Inicio Opinión EL NACIONALISMO: LOS RIESGOS | 7miradas

EL NACIONALISMO: LOS RIESGOS | 7miradas

17 minuto leer
Comentarios desactivados en EL NACIONALISMO: LOS RIESGOS | 7miradas
0

 

El nacionalismo es una fuerza social y hasta letal. Millones han luchado y muerto en ejércitos nacionales desde principios del siglo pasado. El nacionalismo es una religión secular; santifica la idea de “nación”.

Murieron por una “comunidad imaginada la gran mayoría de sus miembros son desconocidos para aquellos cuya identidad nacional comparten, y “comunidad” porque reconoce un vínculo primario de lealtad  y de apoyo. Al principio estas comunidades eran pequeñas y familiares. Las entidades políticas no anticipaban que sus súbditos sintieran una íntima identidad con el Estado: estas entidades principalmente exigían obediencia.

El Estado nación movilizado, y la intensa identidad que promueve, nació en los últimos 200 años, aunque, en el Occidente, hacen eco de los valores de las antiguas ciudades Estado. El punto de partida moderno deviene  de la “levèe en masse”, o conscripción masiva, iniciada después de la Revolución francesa.

En países de Europa –Suecia, España y Francia–preocupan tres respuestas distintas a la presencia decisiva de partidos de extrema derecha en sus parlamentos y a la ola que recorre el continente. Aislar a la extrema derecha, pactar o tratar de neutralizar

 

Tres casi cinco meses de negociaciones, cuatro partidos suecos han acordado un nuevo gobierno de coalición entre los socialdemócratas y los verdes mantener como primer ministro el socialdemócrata Stefan Löfven.  Hay una nueva etapa en la política sueca de colaboración entre bloques ideológicos y un mayor papel del parlamento.

En países de Europa –Suecia, España y Francia–preocupan tres respuestas distintas a la presencia decisiva de partidos de extrema derecha en sus parlamentos:  aislar a la extrema derecha, pactar o tratar de neutralizarla

En cuanto a España, las elecciones autonómicas andaluzas impulsaron al partido de extrema derecha Vox, que pasó de cero a doce diputados  posibilitando un cambio de color político después de cuarenta años de gobierno regional socialista.

El conservador Partido Popular y el de centro-derecha Ciudadanos resolvieron investir al líder popular andaluz, Juan Manuel Bonilla, como presidente de la Junta andaluza con el apoyo pactado de Vox.

La actual línea oficial de los populares, impone la estrategia del hablar y actuar “sin complejos” con vistas a las próximas elecciones autonómicas, municipales y europeas. Supone la posibilidad de pactar con Vox asumiendo parte de su ideario neo-reaccionario que hace bandera de la xenofobia, la misoginia y el dogmatismo religioso.

Dos meses después de la primera movilización del movimiento de los “chalecos amarillos”, el presidente francés, Emmanuel Macron inauguró el pasado 15 de enero un gran debate nacional.

Macron promete que se tomará nota de todo lo que surja en el debate y respete los fundamentos de la República. Se trata, en sus palabras, de un “experimento arriesgado” que puede constituir el nacimiento de una nueva forma de democracia, una suerte de “república en deliberación permanente”, en la que contrastar opiniones y demandas, informar e informarse.

Algo distinto, enfatiza, de someter sistemáticamente al referendo de la ciudadanía –no siempre bien informada–decisiones que se toman en el parlamento, creando así un conflicto entre democracia representativa y directa. El ejemplo sería el Brexit en Reino Unido.

 

En la última década, el auge de derecha y la fragmentación de los parlamentos, ha llevado a algunos partidos a abandonarla por la del pacto con estas formaciones para poder formar gobierno.

El filósofo Ernest Gellner sostuvo los beneficios económicos del nacionalismo. Su argumento: imponer una cultura de alfabetización universal de un lenguaje común a través de un sistema nacional de educación. Esto exigía la creación de instituciones nacionales y el surgimiento de una economía nacional.

Esta nueva ideología promovió,   una forma de vida más flexible, mientras que la antigua economía agraria, con sus propietarios agricultores, siervos y señores feudales, quedo atrás en la historia. El nacionalismo fue una de las parteras de la modernidad industrializada.

Un Estado nación moderno tiene consecuencias benignas, menos benignas y malignas. Entre las benignas se encuentra el surgimiento de una población con un leguaje compartido, capaz de cooperar más fácilmente y de movilizarse más libremente entre las actividades económicas.

Además, el nuevo énfasis en una cultura compartida y en una identidad nacional condujo de manera bastante natural a las demandas de democracia: si todos eran miembros de pleno derecho de la comunidad nacional, seguramente todos también merecían tener voz y voto en su destino.

Y, como consecuencia de la combinación del nacionalismo con la democracia, surgió el Estado benefactor.

Esto último aseguro a las personas contra los riesgos creados por una dinámica económica del mercado, en la cual los medios de vida pudieran desaparecer de un día para otro. Pero, simultáneamente también fortaleció los lazos de identidad nacional.

Entre las consecuencias menos benignas se encuentra la oportunidad de captar rentas: cuán atractivo siempre ha parecido envolver la bandera alrededor de los propios intereses regionales. La mera codicia está en funcionamiento. Para la mayoría de los ciudadanos de los países de altos ingresos, su pasaporte es el activo más valioso que poseen. A muchos les disgusta compartirlo.

En término de “identidad” es natural,  precisamente porque un  pasaporte es una expresión de identidad. El control sobre la inmigración representa, por lo tanto, una inevitable consecuencia del Estado benefactor democrático.

Entre los resultados negativos del nacionalismo se halla el uso de la xenofobia como un camino hacia el poder. Mientras más diverjan los resultados económicos de un Estado nación, más fácilmente podrán los políticos cínicos persuadir a los ciudadanos ansiosos de que sus intereses están siendo sacrificados por los de  una élite “globalista” – es decir traicionera –los de sus asociados y funcionarios extranjeros. La opinión de que quienes piensan globalmente son traidores no es sorprendente. Es un resultado natural del sentimiento nacional.

Desde mediados del siglo XX, el nacionalismo se ha globalizado. En China, por primera vez en su historia, hay un Estado nación chino. No es de extrañarse, entonces, que no pueda lidiar adecuadamente con sus comunidades minoritarias. En sociedades altamente complejas, como la de India, la creación de una identidad nacional general es aún más difícil.

Hoy en día estamos presenciando el resurgimiento del nacionalismo maligno en el Occidente y, más significativamente, en EE.UU. Incluso tenemos el espectáculo de gente promoviendo un nacionalismo internacional.

 

El nacionalismo es, sin duda alguna, la fuerza política más poderosa de nuestra  era. En su forma benigna- llamémosla “patriotismo”, como alguna vez lo hiciera George Orwell- es la piedra angular de las entidades políticas más exitosas del mundo. En su forma maligna, sin embargo, es un enemigo de la paz y de la cooperación de la que depende nuestro futuro. Si no podemos contener sus aspectos malignos, es un poder destructor.

La proliferación de “hombres fuertes”, es una consecuencia. En América Latina es el caso de López Obrador en México y de Bolsonaro en Brasil.

 

En Turquía, Erdogan sigue, su eliminación de cualquier control a su poder; por no hablar de tantos otros que nunca estuvieron sujetos a dichos controles, como Putin o Xi Jinping.

El segundo fenómeno que se ha acentuado es la polarización política. Se ha roto el mito de que la mayoría de la población se ubica en el centro. Esto lo vemos también en todas partes. Thomas Friedman, el periodista del New York Times, dijo que en Estados Unidos el choque entre republicanos y demócratas recuerda al habitual entre chiítas y suníes, que la política americana está tan infectada de sectarismo como la de Oriente Próximo. Y en Europa se advierte un camino parecido.

Hoy se ha destapado con mayor fuerza que nunca el contraste entre la imagen ideal de la democracia y su realidad claramente deficitaria. La democracia ya no es capaz  de cumplir sus promesas, y esto conduciría a una creciente distancia frente a las instituciones y a los titulares del poder, las élites políticas y sociales.

 

Si esto es así, ¿cómo es posible que optemos por aquellos que están más alejados de la realización de dicho ideal democrático; es decir, por líderes populistas, cuando nos consta de sobra que su objetivo final es la erosión de los mecanismos de control del poder? Optar por una mayor realización de la promesa democrática eligiendo a los que la acabarán destruyendo es ciertamente irracional.

Pierre Rosanvallon dijo en una reciente entrevista a Le Monde, que el populismo “ocurre cuando los sentimientos de repulsión, y no los de adhesión, son los que dirigen la acción. Es la expresión de un hartazgo”. De otro lado, sería “la expresión de un mundo social en el que los miedos, los fantasmas, las expectativas tiene un papel esencial respecto a los intereses materiales”.


Link de la Fuente

Cargue Artículos Más Relacionados
Cargue Más Por Mundo Político
Cargue Más En Opinión
Comentarios cerrados

Mira además

Gerardo Zamora se reunió con comisionados municipales

Hoy 16:48 – El gobernador Gerardo Zamora mantuvo este lunes una reunión con comision…