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El presidente de Perú cambió seis ministros y rechazó la renuncia del jefe de gabinete

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Castillo renovó su gabinete. Foto Agencia Andina

En un intento por darle nuevo aire a su Gobierno, el presidente peruano Pedro Castillo cambió a seis de sus 20 ministros, incluido el de la estratégica cartera de Economía, en medio de la crisis política que compromete incluso su continuidad en la jefatura de Estado.

Kurt Burneo, doctor en Economía de ideas heterodoxas, de 61 años, tendrá la tarea de recuperar la confianza de los inversionistas y frenar la inflación, que en julio se ubicó en el 9,2% interanual y en lo que va de 2022 alcanza el 5,64 %, una cifra que no se daba en décadas y que afecta aún más a un Gobierno rodeado por la ofensiva de la oposición.

Castillo nombró además nuevos ministros de Relaciones Exteriores, Economía, Vivienda y Construcción, Trabajo, Transportes y Cultura.

Con la continuidad de Torres a quien la oposición de derecha califica de “desgastado” tras seis meses en el cargo, Castillo se ahorra la diligencia de buscar el voto de confianza para un nuevo Gabinete, que amenazaba con generar nuevos choques entre Ejecutivo y Legislativo.

Burneo, viceministro de Economía y ministro de Producción de Ollanta Humala (2011-206), había admitido públicamente que se le ofreció antes el puesto sin aceptarlo por discrepar con la conducción del país, pero asumió finalmente desafíos en los que sus antecesores, el socialista Pedro Francke y el liberal Óscar Graham, solo habían logrado éxitos parciales. Expertos como Eduardo Recoba estiman que, si bien la inflación tiene orígenes externos, como la guerra entre Rusia y Ucrania que disparó precios en insumos de la agricultura, al Gobierno le han faltado iniciativas para manejar la situación. El otro tema es la confianza de los inversionistas, afectada por la crisis permanente en un país en el que, desde el momento en que Castillo asumió el poder, hace un año, hay intentos de destituirlo por su supuesta incapacidad para el cargo. “La necesidad de que haya menos incertidumbre y más confianza pasa por dar señales claras de cuál va a ser la política económica por lo menos en el corto plazo, para poder lograr una taza de crecimiento más alta en relación al 2,2 % proyectado para este año”, dijo Burneo en sus primeras reacciones tras posesionarse anoche. Castillo también cambió, sorpresivamente y sin explicaciones, al ministro de Relaciones Exteriores, César Landa, destacado constitucionalista que, a diferencia de sus colegas, era visto con buenos ojos por la oposición. Landa, quien deja su lugar a Miguel Ángel Rodríguez, abogado experto en asuntos internacionales, había intentado sin éxito en su última gestión que el Congreso retrocediera en su decisión de no darle permiso a Castillo para ir este fin de semana a la asunción de Gustavo Petro como presidente en Colombia. Los cambios incluyeron un punzón al Congreso con el regreso al gabinete, como ministra de Cultura, de la parlamentaria Betssy Chávez, censurada (destituida) en mayo por el Legislativo como ministra de Trabajo por autorizar una huelga de operadores aéreos en plena Semana Santa. Chávez sucederá en Cultura a Alejandro Salas, quien pasa a Trabajo apenas cinco días después de que se viera obligado a renunciar a la militancia en Somos Perú, partido de centroderecha que le reprochó la forma vehemente en que defiende a Castillo en los medios. El experto en saneamiento César Paniagua es entretanto el nuevo ministro de Vivienda, mientras que quien era titular de ese despacho, Geiner Alvarado, pasará al Ministerio de Transporte, en cuyo seno se enquistó supuestamente una red de corrupción. Los cambios se produjeron después de la renuncia de Torres, que desató especulaciones que situaban a Chávez o Salas, entre otros, como potenciales nuevos jefes de gabinete. Torres, jurista de 79 años que ha tenido continuos choques con la oposición, dijo que renunciaba para regresar a la actividad académica, pero Castillo finalmente optó por renovarle la confianza a quien ha sido su cuarto jefe de gabinete. En un hecho sin precedentes, durante al año de gestión de Castillo han pasado por los 20 ministerios más de 60 titulares, lo que, según analistas críticos del mandatario, da fe de la precariedad del Gobierno y del errático accionar de Castillo para escoger a sus funcionarios. En el año, el Congreso convocó para interpelación a 25 ministros, sometió a siete a mociones de censura y censuró a cuatro. Las dos últimas cifras podrían ser considerablemente mayores si no fuera porque muchos funcionarios renunciaron o fueron relevados cuando ya parecía imposible evitar ser sacados por el Legislativo. Sumados los cinco años de gobiernos de Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Alan García y los mandatos parciales de Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino y Francisco Sagasti, los respectivos congresos interpelaron a 27 ministros y censuraron a cuatro, lo que muestra cómo se ha cercado a Castillo y su equipo. De los ministros actuales, solo los de Comercio, Roberto Sánchez, e Inclusión Social, Dina Boluarte -además vicepresidenta-, han permanecido todo el año. Alvarado y Torres -que antes fue ministro de Justicia- también han estado siempre en el gabinete, pero en diferentes funciones. Si el presidente hubiera aceptado la renuncia de Torres, todos los ministros habrían estado obligados a dimitir -aunque el presidente habría podido ratificar a los que quisiera- y el gabinete en pleno habría tenido que buscar en no más de un mes el voto de confianza del Congreso. Este último punto generaba especulaciones, porque algunos analistas consideraban que el Congreso difícilmente daría esa confianza, pero otros estimaban que no la negaría por miedo al cierre. Por Constitución, si un Parlamento niega dos mociones de confianza, el presidente queda facultado para cerrarlo. Tras la renuncia de Torres, Castillo convocó a los partidos para formar un gabinete “de ancha base”, pero no obtuvo respuestas. El mandatario tiene relaciones complicadas con todos los colectivos, incluido el que lo llevó al poder, Perú Libre, del que renunció. Para analistas y parlamentarios de oposición, la continuidad de Torres y el regreso de Chávez tras ser censurada son “provocaciones”. El parlamentario Edward Málaga, que impulsa la destitución de Castillo, afirmó que los cambios demuestran que el Gobierno es “insostenible”. El oficialismo aplaudió entretanto sobre todo la continuidad del jefe de gabinete y el ingreso de Burneo. Castillo enfrenta actualmente un incipiente tercer intento del Congreso por destituirlo y cinco investigaciones preliminares de la Fiscalía que eventualmente, según expertos, podrían llevar a que un juez lo suspenda de funciones.




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