para explotar el nuevo yacimiento petrolífero de Cambo frente a la costa norte de Escocia.

Se espera que haya más acciones enfocadas a la financiación de proyectos de combustibles fósiles, ya que los activistas quieren reducir las emisiones privando a la industria de capital. Sin estos movimientos que presionan a los países y a las empresas, incluso en la reunión de Egipto, no frenaremos el cambio climático ni protegeremos nuestro precioso planeta.

 

*Simon Lewis- Profesor en la Universidad de Leeds en Ciencias de Cambio Global at University of Leeds. Mark Maslin, profesor de Ciencias del Sistema Terrestre. Universsity College de Londes.

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