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el retiro del embajador nicaragüense

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Nicaragua ordenó retirar de manera inmediata a su embajador en Argentina ante la llegada de un nuevo gobierno, aduciendo que la decisión se debe a las “reiteradas declaraciones y expresiones de los nuevos gobernantes”. Sin embargo, la partida del diplomático nicaragüense se da luego de que el gobierno del presidente Ortega felicitara al presidente electo tras su victoria en las urnas.

Las relaciones diplomáticas, como cualquier otra relación, dependen del impulso que las partes quieran darle y, como en cualquier relación, pueden producirse cortocircuitos.

Cuando se produce una crisis diplomática entre dos Estados, podemos leer titulares que hablan de decisiones como “llamar a consultas a embajadores” o “convocar a embajadores” (dos modos disimiles que no deben ser confundidos).

A diferencia de lo que ocurre con el establecimiento de relaciones diplomáticas, la retirada de un jefe de misión constituye un acto de competencia discrecional que puede producirse a través de una decisión unilateral de un Estado.

Se trata de un resorte que busca evitar una situación extrema y de mayor gravedad, como lo sería la ruptura de las relaciones diplomáticas. En casos de disputa, es común que el Estado acreditante retire al jefe de misión como señal de descontento, al tiempo que permite a la embajada operar de manera más o menos regular a cargo de un encargado de negocios a.i., con facultades limitadas.

En el caso que comentamos, la decisión adoptada por el gobierno de Ortega responde a declaraciones formuladas por el presidente electo, referidas a la situación de derechos humanos en Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Esas manifestaciones no hacen más que reiterar la tradicional posición de la República Argentina sobre la promoción y protección de los derechos humanos, que ha sido un eje de la política exterior argentina desde la recuperación de la democracia 40 años atrás.

La Argentina ha utilizado los derechos humanos como una herramienta de poder blando, que le permitió mejorar su imagen en el plano internacional, otorgándole mayor legitimidad y coadyuvando a la creación de regímenes e instituciones, que redundan en un mejor posicionamiento internacional del país.

A la vez, no puede dejar de señalarse que se ha generado una brecha entre una retórica idealista, que defiende la promoción y protección de los derechos humanos, y una postura pragmática, que, al procurar obtener ventajas comparativas en otras áreas, como comercio, energía o inversiones, relega en ocasiones los derechos humanos a un plano secundario.

La retirada del embajador nicaragüense, dado su carácter intrínsecamente transitorio, da lugar a pensar que el vínculo entre la Argentina y Nicaragua podría volver a su nivel habitual con prontitud. Hacemos votos para que las relaciones diplomáticas entre ambos Estados logren reencausarse en un futuro cercano.

Ricardo Arredondo es profesor de Derecho Internacional Público, Universidad de Buenos Aires.


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