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EL HOMBRE DEL AÑO. | 7miradas

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El filántropo  George Soros fue designado como hombre del año por el Financial Times, a sus 88 añitos. El diario reconoce su oposición contra gobiernos autoritarios, el nacionalismo y el populismo. Así nomás de sencillito.

La designación  la Persona del Año de Financial Times es una norma sobre los aciertos del ganador. Este año, su elección también tiene que ver con los valores que él representa.

“Fue un tremendo empujón que refuerza mi creencia de que estamos haciendo algo bien” Soros. Es uno de los filántropos más importantes del mundo. Desde su Estados Unidos adoptivo, el nacionalismo y el populismo debilitan el orden democrático liberal con el avance de autócratas en todo el mundo. Soporta desde ya reacciones violentas de sus opositores.

Soros es el abanderado de la democracia liberal y de la sociedad abierta. Estas son las ideas que triunfaron en la Guerra Fría. Y hoy están siendo muy atacadas desde en la Rusia de Vladimir Putin hasta en el Estados Unidos de Donald Trump.

Medios de investigación respaldados por Soros y grupos de la sociedad civil ayudaron a frustrar un contrato con Rusia para la construcción de una planta de energía nuclear supuestamente viciado de corrupción.

Durante más de tres décadas, Soros empleó la filantropía para luchar contra el autoritarismo, el racismo y la intolerancia. Este prolongado compromiso hacia la apertura, la libertad en los medios y los derechos humanos, provoca el enojo de los regímenes autoritarios y, cada vez más, de los populistas nacionales que siguen ganando espacio particularmente en Europa.

“Me culpan de todo, incluso de ser el anticristo”, afirmó Soros. “Me gustaría no tener tantos enemigos, pero lo tomo como una señal de que debo estar haciendo algo bien”.

Hay teorías conspirativas antisemitas contra Soros. Casi todos los días hay declaraciones, tuits o imágenes que lo muestran como un manipulador de la política global.

Trump, resentido por el apoyo de Soros a los demócratas, lo han acusado de financiar la caravana migrante de Centroamérica, señalamientos que parecen haber inspirado, al menos en parte, un ataque a la sinagoga Tree of Life en Pittsburgh en octubre pasado.

Soros fue el primero en una serie de críticos de Trump que recibió un dispositivo explosivo en su casa de Nueva York. “Me han descripto como un demonio. El hecho de que los extremista se inspiren en falsas teorías conspirativas sobre mí para asesinar me duele tremendamente”, dice Soros.

Al otro lado del Atlántico, el primer ministro húngaro Viktor Orban, que fue uno de los beneficiarios de una beca educativa de Soros, usó al multimillonario en su campaña electoral, acusándolo de dirigir los planes de la Unión Europea para inundar el continente de inmigrantes.

El partido de Orban llenó las calles de carteles con imágenes de Soros que, según los críticos, se parecían a los posters nazis del “judío riéndose”. Este mes, la Universidad Central Europea, que Soros fundó en Budapest en 1991, informó que se veía “obligada” a mudar algunos cursos a Viena en lo que describió como “un día oscuro para Europa y oscuro para Hungría”.

También en el Reino Unido, el país en el que Soros completó su educación y tienen propiedades, es recordado como el hombre que “quebró el Banco de Inglaterra” con su apuesta contra la libra esterlina en 1992. Décadas después es criticado por su oposición al Brexit y por su apoyo financiero a Best of Britain, un grupo que hace campaña para que se realice un segundo referendo sobre la permanencia del Reino Unido en la UE. Facebook también se unió a la campaña de desinformación, al ordenar una investigación que trató de desacreditar al multimillonario.

Soros parece energizado por los ataques que recibe. Consumidor voraz de información y que también escucha atentamente, muestra un ánimo reflexivo que trata de buscarle sentido al nuevo desorden mundial. Se describe así mismocomo un “filosofo frustrado”.

“Tuvimos la historia de nuestro lado durante los primeros años. Hubo un momento en que las sociedades abiertas eran muy exitosas y ganaban terreno”, dijo refiriéndose a las últimas décadas. “          Pero el rumbo de la historia cambió. Ese es el problema que estoy tratando de comprender, qué fue lo que hizo que las sociedades cerradas ganaran terreno”.

Si bien se queja de que está perdiendo la memoria, “sólo recuerdo el futuro”, dijo divirtiendo aunque sigue siendo perspicaz y detallista.

Quienes critican a Soros mencionan contradicciones irreconciliables. Hizo su fortuna como implacable especulador, preocupándose poco por las consecuencias. Y es un donante fervoroso. Es la misma rebeldía y alta tolerancia al riesgo lo que atraviesa todo lo que hahecho, sea en la administración de fondos o en la filantropía.

“El origen de cómo es él,  está en su adolescencia cuando entró en la mayoría de edad bajo el nazismo y fascismo, que como judío debió esconderse y que en plena etapa de formación fue testigo de los instintos y comportamiento más oscuros de los seres humanos”, contó Leon Botstein, presidente de Bard College, una pequeña escuela de arte de Estados Unidos, y socio hace mucho tiempo.

Hijo de una familia judía en Hungría, Soros tenía 14 años cuando los nazis invadieron en 1944. Sobrevivió con documentos falsos a una ocupación que le costó la vida a 500.000 judíos. Guiada por su padre abogado, Tivadar, la familia se dividió y el joven George fue enviado a vivir con un funcionario agrícola que fingió ser su padrino. George acompañaba al funcionario a hacer el inventario de las propiedades judías confiscadas, una experiencia sobre la cual no tenía el control pero que lo perseguiría y se convertiría en el argumento de quienes afirman que colaboró con los nazis.

Mientras los comunistas consolidaban su poder en Hungría,   Soros, con 17 años en aquel entonces, decidió escapar a Londres, donde trabajó como mozo. Gran Bretaña le ofreció la oportunidad de comenzar una nueva vida.

Mientras estudiaba en la London School of Economics, con la influencia de Karl Popper y pudo fortalecer su idea de que sólo las sociedades abiertas y democráticas pueden odían florecer. Estas ideas se convertirían en la base de su filantropía.

Se fue a Wall Street en los ´50 como operador de arbitraje, donde abrió su fondo Quantum y se convirtió en uno de los especuladores más famosos del mundo.

Recién entró en la escena internacional después de su apuesta en 1992 contra la libra esterlina, la cual forzó al Reino Unido a retirarse del Mecanismo Europeo de Cambio ese Miércoles Negro. La posición corta que armó le dejó una ganancia superior a u$s 1.000 millones.

Para aquel entonces, se hizo amigo y respaldaba financieramente a disidentes de todo el bloque oriental. Creó en 1984 la primera Open Society Foundation en Hungría. Uno de los primeros receptores de ayuda fue un grupo de estudiantes conducido por Orban. La caída del Muro de Berlín le brindó un nuevo impulso para avanzar con su agenda liberal y su propuesta para un Plan Marshall en Europa oriental fue ridiculizada, salió a implementarlo en carácter privado. En 1992, por ejemplo, armó un programa de u$s 100 millones para pagar los salarios de los científicos de la ex Unión Soviética y de los estados del Báltico y para distribuir publicaciones académicas a las bibliotecas.

Soros se diversificó cuando al terminar la guerra fría apoyando causas desde la migración hasta la política antidroga, y resistiendo la discriminación contra los gitanos en Europa y los rohinyá en Myanmar. Fueron vestigios de memoria de persecuciones que sufrió en su infancia.

Soros  es un judío no practicante. Cree que el hombre creó a Dios a su imagen y no al revés. “George es un activista permanente pero en vez de tener un chaleco amarrillo (como el de los manifestantes franceses) y usar botas, cuenta con una agenda liberal; y nunca se da por vencido”, dijo Mark Malloch Brown, ex funcionario británico que es uno de los amigos más antiguos de Soros.

Soros nunca consideró postularse a un cargo público. Impulsivo y propenso a cambiar abruptamente de opinión, se resiste a ser “burocráticamente entrenado” contó Malloch Brown.

Fue uno de los mayores donantes de la campaña presidencial de Hillary Clinton en 2016. Le dolió la victoria electoral de Trump. Soros llegó a decir que Trump “es su propio peor enemigo, un narcisista que quiere que el mundo gire en torno a él y sus éxito ha ido más allá de sus sueños”.

En la campaña de 2020, se mantendrá afuera de las primarias y respaldar al candidato opositor demócrata. En lo más inmediato, su fundación defenderá la realización de un censo justo en 2020 que pueda abordar la escasa representación de las minorías.

Soros previó  que su fundación funcionario mientras él estuviera vivo per quiere afirmar su legado. Transfirió u$s 18.000 millones a Open Society  Foundations.  Su fortuna se redujo  a u$s 8.000 millones, (según la revista Forbes con su hijo por  sucesor. . Y ha encontrado un sucesor en su filantropía: su hijo.

“Luchamos por los principios más allá de los resultados, se gane o se pierda” pero eso sí “No me gusta perder”.

 


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