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El programa ‘Star Wars’, una ocurrencia futurista de la administración Reagan que neutralizó la amenaza rusa

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«Esta noche lanzamos un esfuerzo que promete cambiar el curso de la historia de la humanidad. Habrá riesgos y los resultados llevarán tiempo, pero creo que podemos hacerlo. Al cruzar este umbral, les pido sus oraciones y su apoyo». Así finalizaba el discurso con el que Ronald Reagan presentó ante las cámaras de televisión de los Estados Unidos su «Guerra de las Galaxias».  

Corría el año 1983. Sólo habían pasado seis años desde que George Lucas estrenara la suya, su Star Wars, la película. El entonces presidente de EE UU -mal actor para las películas pero gran actor para la política- anunciaba su Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI). Era algo así como si de repente un montón de rayos láser bien lanzados fueran a acabar con los misiles de la Unión Soviética. Afortunadamente para el planeta todo quedó en un guion. Aunque esta historia ha vuelto a salir con la nueva escalada de amenazas nucleares y pruebas de misiles balísticos que ha provocado la guerra en Ucrania.

El senador Kennedy dijo que era «un temerario plan de ‘Guerra de las Galaxias'» y la prensa compró la ocurrencia y el apodo

Reagan presentó su SDI el 23 de marzo de 1983 desde el despacho oval. Las críticas fueron muchas en su propio país; de científicos y de políticos (de los demócratas, claro). Edward Kennedy, aquel prometedor senador por Massachusetts, dijo del proyecto que era «un temerario plan de ‘Guerra de las Galaxias'». La prensa compró la ocurrencia y la iniciativa de defensa contra los hipotéticos ataques soviéticos se quedó con el apodo de Proyecto Star Wars.

Imagen de televisión el día en que Reagan anunció su programa ‘Star Wars’.
CBS

«Estados Unidos no inicia guerras»

El objetivo de Reagan y su Pentágono era construir un sistema defensivo con armas espaciales capaz de prevenir un ataque nuclear sobre territorio norteamericano contra misiles balísticos con cabezas nucleares. La idea era hacer inútil cualquier desarrollo balístico de los rusos. O como dijo Reagan al presentarlo: «Nosotros nunca seremos agresores. Mantenemos nuestra fuerza para disuadir y defendernos de la agresión, para preservar la libertad y la paz».

El programa Star Wars prometía que en un hipotético conflicto nuclear, los misiles balísticos intercontinentales (ICBM, por Inter-Continental Ballistic Missile) de la URSS nunca llegarían a impactar sobre las ciudades de EE UU. Iba a ser una nueva era militar, bajo la consigna, repetida por Reagan aquel día de 1983, de que «Estados Unidos no inicia guerras».

«Nosotros nunca seremos agresores. Mantenemos nuestra fuerza para disuadir», dijo Reagan al presentarlo

Una célula específica del Departamento de Defensa de EE UU comenzó su trabajo en 1984. Fueron estudiados una amplia gama de conceptos avanzados de armas. Desde láseres a armas de haces de partículas, pasando por satélites, sensores, sistemas de misiles con base en tierra y en el espacio o  sistemas informáticos.

Ronald Reagan y Mihail Gorbachov, durante la Cumbre de Ginebra, en 1985.
Reagan y Gorbachov, durante la Cumbre de Ginebra, en 1985.
WIKIPEDIA/White House

La «película» requirió la participación de algunos de los mejores científicos en los campos de la física de las altas energías, computación y supercomputación o materiales avanzados, entre otros. Sin embargo, el guion estaba muy por encima de las posibilidades reales del Pentágono.

Guijarros explosivos y láseres de rayos X

Por ejemplo, los Brilliant Pebbles (literalmente, guijarros brillantes) eran una parte del sistema de defensa que iba a consistir en miles de pequeños misiles que se colocarían en órbita, de modo que siempre hubiera cientos de ellos sobre la Unión Soviética. De lanzar Moscú un misil, el buscador de infrarrojos de los pebbles detectaría su calor y chocaría con el mismo.

Sobre el papel, estos «obstáculos explosivos» se romperían contra el misil ruso antes de que éste pudiera liberar sus ojivas nucleares. Pero los cálculos no salieron. Para mantener en órbita esos miles de pebbles sobre el cielo soviético se necesitaban al menos 423 estaciones donde almacenar los artefactos. Eso, aclaró a los inventores la Fuerza Aérea estadounidense, requería una capacidad de elevación espacial que no tenían.

El Proyecto Excálibur, de rayos X contra misiles, era parte de la Iniciativa de Defensa Estratégica que Reagan presentó en 1983.
El Proyecto Excálibur, rayos X contra misiles.
WIKIPEDIA/Lawrence Livermore National Laboratory

O el Proyecto Excálibur, que pretendía desarrollar un láser de rayos X. Se trataba de un dispositivo nuclear que llevaría un gran número de dispositivos de rayos X de baja energía fotónica. Al detonarlo se dispararían haces de rayos X en diferentes direcciones para derribar los misiles de la URSS. En teoría, el sistema se desplegaría por encima de la atmósfera terrestre, de modo que los rayos podrían alcanzar misiles enemigos a miles de kilómetros de distancia.

Entre 1978 y 1988, que se sepa, el Pentágono llevó a cabo diez pruebas de láseres de rayos X impulsados por energía nuclear. La conclusión fue que el Proyecto Excálibur no podía hacerse realidad: estaba fuera del alcance de la tecnología existente. Oficialmente, su desarrollo fue abandonado en 1992.

Mejor vida tuvo el Láser Químico Avanzado de Medio Infrarrojo (MIRACL, suena como «milagro» en inglés), un láser de fluoruro de deuterio. En un simulacro en 1985, logró destruir un propulsor de misil Titán. Luego se probó, con relativo éxito, en drones que simulaban ser misiles de crucero.

El expresidente de EE UU Ronald Reagan, junto a su mujer Nancy, en una imagen de archivo de 1985.
Reagan, junto a su mujer Nancy, en una imagen de archivo de 1985.
GTRES

Con el tiempo el láser químico se pensó como arma antisatélite y su tecnología acabó sirviendo para desarrollar el Láser Táctico de Alta Energía (THEL) y el sistema de armamento Boeing YAL-1 Airborne Laser Testbed, un láser químico de oxígeno y yodo. De modo que puede decirse que el MIRACL sí resultó, con el tiempo, útil y factible.

Clinton para «el rodaje»

Cuatro años después de su presentación, la Sociedad Estadounidense de Física concluyó que las tecnologías de las que hablaba el guion del programa Star Wars estaban décadas por delante de estar listas para ser utilizadas. Hacían falta, dijeron, otros diez años para saber si aquel sistema de láseres limpios era posible.

Las tecnologías que proponía el programa ‘Star Wars’ estaban décadas por delante de estar listas para ser utilizadas

En 1993, el presidente Bill Clinton (un demócrata) da carpetazo al proyecto. En esos 10 años, desde que Reagan lo anunciara a bombo y platillo por televisión, el Pentágono había gastado más de 30.000 millones de dólares. Una película bien cara para no haber llegado a estrenarse.

Más allá de que el nuevo presidente no estuviera por la labor, de que el trabajo de militares y científicos no se hubiera concretado en exceso y de que el Star Wars hubiera supuesto un río de millones imposible de mantener en el tiempo, Clinton lo tuvo fácil. En 1993 la URSS se había disuelto y la Guerra Fría era un recuerdo.

El presidente de EE. UU., Bill Clinton, en pleno ataque de risa durante una rueda de prensa con Boris Yeltsin en Nueva York, el 23 de octubre de 1995. Clinton tuvo dificultades para parar de reír.
Bill Clinton, cuando recibió a Boris Yeltsin en octubre de 1995.
Rick Wilking / Reuters

La administración republicana de Reagan no consiguió desarrollar ese escenario futurista de láseres múltiples que mantenían EE UU a salvo, pero a cambio, según los analistas, logró otras cosas. De un lado, impresionar y presionar a la Unión Soviética para negociar una limitación armamentística.

Las consecuencias de una guerra de película

Los historiadores no se ponen de acuerdo en si es verdad que la Iniciativa de Defensa Estratégica de Reagan obligó a los rusos a aumentar su presupuesto de defensa y que ello dañó de manera letal a la economía soviética… lo que a su vez ayudó a la caída de la URSS.

Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre si la ‘Star Wars’ de Reagan ayudó mucho a la caída de la URSS

De otro, la Guerra de las Galaxias de Reagan contribuyó a potenciar la carrera armamentística y el negocio para el muy importante lobby norteamericano. De hecho, Carter, el anterior presidente, ya había iniciado un incremento armamentístico con la expansión del sistema anti-satélite.

Hoy, el programa sigue en marcha, pero de otra manera y con otro nombre. Tras haber gastado más de 139.000 millones de dólares, el Pentágono se lo atribuyó a la Agencia de Defensa de Misiles, ya no como Star Wars. Su misión ahora es distinta y se centra en preservar la defensa contra ataques balísticos de estados menores.


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