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el senador demócrata que se vistió de clase trabajadora y ganó en Pensilvania

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Mide dos metros y diez centímetros, tiene los brazos tatuados y siempre viste una sudadera negra: una imagen de ‘clase trabajadora’ que le proporcionó un escaño en el Senado estadounidense y que algunos ven como la clave para recuperar el voto blanco rural para el Partido Demócrata.

El candidato progresista para la Cámara Alta por el estado de Pensilvania, John Fetterman, fue confirmado vencedor la madrugada de este miércoles en su pugna con el republicano Mehmet Oz, que recibió el apoyo expreso del expresidente Donald Trump pese a las objeciones de algunos de sus asesores.

El político, de 53 años y que el pasado mayo sufrió un derrame que le dejó secuelas, ha tenido que enfrentarse a todo tipo de adversidades para alzarse con la victoria en las elecciones de medio mandato celebradas este martes en Estados Unidos. Con un 94% de los votos escrutados, Fetterman recibió el apoyo de un 50,4% del electorado, frente al 47,2% de su oponente.

El candidato del derrame

Su campaña en los últimos meses había tenido que lidiar con el hecho ineludible de su derrame, que fue aprovechado por los conservadores para lanzar dudas sobre su capacidad para ejercer el cargo.

De hecho, el propio presidente Biden llegó a bromear durante un reciente mitin en Pensilvania con que la esposa de Fetterman, Gisele, sería «una gran mujer en el Senado», y muchos medios y analistas conservadores han especulado con que es ella la verdadera artífice de la campaña del demócrata.

De hecho, Giselle Fetterman tuvo que dar el discurso de aceptación de la victoria de su marido en las primarias demócratas mientras él se recuperaba en el hospital, lo que acrecentó los rumores.

Aunque su médico ha asegurado que el ya senador electo va camino de una recuperación completa, su reciente aparición en un debate frente a Oz donde se notaban claramente sus dificultades para hablar no ha ayudado a despejar las dudas.

El candidato ‘proasesinos’

Fetterman también fue objeto de críticas constantes por parte de la campaña de Oz, que le acusa de querer liberar a todos los asesinos de la cárcel por su oposición a la pena obligatoria de cadena perpetua sin posibilidad de fianza para los condenados por asesinato en segundo grado -cuando la muerte no es premeditada- que existe en Pensilvania.

El candidato demócrata tuvo que enfrentarse también a los líderes de su propio partido, pues muchos no querían que un aspirante partidario de la sanidad universal, la subida del salario mínimo, la legalización de la marihuana y la reforma del sistema penal ganara las primarias de la formación para el Senado en mayo.

Sin embargo, el político venció entonces y también la noche del martes al miércoles, encumbrado en parte por los votantes de un estado que tradicionalmente apoya a candidatos alejados del aparato de los partidos.

Una de las claves de la victoria de Fetterman radica en la simpatía que despierta en los votantes blancos de clase trabajadora, el grupo demográfico que más se le resiste a los demócratas después de que Trump arrasara en las elecciones presidenciales de 2016 y cambiara definitivamente la cara del Partido Republicano.

El candidato de la clase trabajadora

Fetterman se hizo un nombre como alcalde de un pueblo deprimido del oeste de Pensilvania muy castigado por el colapso de la industria del acero y que el progresista trató de revitalizar con varias iniciativas artísticas y comunitarias. Además, su estilo rudo y sin florituras aprovecha ese tirón entre la clase trabajadora que lo ve como ‘uno de los suyos’.

Sin embargo, no faltan quienes piensan, también entre los demócratas, que el político se aprovecha demasiado de su apariencia para apelar a los votantes trabajadores, ya que, de hecho, estudió en la Universidad de Harvard, algo que no es accesible para la mayoría de sus electores.

El propio Fetterman ha sabido manejarse bien entre la imagen y la política, cambiando de opinión en asuntos como el fracking -que ahora apoya aunque antes criticaba-, según la dirección de las encuestas.

De cualquier manera, algunos analistas creen que el estilo de Fetterman será clave para recuperar a algunos de esos votantes que solían ser la base del Partido Demócrata y que se vieron atraídos hacia el discurso anti-establishment de Trump. Queda ahora por ver si se pondrá corbata o no para ir al Capitolio a partir de enero.


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