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El «progretudismo» como enfermedad infantil en el peronismo

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Argentina. 

*Por Ricardo Inti Alpert

La mezcolanza entre progresista y pelotudo generó al tipo político progretudo. Fanático de los derechos sin obligaciones. Acérrimo crítico de las 4ta y 5a verdades peronistas (Solo hay una clase de personas, las que trabajan / cada persona debe producir cada día lo que consume y un poco más). Seducido por la posibilidad de convertir conflictos y desafíos secundarios en principales porque eso lo hace sentirse «detallista». Y sobre todo, fanático de la idea de que la madre de todas las batallas es «la distribución», ya que es en general, es un ser inepto para la producción.

 

Y como el Peronismo intentó, en plena guerra fría, mostrar que en los países en desarrollo no hacía falta una revolución socialista que instalara una dictadura del proletariado para generar inclusión social plena; el tipo progretudo, deudo ideológico y moral de la caída del muro de Berlín, que en su fuero íntimo considera que esa «tercera posición» contribuyó con la derrota global del «socialismo real soviético / cubano», y lo odia.

 

El progretudismo no leyó, o no logra interpretar, el prólogo de Engels a «La miseria de la Filosofía o la filosofía de la miseria» escrito por Karl Marx, en donde se destaca que para el autor, el problema de la plusvalīa no era moral sino práctico. Y como el peronismo, muchos años, crisis, guerras y economistas después de KM creyó y pareció haber encontrado mejores respuestas prácticas que «el comunismo», para desatar los medios de producción cuando quedaron paralizados por las relaciones de producción (como él decía); y al problema práctico de la acumulación de plusvalía como generador estructural de exclusión social, encontró respuestas prácticas desarrolladas en otros países y algunas en la misma Argentina que no pasaban por el igualitarismo o el distribucionismo, sino el crecimiento sostenible, el progretudismo contribuyó a voltear al peronismo en el 55, en el 76 y a infiltrarlo ideológicamente hasta ponerlo de rodillas hoy en día, habiendo convertido mayoritariamente al peronismo «en flor de progretudo».

 

Escuchar que cientos de referentes justicialistas cantan loas al déficit fiscal estructural como necesidad imperiosa para la inclusión social, es la degradación cultural suprema de quienes deberían poner la producción como centro de su accionar político, garantizando un justo acceso a la riqueza producida, a partir de producirla.

 

De Marx, Keynes y Perón pueden tomarse aciertos y errores, pero no fueron tres simples idiotas que creyeron que se podía repartir lo que no se produjera. Ni chiquillos violentando sistemáticamente a su entorno como forma de ganar centralidad.

 

Así que, compañeros, dejen de asesorarse con la banda de salames que sostienen que imprimir valecitos para dividir cada día la riqueza en más partes es lo mismo que crear valor. Hay que TRABAJAR. Hay que darle a cada familia y comunidad condiciones de financiamiento de su propia capacidad de crear riqueza estructural. Hay que entender que las 12 millones de familias que somos los argentinos, deben liderar sus propios destinos y que el rol del estado no es reemplazar la capacidad de las personas sino potenciarla y limitarla en los casos nocivos. Garantizando trabajo, seguridad, justicia y educación, pero sin meterse en la cama de las personas, las mesas de las familias y menos que menos en las organizaciones libres del pueblo, que cuando se les mete el estado adentro, dejan de ser libres.

 

No puede ser que tengamos 50.000 millones de Pesos supuestamente recaudados para urbanizar barrios informales y en lugar de prestárselos a las familias a tasas bajas pero reales y que hagan lo que quieran ellas, seamos tan inútiles que queramos convertir ese recurso en «obra pública», que en un contexto de alta inflación es el más ineficaz de las formas de administrarla. Y por lo tanto esos recursos se coloquen en Plazo Fijo o Bonos del Tesoro en un alarde de esterilidad imperdonable de supuestos dirigentes; populistoides de 4ta. (los depósitos del sector público en los bancos crecieron el último año el 57,5%).

 

No necesitamos algunos cientos de obras públicas financiadas con déficit fiscal, sino desatar el potencial de millones de familias que realizando cada una una obra particular a crédito, pongan en marcha al país; en un marco de solvencia y no de crisis del estado. Y para eso entre otras cosas hay que darle a los 4.600 barrios informales el carácter de formales, entregando a cada familia su escritura digital, su certificado digital de catastro y su cronograma de aportes para pagar ese suelo si es que tiene un dueño y urbanizarlo al costo como corresponde.

 

No puede ser que por la fijación infantilizante de que el estado debe regalar dinero en lugar de facilitar crédito, hayamos impreso tanta guita, que hoy hay que imprimir $4.000 millones diarios más, solo para que ese excedente de dinero demencial, que representa casi lo mismo que lo que le debemos al FMI, no haga explotar el precio del Dólar. Y entonces agreguemos ese equivalente a casi 1.000 viviendas diarias de combustible estanflacionario. (Hoy el 49,1% de los depósitos totales los consume el BCRA en forma de PASES Y LELIQ)

 

Tenemos un déficit de al menos un millón de nuevas viviendas y los municipios «populares» están «en contra del desarrollo inmobiliario» en lugar de tomar el rol de «master desarrolladores» y poner a todos quienes tengan capacidad de producir buenas ciudades, barrios, viviendas, servicios. infraestructuras, a hacerlo inmediatamente.

 

De tan idiotas que estamos, convertimos al ahorro nacional, que deberīa ser un insumo para producir, en un problema. Hicimos del BCRA un mamarracho que acopia la capacidad prestable de los bancos y pone un piso de tasa de interés superior al 40% anual que paga imprimiendo «platita», haciendo imposible cualquier tipo de funcionamiento sostenible de la productividad natural de personas, empresas y comunidades.

 

Un trabajador que cobre $65.000 mensuales, recibirá en los próximos 10 años $8.580.000 y si recibiera un crédito por el 25% de esa cifra, podría construir o desarrollarse por $2.145.000.

 

El peronismo debe resolver su crisis progretuda si la asume como enfermedad infantil y superarla y ojalá los referentes que se están haciendo cargo de la oportunidad de revisa el rumbo lo hagan para bien. Si se resuelve la enfermedad infantil, será notable. Pero si en realidad es una crisis de senilidad, debe morir y dar lugar a algo nuevo.

 

*Emprendedor social y experto en financiamiento de desarrollo urbano y emprendimientos productivos. Trabaja como Coordinador General en Consultora Tecnopolítica.


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