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EL MONOPOLIO DEL LUJO. | 7miradas

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Con la compra de Tiffany, el grupo LVMH busca incrementar su poder de negociación para crecer en el poderoso mercado chino e impulsar el crecimiento de su división de comercio electrónico

¿Qué se le compra al grupo de lujo que tiene todo? Aparentemente, más diamantes. El 25 de noviembre pasado LVMH, que ya es el jugador número uno en el negocio del lujo global, anunció que se estaba apoderando de Tiffany & Co, donde los operadores de Wall Street gastan unos dólares para tratar de convertir a sus amigas en novias.

La marca americana se convertirá en la 76° adquisición del grupo  sumándose a Louis Vuitton, Dior y el champagne Veuve Clicquot. ¿Cuántos más empresas entran bajo el paraguas corporativo de Bernard Arnault, el patrón de LVMH y su mayor accionista?

El acuerdo tiene un precio equivalente al de una gema perfecta. LVMH pagará US$16.900 millones, Incluyendo deuda neta, equivalente a casi cuatro años de ventas en Tiffany.

La absorción de la empresa fue recibida con el entusiasmo correspondiente a un buen matrimonio. El lujo, en un tiempo poco más que una industria dominada por firmas familiares en Europa, se ha convertido en el costo reservado a unos pocos conglomerados gigantes.

La adquisición consolida a LVMH en el pico del mundo del lujo. Su ascenso ha deslumbrado desde que Arnault se hizo cargo hace más de tres décadas. El valor de sus acciones se ha triplicado los últimos cinco años, incluyendo un ascenso del 6 % desde enero último.

Con una valuación de 206.000 millones (US$227.000 millones), LVMH ahora compite con la petrolera Royal Dutch Shell por el puesto de firma más valiosa de la Unión Europea

Se dice que Arnault es el hombre más rico de Europa, Convirtió la firma constructora familiar en inmobiliaria y luego en una compañía de artículos de lujo.

Se quedó con Dior como parte de un paquete de activos textiles quebrados en la década de 1980, y luego tomó el control de LVMH. El “lobo en cachemira” tiene todo lo que identifica una fortuna de US$100.000 millones, desde una colección de arte pública en museo parisino diseñado por Frank Gehry  hasta un par de periódicos.

“LVMH domina un sector favorecido estructuralmente, sostenido por la globalización y la desigualdad de ingresos”, dice la consultora Bernstein. Su éxito es el resultado de tener el tamaño adecuado -grande- en el negocio indicado y en el momento justo.

Las ventas de artículos de lujo tales como carteras, relojes y pañuelos Hermès, han aumentado alrededor de 6% anual desde 1996 según la consultora Bain. El sector valdrá 281.000 millones de euros este año.

Los compradores chinos, que apenas figuraban en el ranking de 2000 ahora representan un tercio de las ventas y aportan la efervescencia en un mercado en crecimiento.

LVMH ha logrado una tasa de crecimiento casi el doble de la del sector en las últimas dos décadas y el año pasado vendió por valor de más de 46.000 millones de euros.

LVMH dice que le dará a Tiffany tiempo y dinero, por ejemplo para renovar sus tiendas y apuntar a un mercado de mayor categoría. Hizo algo similar con Bulgari, una joyería italiana. Arnault informa que las ganancias en esa empresa se quintuplicaron desde que LVMH se hizo cargo en 2011.

Los conglomerados tienen más poder al negociar, con propietarios de nuevos centros comerciales en China.

Tales ventajas sugieren más concentración. Pero hay límites para LVMH y otros. Uno de esos límites es la oferta. Las marcas que los conglomerados desean comprar necesitan contar con un largo historial y son pocas. Se mantienen independientes Chanel y Rolex.

Otro límite, que es específico de LVMH, es si un grupo puede manejar tantos negocios diferentes. Pero la tendencia es a construir imperios, no desmantelarlos. LVMH no deja de tener desafíos. Es incierto el futuro del sector del lujo. El crecimiento en China no durará para siempre, especialmente si continúan las tensiones comerciales. Hasta los consumidores de Dom Perignon padecen las recesiones.

La mitad de las ganancias de la firma provengan de una sola marca, Louis Vuitton. A los setenta años el empresario tiene firmemente el control de sus negocios. Pero con el paso del tiempo el interrogante de si sus herederos han heredado su talento para vender productos de lujo será cada vez más imperativo.

¿Puede el lujo seguir vendiendo a cada vez más gente y retener su atractivo? Hasta ahora, sí. Ha prosperado invirtiendo de modo extravagante para lograr que la gente compre cosas extranjeras hermosas que no necesita. Es el modelo de negocios arquetípico de estos tiempos. ¿Pero qué pasará si los tiempos cambian?


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